En kioscos: Abril 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

La blitzkrieg del presidente Kast: la ofensiva permanente contra el consenso. Por Cristian De la Rosa

En tan solo dos semanas, el gobierno del presidente Kast ha impuesto un ritmo político acelerado, marcado por decisiones rápidas y simultáneas. Comenzando con la revisión de más de cincuenta decretos que se encontraban en Contraloría desde la administración anterior, continuando con el anuncio de un 3% de recorte presupuestario en todos los ministerios, la insinuación de redefinición de los criterios de acceso a la gratuidad universitaria y la reducción de recursos para becas de posgrado en el extranjero, la pausa del proceso de reconstrucción de zonas afectadas por incendios en Viña del Mar y de obras de construcción del eje Nueva Alameda-Providencia en Santiago, hasta el retiro del respaldo del Estado de Chile a la candidatura de la expresidenta Bachelet para dirigir la ONU y la restricción del uso del MEPCO, lo cual culminó con el alza más grande de los precios de los combustibles en el país, son ejemplo de ello.

Más allá de la naturaleza específica de cada medida, lo relevante está en la simultaneidad y velocidad que configura un patrón de acción que se orienta a saturar el espacio público más que jerarquizar prioridades. De este modo, la acumulación de decisiones y su performance terminan por copar la agenda política en un lapso breve, dificultando la deliberación y forzando respuestas fragmentadas desde la oposición y hasta del mismo oficialismo.

Esto permite inferir que de momento la política de gobierno se organiza, ante todo, en torno al tiempo. Y este no se refiere a un tiempo de deliberación, de búsqueda de acuerdo o del conflicto como tal, sino sobre aquel tiempo sorpresivo. El actual gobierno no parece orientado a convencer, sino a adelantarse, y no trata sobre una agenda extensa en contenido, sino intensa en ritmo, convirtiendo la velocidad en un recurso estratégico: aquello que no alcanza a ser discutido, tampoco llega a consolidarse como objeción.

Así, la agenda política se ha convertido en el territorio de ocupación mediante copamiento. No se trata de generar un debate y ganarlo, sino de impedir que llegue a ser formado. Cada propuesta, medida o declaración no busca cerrar una discusión, sino abrir inmediatamente otra, sin dar tiempo de reacción al adversario político, y así, cuando se obtenga una reacción, el escenario político ya ha cambiado.

El recurso estratégico no ha sido menor. Hoy, la oposición no da luces de articulación, sino desorientación, sin lograr espacios de agrupación y construcción de un relato. El gobierno del presidente Kast ha sido perspicaz en redefinir el campo político, recordando que este escenario no se decide únicamente por la fuerza del argumento, sino por la capacidad de hacer visibles ciertos conflictos y ocultar otros mediante el copamiento.

Esta dinámica tiene un evidente costo democrático y su consecuencia es la superficialidad del debate. Cuando las decisiones se suceden a la velocidad de una guerra relámpago, el espacio público pierde profundidad y la desorientación se vuelve en un rasgo compartido tanto por oficialismo como por oposición. Si la política ya enfrenta determinado nivel de desprestigio, este ritmo solo amenaza con intensificarlo por cuanto el desgaste produce indiferencia y fatiga cívica que decanta en anomia ciudadana.

No hay que olvidar que, en política, como en toda confrontación estratégica, la velocidad puede decidir una etapa, pero rara vez construye una legitimidad duradera. Gobernar no consiste en copar la agenda política, sino en sostenerla en el tiempo, y para ello, tarde o temprano, deberán desacelerar para mantener el equilibrio político, no siendo interrumpida por aceleraciones bruscas que busquen reconfigurar el sistema.

Cristian De la Rosa
Administrador Público
Licenciado en Ciencias Políticas

Compartir este artículo