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La breve existencia de un rebelde poeta. Por Mario Vega

“La juventud, lo que se quiere, ha de irse con nosotros ¡Miserere!
La belleza del mundo y lo que fuere, morirá en el futuro ¡Miserere!”[1].

 

A fines de septiembre de 1920, la noticia sobre el fallecimiento de José Domingo Gómez Rojas, irrumpió sobre Santiago como un desolador halo que volcó el recuerdo hacia quien fuera uno de los mayores exponentes del compromiso hacia la creación intelectual y la adhesión hacia las causas sociales de su tiempo, un joven estudiante y poeta cuya figura y legado merecen ser hoy ser nuevamente recuperados.

Hijo de una familia obrera que habitó en los antiguos barrios de Yungay y de San Diego, su infancia estuvo ligada a las dificultades propias de esa condición más todavía, en las primeras décadas del siglo XX, cuando la oligarquía se resiste a renunciar a su condición hegemónica, manifestando su desdén hacia las problemáticas de fondo que afectan al país y ciega ante las demandas que emergen en los centros mineros, en los puertos y en las ciudades.

Tal fue el contexto en el que Gómez Rojas se abrió camino estudiando primero, en la Escuela Superior de Hombres N°9 y, luego las Humanidades, en el Liceo Luis Barros Borgoño. Tempranamente, se acercó a la expresión literaria hecho que lo llevó a publicar artículos en “El Heraldo”, un periódico vinculado al cristianismo protestante y luego, a los dieciséis años su primer poemario llamado “Rebeldías líricas” que será el único que editó en vida. Desde temprano, el joven poeta se vincula a los núcleos más activos del movimiento obrero, participando de charlas y actos públicos, incluso como orador, compartiendo tales preocupaciones con otros nóveles escritores de aquella época como José Santos González Vera, Manuel Rojas y el dramaturgo Antonio Acevedo Hernández.

Su breve existencia, fue la de un insumiso espíritu en permanente búsqueda de espacios que le permitieran volcar sus inquietudes creativas y estéticas vinculadas con el Modernismo, pero también políticas en medio de las adversidades que su época le impuso. Se inserta en la vida bohemia, un mundo de discusión crítica, en donde dialoga con sus pares que como él, se encuentran sensibilizados con los conflictos de su tiempo. Fue en ese tránsito, que participó de las asambleas de la Juventud Radical, al parecer guiado por sus convicciones sociales y anticlericales. Se trata de una generación impactada por la publicación de “Sinceridad: Chile íntimo” de Alejandro Venegas y el agudo análisis planteado por este en el Chile del primer Centenario de la República.      

Su ingreso a la Universidad de Chile para estudiar las carreras de Pedagogía en Castellano y Derecho, simultáneamente, le abrió un horizonte de intereses y de nuevas preocupaciones. Se inició en la docencia en el Liceo Nocturno Federico Hansen, el mismo en el que se desempeñaba un desconocido llamado Neftalí Reyes Basualto[2] por aquellos años. Participa en las actividades de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), promotora de iniciativas tan influyentes como la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN) e inicia su vinculación con organizaciones ácratas a través de la International Workers of the World (IWW). 

Fue su contemporáneo, Carlos Vicuña Fuentes, quién se aproximó a la figura de Gómez Rojas para legarnos la imagen del idealista poeta que: “era un jovencito pálido y delgado, pequeñito de cuerpo, de grandes ojos negros”[3]. Son años en que su vida: “continuaba extendiéndose por un mundo que era redentoramente místico como inmediatamente inmaterial. Un mundo de poesía y política”[4]. El tiempo hizo que esta última le mostrara su faceta más dramática durante aquel año 1920, cuando se inicia una inmisericorde represión hacia el movimiento estudiantil dado el cuestionamiento hecho por este sobre la retórica nacionalista que rodeaba las tratativas iniciadas por el gobierno para resolver la situación limítrofe derivada del Tratado de Ancón de 1883.

Fue en tales condiciones que el Presidente de la República, Juan Luis Sanfuentes ordena la movilización de algunas guarniciones militares, con el acuerdo del Congreso Nacional. En esta atmósfera, se denuncia a la FECH por ser exponente de un discurso antipatriota, produciéndose la destrucción de su sede de calle Ahumada N° 79, por parte de una turba de manifestantes partidarios del gobierno. Este agravio revistió tal repercusión que incluso desde España, se recibieron gestos de adhesión hacia los estudiantes: “Por encima del océano, tumba de tantas esperanzas y cuna de muchas más, les tiende una mano trémula y cálida. Miguel de Unamuno”[5].  

Este incidente fue el inicio de acciones de persecución en contra de representantes y líderes de la organización universitaria, por ser considerados un peligro para la sociedad, que terminará con su privación de libertad tras el allanamiento de su hogar el 25 de julio. Este hecho marcó el inicio de dramáticas tribulaciones como su encarcelamiento, la tortura y, finalmente, su encierro en la Casa de Orates de Santiago como resultado, al parecer, de la meningitis que lo afectaba.

Aquellos meses de reclusión en la Cárcel Pública y luego en la Penitenciaría, implicaron el reconocimiento de un ambiente de total degradación, distante de toda posibilidad de rehabilitación para los internos. Gómez Rojas, puedo escribir poemas y con frecuencia: “recibía visitas de su madre y de otros escritores”[6] según informa la revista Claridad, así como dictaba cursos de gramática para sus compañeros.   

En una edición de la Federación de Estudiantes, se relatan las dificultades que el poeta experimentó en sus últimos días, así: “Su excesiva faena intelectual, las humillaciones de la Cárcel, los golpes, los baños nocturnos, la incertidumbre por los suyos, el silencio, le precipitan a la locura, y el 29 de Septiembre, antes, del medio día, muere desgarradoramente”[7]. Su multitudinario funeral, el primer día de octubre de aquel año, y la vehemencia de los oradores removieron el recuerdo sobre la breve, pero intensa búsqueda que marcó la existencia de un rebelde poeta.  


[1] José Domingo Gómez Rojas “Miserere” en “Rebeldías Líricas”, 1913.

[2] Plath, O. (1939). Itinerario sin rumbo del poeta Pablo Neruda en Linares Año VII, 01 de julio. Disponible en: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/articles-122525_recurso_3.pdf

[3] Vicuña F., C. (2002). La tiranía en Chile, Lom Ediciones, Santiago, p.85.

[4] Craib, R. (2017). Santiago subversivo 1920. Anarquistas, universitarios y la muerte de José Domingo Gómez Rojas, Lom Ediciones, Santiago. p.203. 

[5] Vitale, L. (2011). Interpretación marxista de la historia de Chile, Vol. III. Lom Ediciones, Santiago, p. 149.

[6] Craib, R. Op. cit. p. 211.

[7] Federación de Estudiantes (1939).Popularización de Gómez Rojas, Ediciones de la Revista Universitaria, Santiago.

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