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La génesis internacional de la Constitución. Por Andrés Vega Aybar

Uno de los factores desencadenantes del golpe de Estado y la reconversión de la legalidad en Chile tuvo su causa en la internacionalización del mismo, entendido en una doble dimensión, por un lado, creando las potencialidades y la realidad material que desencadenó los acontecimientos nacionales y por otro lado el dotar de una intencionalidad política concreta y una idea de Estado determinada que conducía las acciones de este proceso de construcción estatal. Esta dirección es el cuarto elemento de la Teoría del Estado de Bob Jessop, la “idea de Estado”.

 

El peligro percibido por Estados Unidos era un fallo del sistema de contención en América Latina. El Chile de Allende fue el primer país que se atrevió a restablecer relaciones diplomáticas con Cuba después de la revolución. Los años 70 eran un momento particular dentro de la Guerra Fría, donde la capacidad de los Estados Unidos como potencia capaz de frenar y contener al socialismo en todos los espacios geográficos de disputa estaba cuestionada. Este tándem de expansión de ejemplos de revolución armada y la vía chilena al socialismo, por medios democráticos, ofrecía el mayor rango posible de alternativas viables al capitalismo de mercado posible. Existía un cierto riesgo de colapso internacional. No era un riesgo material, sino de estatus y ejemplo para otros aliados no convencidos. Por ello se diseñó un plan completo de desestabilización no solo de Chile sino de todo el cono sur, el Plan Cóndor para redireccionar las posibles alianzas en la región. La política internacional se ve modificada y modifica la nacional.

 

Pero ¿cuáles eran estas acciones diplomáticas del gobierno de izquierdas de unidad popular de Salvador Allende? Desde su llega al poder, en 1970, Chile había servido como un ejemplo particular de eficacia en el desarrollo económico de una región periférica del sur mundial fácilmente exportable tanto a países del tercer mundo como a países dentro de la órbita del régimen internacional de alianzas y de seguridad de Estados Unidos. Países integrados en la OTAN, pero no conformes con la política exterior de los Estados Unidos como Francia o Italia podían ver influenciados por este modelo, ya que en cierta medida el modelo chileno bebía de ellos.

 

De todas formas, en un mundo móvil y cambiante las percepciones a veces son tan importantes como la realidad en sí misma. EE. UU. podía crear lo que nombraba. En este punto hay que destacar la noción de la Guerra Fría Interamericana, como esfera semiindependiente de la estrategia global. Países como Brasil, bajo una dictadura militar afín a EE. UU. desde 1964, estaba más preocupado y creaba más preocupación por la expansión del comunismo en América Latina que sus vecinos del norte. A través de sus acciones directas y diplomáticas tanto con Estados Unidos bilateralmente como a través de foros multilaterales en la OEA elevaron el nivel de alerta y desencadenaron una ola de financiación y capacitación de servicios de inteligencia y personal militar por parte de Estados Unidos a los países afines en América del Sur. El blanco principal eran los movimientos de Unidad Popular: “En 1971, Brasil se había concentrado en (…) en la amenaza que según entendía planteaban dos de sus vecinos, Bolivia y Uruguay .(…) la documentación disponible parece sugerir que los brasileños desempeñaron un papel crucial en el golpe en Bolivia (…) a través de la colaboración directa con los servicios de inteligencia uruguayos y el desplazamiento de tropas hacia la frontera (…) fue también un factor clave en la aplastante derrota electoral sufrida por el Frente Amplio a fines de noviembre de 1971”[1]

 

Las interacciones entre los propios países americanos crearon un clima de confrontación caliente, agravado por las acciones diplomáticas chilenas en contra de los consensos en el seno de la OEA. En 1971 en una reunión de ministros de exteriores relativa a acciones conjuntas contra el terrorismo interno (guerrillas revolucionarias de izquierdas) Chile manifestó que “(…) para su pueblo, se hace más necesario acabar con el hambre y el sufrimiento de las masas para conquistar una vida mejor. Así terminará la violencia” [2] Esto no fue bien recibido por la OEA ni por los gobiernos de derechas. Más aun cuando la respuesta chilena a las instituciones de proyección de poder occidentales en la región era la creación de nuevos ejes diplomáticos multilaterales y la creación de instituciones paralela de integración, en el marco del desarrollo y cooperación con Naciones Unidas, UNCTAD, la CEPAL y relaciones bilaterales como medio para demostrar la viabilidad del socialismo en democracia. “(…), Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y Chile se han propuesto sustituir esas formulas por otras nuevas que, mediante la integración subregional hagan posible el desarrollo armónico de sus recursos en beneficio de objetivos comunes. El Pacto Andino representa una empresa ejemplar en la que le Gobierno de la Unidad Popular está poniendo todos sus esfuerzos” [3]

