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La formación de profesores para el reconocimiento y cuidado de la democracia. Por Karin Manríquez Sánchez

“Verán, muchachos, todos piensan que quieren libertad, pero lo que realmente quieren es orden. Y cuando se den cuenta de eso, nos recibirán de vuelta con los brazos abiertos.” Con estas palabras, Valin Hess, general de las fuerzas imperiales, en la serie “The Mandalorian”, de la saga de “La Guerra de las Galaxias, convencía a dos de sus supuestos soldados que el Imperio finalmente se impondría y la Nueva República sería derrotada.

Similar alerta es posible visualizar entre los resultados de última encuesta del Centro de Estudios Públicos, que llamó la atención a algunos no sólo por el alza o descenso en la aprobación de distintos políticos, sino que también porque un 49% de los encuestados dijo preferir la democracia a cualquier otra forma de gobierno. Una caída notable considerando que en agosto de 2021 esa cifra era del 61%. Por otro lado, aumentó en un 6% (del 13% al 19%) la opción “En algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático”. Más preocupante es aún, que un cuarto de los encuestados respondió que “A la gente como uno, le da lo mismo un régimen democrático que uno autoritario”.

Otros resultados más reveladores, señalan también cuánta presencia tiene la política -o, mejor dicho, no tiene- en la vida diaria de las personas. Un abrumador 72% nunca escucha programas sobre temas políticos en la radio, un 62% nunca lo hace en redes sociales” y un 53% tampoco en televisión. Un 51% no “Conversa con amigos sobre política”, y un 44% jamás tampoco lo hace con su familia.

En concordancia con esta apatía por los temas y partidos políticos, tampoco les va bien en esta evaluación, logran sólo un 4% de confianza de parte de los encuestados y ocupando así el último lugar en una lista de dieciocho instituciones que es encabezada por las universidades que ostentan un 55% de confianza.

Esta última, sí es una buena noticia y que claramente interpela a sus autoridades y académicos. La formación de un “ser humano integral” como eje central de la enseñanza, debe relevar más allá del discurso el formar sujetos políticos, buenos ciudadanos (como se hacía -aunque con bastante discriminación- en el siglo XIX). Eso significa personas interesadas en la política en su sentido más amplio, la preocupación por participar los asuntos públicos del país y del mundo. En este ámbito, se registran avances, como la creación del Plan de Formación Ciudadana para todos los colegios del país en 2016 y de la asignatura de Educación Ciudadana, puesta en marcha en 2020.

Sin embargo, esta responsabilidad no puede sólo recaer en las escuelas (que, además, están haciendo una labor titánica de recuperación después de dos años de virtualidad), son los formadores de profesores los que están llamados a entregar no sólo el conocimiento concreto de temas ciudadanos y cívicos, sino que también deben transmitir el valor por la democracia y su cuidado, la importancia de vivir en comunidad, ,la participación de todos nosotros en la toma de decisiones y mantener viva la memoria del dolor y daño que causa perderla. En esta o en otra galaxia, no nos puede ser indiferente vivir bajo las reglas del Imperio o la Nueva República..

Karin Manríquez Sánchez
Académica Pedagogía en Historia y Geografía
UCSH

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