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La franja electoral o cine en su casa. Por Carmen Gloria Garrido y René Valdés

Todos los días los canales de televisión en cadena nacional emiten la franja del Plebiscito Constitucional a través de la representación de los partidos políticos, según lo establece la actual Constitución. En sus casas las personas se acomodan, por lo general a la misma hora y en el mismo lugar, a ver las escenas de una película de terror. La película se llama franja electoral y tiene como propósito informar a la ciudadanía respecto a la propuesta de nueva constitución, pero las escenas hablan de muerte, de violencia, de portonazos y del miedo. No hay información, pero hay manipulación, una intervención con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares. ¿Dónde está la vigilancia ética de un país y de su clase política?

Lo que correspondía era informar, era hacer que alguien se entere de una cosa que desconoce. Informar a todos quienes desconocen la propuesta, a quienes el lenguaje les resulta difícil de abordar, a un pueblo ya desganado con tanta promesa de cambio. Informar sin distorsión del foco informativo. Sin embargo, la película se tornó y se torna oscura porque lo que hay de base para hacer algo de esta naturaleza es el irrespeto, es decir, una falta grave a la convivencia y a la dignidad de las personas. Se crea un acto deleznable que atenta contra la honestidad intelectual y contra las convicciones legítimas que tengan las personas en torno a un proyecto de sociedad.

Esta pública película de terror instala realidades mañosas para niños y jóvenes. Se pone a disposición colectiva un triste material en la formación de las y los ciudadanos, distorsiona el deber cívico y le hace más difícil el trabajo a las escuelas, como ya es de costumbre. Lo que está bajo la franja electoral evidencia un mal comportamiento ético en momentos en que la sociedad parece fragmentarse.

Pero tenemos esperanza, nuevamente, en la escuela, porque en ella está el nacimiento de nuevas generaciones, está la posibilidad de volver a empezar, del amor al mundo, de instalar al centro un humanismo social y salir de todo aquello que manipula e irrespeta al otro. En la sala de clases emerge la renovación constante de las generaciones emergentes. Porque en la escuela no solo se produce conocimiento curricular, sino que se cultiva la conciencia social, la equidad, la empatía y el respeto hacia el otro. Nuevamente debemos confiar en la escuela para que nos saque de esta programación constante de terror y desequilibrio, aunque, lamentablemente, nuestra clase política haga todo lo contrario para que esa esperanza se concrete.

Dr. Carmen Gloria Garrido y Dr. René Valdés
Escuela de Educación, Universidad Andrés Bello

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