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La función pública sí importa. Por Rossana Carrasco Meza

Cada vez que se deslegitima lo público, no solo se erosiona una institución: se debilita la ciudadanía y se allana el camino para desmantelar los derechos.

En tiempos en que las instituciones democráticas son objeto de desconfianza y en que el desprestigio de la política se ha instalado como un lugar común, resulta necesario reafirmar algo que hoy parece casi contracultural: la función pública importa, y el Estado no solo es necesario, sino que constituye un pilar fundamental de la vida colectiva. Desde la izquierda, esta convicción adquiere una fuerza particular. No porque se ignore el aporte de la sociedad civil o la iniciativa privada, sino porque se entiende que los derechos —educación, salud, vivienda, pensiones dignas— no pueden quedar sujetos a la lógica del mercado ni depender del azar de las circunstancias individuales. Los derechos requieren de un garante, y ese garante es el Estado. Cuando decimos que creemos en el Estado, hablamos de un proyecto colectivo que trasciende los intereses particulares.Creemos en la capacidad de la función pública para generar igualdad de oportunidades, para proteger a quienes quedan al margen y para planificar con visión de futuro. El Estado es la expresión institucional de una idea simple pero potente: la vida en común se cuida mejor cuando se construye entre todos.

Porque creer en el Estado no significa ignorar sus falencias. La burocracia puede ser lenta, la corrupción es una amenaza constante y la gestión pública muchas veces no responde con la rapidez que exigen las necesidades sociales. A estas debilidades se suma un fenómeno no menor: la forma en que se narran los problemas del Estado en los medios de comunicación. Con frecuencia, reportajes y titulares destacan solo la ineficiencia, los casos aislados de malversación o el desorden administrativo, proyectando una imagen donde lo público aparece como sinónimo de fracaso. De ese modo, se desvirtúa el sentido mismo de la función pública: en lugar de reconocerse como el espacio donde se materializan derechos y se protege lo común, se instala en la opinión pública la idea de que el Estado es un obstáculo o un botín. Esta mirada parcial alimenta la desafección ciudadana y abre terreno para los discursos que promueven su reducción o privatización. Pero precisamente por eso resulta indispensable fortalecer lo público: porque renunciar a él equivale a dejar a la ciudadanía librada a la lógica del “sálvese quien pueda”.

Además, el rol del Estado es mucho más que“administrar”. Como advierte Mariana Mazzucato en Misión economía, necesitamos Estados activos, que asuman riesgos y lideren transformaciones colectivas, especialmente frente a desafíos globales como la crisis climática ola transición tecnológica[1]. Un Estado meramente reducido a árbitro es un Estado debilitado; en cambio, uno que impulsa políticas ambiciosas puede generar innovación, cohesión social y un horizonte de dignidad.

Defender lo público no implica ingenuidad, sino conciencia de que sin Estado no hay igualdad real. Thomas Piketty recuerda en Capital e ideología que las sociedades más cohesionadas y estables son aquellas que sostienen sistemas públicos robustos y redistributivos, capaces de corregir desigualdades históricas[2]. Cuando lo público retrocede, lo que avanza no es la libertad, sino la desigualdad y la precariedad.

Por eso, en el contexto de la izquierda, elEstado es también la herramienta para cuidar lo común: los recursos naturales, el medioambiente, la riqueza generada colectivamente. La lógica privatizadora no reconoce límites más allá de la rentabilidad; lo público, en cambio, existe para asegurar que las decisiones se tomen pensando en el bien común, en la sostenibilidad y en la dignidad humana.

En tiempos de discursos que buscan reducir lo común a mercancía y desmantelar el sentido de comunidad, reafirmar el valor dela función pública es un acto político urgente. Porque sin Estado no hay derechos, y sin derechos no hay democracia.

[1] Mariana Mazzucato, Misión economía: Una guíapara cambiar el capitalismo, Taurus, 2021

[2] Thomas Piketty, Capital e ideología,Deusto, 2019.

Rossana Carrasco Meza es profesora de Castellano y politóloga PUC y Magíster en Gestióny Desarrollo Regional y Local U. de Chile. 

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