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La feminización de la pobreza y su impacto en la baja de natalidad: un ciclo vicioso. Por Andrea Sato y Gonzalo Durán

El fenómeno conocido como "feminización de la pobreza" ha emergido como un tema crucial para el ámbito social desde la década de 1970, revelando de manera contundente cómo las mujeres y las niñas son desproporcionadamente afectadas por las condiciones de pobreza en el mundo y la región. Esta problemática se manifiesta con mayor intensidad en el contexto de los hogares monomarentales, donde las jefas de familia enfrentan un conjunto complejo de barreras que limitan no solo su autonomía económica, sino también su capacidad de participar plenamente en la vida social. La pobreza no solo repercute en la calidad de vida de estas mujeres, sino que también tiene implicaciones en sus hijos/as y en la tasa de natalidad en Chile, ambos aspectos requieren un análisis profundo y matizado.

Un círculo vicioso

La pobreza, en su expresión más severa, se presenta como un ciclo vicioso que se torna difícil de romper. Las mujeres que se encuentran atrapadas en situaciones de pobreza no solo carecen de recursos financieros, sino que también enfrentan obstáculos significativos para acceder a educación, atención médica, y sistemas de justicia. Según los resultados más recientes de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (1), aunque se han observado avances en varios indicadores con una nueva metodología más exigente, tales como la reducción de la pobreza por ingresos del 21% al 17% y la disminución de la pobreza extrema al 7% desde el 9%, la realidad para muchas mujeres sigue siendo alarmante. A pesar de estas mejoras, la pobreza infantil en niños de 0 a 3 años se sitúa en un preocupante 26%, muchas de estas infancias tienen madres que son parte del 17% de las mujeres que están empobrecidas (2).

La brecha de género se erige como una de las principales causas subyacentes de la feminización de la pobreza. A pesar de los avances en la reducción de la pobreza total, las mujeres continúan estando sobrerrepresentadas en los hogares que dependen de subsidios, lo que sugiere una mayor vulnerabilidad en comparación con sus contrapartes masculinas. En el contexto de los hogares monoparentales, la tasa de pobreza oficial alcanza un alarmante 28%, cifra que se eleva a un asombroso 35% cuando se consideran solo los ingresos autónomos (3). En el caso de las jefas de hogar, la medida oficial revela un 30%, que asciende a un 38% si se toman en cuenta los ingresos autónomos (4). Estas estadísticas evidencian que las mujeres tienen un acceso limitado a recursos y que en los hogares monomarentales la pobreza es mucho más cruda. No son solo las mujeres quienes están más empobrecidas, también son sus hijas e hijos.

La realidad de la baja natalidad

El debate en torno a la baja natalidad en Chile ha cobrado relevancia en los últimos años; sin embargo, a menudo se omite una pregunta fundamental: ¿cuáles son las condiciones materiales necesarias para formar una familia en la actualidad? Las cifras indican que la mitad de los trabajadores y trabajadoras en los primeros cuatro deciles de ingresos más bajos percibe $400.000 o menos al mes (5), mientras que el costo mensual promedio de criar un hijo en Chile se estima en $595.000 (6). Esta disparidad económica hace evidente que muchas familias trabajadoras no pueden permitirse el “lujo” de ampliar el hogar. Para estas familias, el desafío no radica únicamente en decidir tener hijos o hijas, sino en la necesidad apremiante de garantizarles condiciones de vida dignas y oportunidades adecuadas para su desarrollo.

La feminización de la pobreza no es un mero tema de justicia social, sino que se presenta como una cuestión crucial para el desarrollo sostenible y el futuro demográfico del país. Es imperativo que las políticas públicas se orienten a eliminar las barreras que enfrentan las mujeres y a garantizar su acceso a educación, empleo y recursos básicos. Es importante poder contrarrestar el ciclo de pobreza que perpetúa la desigualdad de género y fomentar un entorno en el que la natalidad no sea un lujo, sino una opción viable y realista para todas las familias y mujeres que así lo elijan.

Andrea Sato, investigadora de Fundación SOL Gonzalo Durán, académico Universidad de Chile, investigador Fundación SOL

1) CASEN 2024, presentación de resultados, enero de 2026. Disponible en línea.

2), (3), (4), (5) Cálculos propios usando la base de datos de la CASEN 2024.

6) Estudio MinMujer y Unicef: Cerca de $595 mil mensuales cuesta mantener la crianza en Chile. Disponible en MinMujer.


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