 

Como vemos la proyección del soft power y del multilateralismo liberal en relaciones internacionales aunado con postulados marxistas conducía a proyectos divergentes a los de la Guerra Fría. Pero el realismo se impuso y estos proyectos desaparecieron con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

 

Sin la participación de los Estados Unidos en la financiación, formación de militares y policías en la Escuela de las Américas que creó una doctrina de seguridad nacional exclusivamente articulada para defender al régimen de lo que ellos consideraban enemigos internos y sobre todo el reconocimiento internacional posterior al golpe, el cual garantizó impunidad a los actos cometidos puesto que los militares golpistas sabían de antemano que con la garantía de los Estados Unidos ningún otro Estado con un gobierno afín a Allende iba a enfrentarse al recientemente instaurado gobierno militar de forma que amenazase la continuidad del mismo. Parece que Sin esta dimensión internacional no habría sido probable, y quizás ni siquiera posible materialmente, que el conflicto político chileno hubiese tomado el camino del Golpe de Estado de 1973 y la suplantación de la legalidad institucional. 

 

Pero ¿hacia a donde estaba dirigido el proyecto nacional que trajeron consigo los militares? El nuevo gobierno instaurado no siguió con las relaciones de poder y económicas que se habían visto en el país hasta la fecha, sino que importó un nuevo modelo económico y social, Estamos hablando del neoliberalismo o ultraliberalismo, que cual en su vertiente política se diferencia del liberalismo clásico por entender la economía como una esfera autónoma y desligada del resto de dispositivos de control y gestión de las sociedades, pese a que la manera de hacerlo efectivo sea por fuerzas coercitivas ejercidas desde el Estado que se pretende que no intervenga en la economía. Estas teorías las trajeron estudiantes del economista Milton Friedman, conocidos como los Chicago boys, los cuales aplicaron como experimento este modelo que luego sería reapropiado por Estados Unidos e Inglaterra en los 80 con los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. El “milagro económico chileno” como lo llamaría Milton Friedman en su día se basó en una seria de reformas estructurales en las bases estatales enfocadas a la reducción del Estado a su mínimo exponente, desregulando, privatizando y globalizando la económica chilena a niveles que no se habían visto antes en el país.

 

Esto se percibe en los vacíos existentes en el marco de la Constitución de 1980 hacia los derechos económicos y sociales, la restricción hasta su prohibición del asociacionismo en su forma sindical y la desaparición de los artículos en relación a los sectores económicos estratégicos y los derechos de la ciudadanía sobre ellos. Consecuentemente con este cambio estatal el modelo económico y social chileno se vio soportado por su integración plena en el marco de las instituciones liberales económicas mundiales, pasando a ser un modelo de éxito, y de paso sirviendo como ejemplo al resto de naciones que tuviesen la tentación de caer bajo la esfera socialista. “El poder absoluto de Pinochet parecía seguir incólume, así como el respaldo de las organizaciones financieras globales a sus políticas” [4]. Más de 40 años después los actores internacionales gravitan sobre ejes completamente diferentes a los que vieron nacer a la constitución y el sistema de poder estatal que cristalizó, parece que la sociedad chilena también lo hace. Queda por ver hacia que horizonte se dirige. 

 


[1] Harmer, T. (2014). Chile y la Guerra Fría Interamericana, 1970-1973. En Harmer, T. y Riquelme, A. (Eds.), Chile y la Guerra Fría global (pp. 193-225). Editorial RIL. p. 216

[2] Allende, S. (1971). La conspiración contra Chile. Corregidor. Santiago de Chile, CH. p.15

[3] Ibid, p.60

[4] Riquelme, A. (2014). La Guerra Fría en Chile: Los intrincados nexos entre lo nacional y lo global. En Harmer, T. y Riquelme, A. (Eds.), Chile y la Guerra Fría global (pp. 11-45). Editorial RIL. p.36

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