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La Convención avanza, para el pesar de las élites metropolitanas. Por Jenniffer Mella Escobar Convencional Constituyente

La instalación de la Convención Constitucional no ha sido fácil en los 30 días que lleva en funcionamiento. En este primer momento en la opinión pública, principalmente a través de la visión de analistas y expertos constitucionalistas, se comenzó a tratar de acotar la actividad de la asamblea al cumplimiento subordinado del pauteo de los poderes constituidos. Ante esto y en los hechos, nos hemos ido rebelando paso a paso, partiendo por la petición de hacer su Ceremonia Inicial sin la presencia de autoridades de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. La sobria actuación de la funcionaria pública Carmen Gloria Valladares, en el estricto desarrollo procedimental de las actividades rituales del evento, fue notoriamente agradecido por la concurrencia y por una ciudadanía acostumbrada a los desaguisados y excesos del jefe de Estado.

En ese mismo evento, fuimos entendiendo un poco más la importancia de la tarea encomendada y los esfuerzos que desplegarían las élites en todas sus formas para dilatar sus resultados, en vista de que el proceso tiene plazos muy acotados. En ese escenario convulso, las palabras de la lamngen Presidenta Elisa Loncon develaron que un nuevo tiempo comenzaba en la política chilena, donde hablan con voz propia mujeres, disidencias, indígenas del norte, centro, sur, cordilleras, valles, desiertos, islas, archipiélagos, de regiones y comunidades. En síntesis los y las pueblas de este paisaje y sus voces han devenido en praxis constituyente, expresada en nuevas formas de distribuir el uso de las intervenciones, la relevancia de la participación comunitaria y ciudadana, la transparencia con que ejecutamos nuestras actuaciones y la transmisión de las sesiones en tiempo real; es decir una convención de cara al pueblo.

Pese a esto, los analistas no han callado y siguen emplazando a la Mesa por el cumplimiento de los plazos y la demora en la discusión de los contenidos normativos del futuro texto. Acostumbrados a adaptar sus subjetividades a los marcos tradicionales, quieren imponernos ritmos, moldes y tópicos por discutir cuando apenas estamos en la etapa del diseño orgánico para asegurar un adecuado flujo de la discusión y los acuerdos para poder hacer realidad no solo aquellos compromisos que tomamos en representación de los territorios que nos han elegido, sino además garantizar una intensa participación popular y ciudadana que nos nutra con perspectivas muy diferentes a las que los poderes constituidos acostumbran a discutir.

Entre los temas por los que claman las editoriales del pensamiento único está la atenuación de excesivo protagonismo del Ejecutivo, un incremento del poder de las regiones y una necesaria descentralización de las entidades regionales y comunales en beneficio del poder local, que ha sido el principal impulsor de las movilizaciones sociales que estallaron desde octubre de 2019, lo que muestra una contradicción bastante interesante. Pero no seremos ingenuas, porque sabemos que esas son las temáticas áridas y tecnocráticas que posibilitan el despliegue de la estrategia de filibusterismo para agotar los tiempos de la Convención. Tenemos la convicción de que los cambios en ese marco institucional serán de la más intensa profundidad porque pondrán fin a la hegemonía social que detenta Santiago sobre todo el territorio y brotarán las voces y las vidas de todas las comunidades para construir un nuevo país, que se parecerá mucho más a esta asamblea paritaria: plurinacional, plurilingüe, democrática, popular, no excluyente y convocante de todes, dejando atrás no solo 30 sino más de 500 años de violencias y exclusiones.

JENIFFER MELLA ESCOBAR, Convencional Constituyente, Distrito 5 Coquimbo

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