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La distopía constitucional en Chile. Por Andrés Kogan Valderrama

A solo semanas de que el Consejo Constitucional entregue el borrador escrito a la Comisión Experta, el próximo 7 de octubre, la posibilidad de tener una nueva carta magna que esté a la altura del momento histórico del país y se haga cargo de las problemáticas más importantes y del malestar de la sociedad, se ve muy poco probable y poco esperanzador.

Esto a propósito de las distintas enmiendas presentadas por los constituyentes del Partido Republicano, las cuales contienen lo peor de un integrismo ideológico de ultraderecha, que quiere una nueva carta magna más extrema incluso que la constitución de Pinochet de 1980, aún vigente, y que dado este escenario pareciera que seguiremos con ella por un tiempo más.

Lo señalo ya que la única forma de generar las condiciones políticas para que se vote a favor de una nueva propuesta constitucional, es que el Partido Republicano ceda en su fanatismo ideológico y no le haga mayores modificaciones a lo escrito por la Comisión Experta, la cual no será la constitución que soñamos, pero es más democrática y mejor que la actual que tenemos.

Lamentablemente, el Partido Republicano no está dando su brazo a torcer y ha optado por el camino identitario e intransigente, replicando lo hecho por otras ultraderechas en el mundo, ya que de ese modo se diferencia de la derecha tradicional y les permite mostrarse por fuera de la institucionalidad y como algo supuestamente distinto.

No obstante, el problema para el Partido Republicano de Chile, es que esto no es una elección presidencial, como pasó en países como Italia, Estados Unidos, Brasil y posiblemente en Argentina con Milei, ya que no se puede liderar un proceso constituyente del cual estuvieron en contra desde siempre, llegando incluso a plantear ideas conspirativas sobre la revuelta social del 2019, de que fue algo planeado desde la izquierda en el país.

Por lo mismo, no están interesados en lo más mínimo en escribir una propuesta constitucional que sea a partir del diálogo y de acuerdos transversales, reproduciendo muchas de las malas prácticas de algunos de la ex Convención Constitucional, en donde se cayó varias veces en un triunfalismo exacerbado, completamente encerrado en sí mismo y desconectado de la sociedad chilena.

Dicho esto, revisando lo que se ha aprobado y rechazado hasta al momento de parte del Consejo Constitucional, vamos directo a una distopía constitucional que seguramente se le votará en contra en diciembre, quedando en evidencia lo dogmático y fanático de un sector del país que busca polarizar y generar divisiones entre chilenos y chilenas.

En consecuencia, se han aprobado en las distintas comisiones del Consejo Constitucional, aberraciones como la prohibición de asociaciones contrarias a la moral, la eximición del pago de contribuciones de congregaciones religiosas y particulares, el rodeo como deporte nacional, la protección de la vida que está por nacer, el paso de la cárcel a arresto domiciliario a ex uniformados violadores a los derechos humanos, el aumento de la edad para ser candidato a presidente y concesionar a privados cualquier tipo de bien.

Del mismo modo, se ha rechazado en las distintas comisiones aspectos fundamentales en estos tiempos, como la paridad entre hombres y mujeres, derechos a animales no humanos, el reconocimiento del cambio climático, que todo ser humano es persona, negando así principios básicos, integrales y transversales, al caer en una especie de electoralismo constitucional, como si fuera un programa de gobierno del Partido Republicano.

Como se puede ver, la ultraderecha no está dispuesta a transar nada, con tal de mantener su identidad pura y diferenciarse así de la derecha tradicional, pasándole la máquina encima al resto, asumiendo el costo por supuesto, ya que los dejará para la próxima elección presidencial no tan fuertes quizás, al quedar en evidencia lo intransigente que fueron en el Consejo Constitucional y su incapacidad de liderar un proceso, mostrando una ingobernabilidad en su actuar frente a las grandes mayorías.

Ante esto, si algo bueno tiene este nuevo proceso constituyente, es la posibilidad de desprestigio de la ultraderecha y que muchos sectores que la han votado vean lo que realmente son, ya que esperar algo positivo de la propuesta constitucional que se plebiscitará a fin de año, se vuelve muy improbable, al no aprender nada del proceso constitucional anterior.

Es cierto, seguramente la Comisión Experta mejorará el mamarracho constitucional de ultraderecha, pero la población ya vio lo viciado de este nuevo proceso, ya que en vez de ser algo sobrio, ordenado y que uniera a los chilenos y chilenas, terminó por ser acaparado por un sector en particular extremo que poco y nada le interesa el futuro del país, sino seguir con una agenda particular y fanática de carácter economicista y religiosa, que nos hará cerrar de la peor forma posible el proceso democrático más importante que ha tenido Chile en su historia.

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