Por estos días se cumplen 89 años desde el inicio de la guerra civil en España y sus efectos y repercusiones aún permanecen presentes en la historia, en el imaginario colectivo de numerosas instituciones de origen hispano y en los sobrevivientes y familiares de quienes sufrieron la muerte, la tortura, la persecución, la prisión y el exilio.
La guerra civil española no fue un conflicto político, social y militar más en el contexto mundial. Fue la antesala, el teatro de operaciones, el escenario de experimentación de lo que sería, entre 1939 y 1945, la segunda guerra mundial y el cruento enfrentamiento entre las distintas ideologías que buscaban imponerse en la primera mitad del siglo XX.
El levantamiento y el triunfo militar de las fuerzas nacionalistas españolas en contra del gobierno democrático de la Segunda República, liderado por el general Francisco Franco, produjo una fuerte influencia en todo Latinoamérica, pero particularmente en Chile donde la estrategia política de la construcción de frentes populares había cristalizado exitosamente con la formación del Frente Popular en el año 1936 y que posteriormente llevó a la presidencia de la república a Pedro Aguirre Cerda, en octubre del año 1938.
Sin embargo, los efectos materiales y simbólicos de la guerra civil española no sólo se dejaron sentir en el ámbito político, que en sí fueron muy relevante para el futuro de la democracia chilena y de las democracias latinoamericanas, sino que también se expresaron y manifestaron trágicamente en las distintas instituciones en las que se agrupaban los españoles avecindados en Chile, en sus respectivas familias y grupos de amigos.
En un primer momento, y probablemente por una cuestión de mayor visibilidad pública, el club deportivo que representaba a los españoles en Chile, su estadio y su dirigencia fue permeado por las influencias de los nacionalistas españoles cuya férrea y punzante propaganda buscaba instalarse con fuerza en la opinión pública, promover la causa de la ofensiva nacionalista y lograr adhesión al franquismo.
El Club Deportivo Unión Española, cuyas raíces se remontan al Centro Español de Instrucción y Recreación, fundado el 18 de mayo de 1897, reunía a gran parte de las distintas comunidades españolas existentes en Chile. El 12 de abril de 1934 en Centro se había fusionado con la Unión Deportiva Española, dando vida a una de las más significativas e influyentes instituciones deportivas en el país, siendo el estadio Santa Laura cuna de grandes deportistas en el campo de la natación, el ciclismo, el tenis, el waterpolo, el tenis de mesa, la pelota vasca, el tiro al blanco, el basquetbol, la esgrima, y por cierto que al fútbol que año tras año concitaba mayor adhesión entre los jóvenes.
El 17 de julio de 1936 se produjo el levantamiento nacionalista en el protectorado español de Marruecos, básicamente en las ciudades de Ceuta y Melilla. En Chile las actividades deportivas de Unión Española se desarrollaron con normalidad, tanto en las dependencias del estadio Santa Laura como en otros recintos deportivos de la ciudad de Santiago en las que participaba con sus deportistas. Durante el año 1936 se desarrolló la tercera competencia nacional del fútbol profesional chileno y el club hispano clasificó último al término de la competencia, con un partido ganado, tres empates y seis derrotas. Claramente no fue un buen año.
Al agudizarse el conflicto en la península ibérica y al contar con mayor información acerca de los avances, los retrocesos y las numerosas bajas producidas en los bandos en conflicto, la comunidad española chilena comenzó a evidenciar con mayor nitidez las tensiones, las diferencias, las fisuras y las divergencias. Los dirigentes de las instituciones españolas comenzaron a tomar abiertamente partido ya sea por las fuerzas leales a la Segunda República y por las fuerzas nacionalistas. La unidad de la colonia española que con esfuerzo y dedicación se había construido en los primeros lustros del siglo XX comenzó a resquebrajarse.
La dirigencia de Unión Española adhirió a los postulados de la falange nacionalista española y desde ese momento las instalaciones e infraestructura del club comenzaron a ser utilizada para realizar actividades de promoción y de apoyo a las fuerzas de Francisco Franco. La dirigencia de Unión Española, básicamente ligados a la bolsa, al comerció, a la producción y a la aristocracia castellano-vasca dispusieron del Estadio Santa Laura y de su sede para las actividades de difusión y de apoyo.
La guerra civil continuaba desangrando a España y en Chile las diferencias y los conflictos entre los integrantes de la colonia alcanzaban mayor profundidad y rudeza. Las disputas entre los partidarios de uno y otro bando comenzaron a trasladarse hacia el resto de la sociedad y del país, que también comenzó a tomar partido.
El 29 de julio de 1937 ocurrió un hecho histórico que marcó definitivamente el quiebre en la colonia española y particularmente al interior del club Unión Española. Para la fecha señalada la dirigencia del club convocó a una asamblea extraordinaria de socios. Al término de la jornada los dirigentes anunciaron que los socios habían emitido una declaración en la que manifestaban formalmente su adhesión al régimen franquista.
El diario La Nación del 31 de julio de 1937 publicó la siguiente noticia: “La Unión Española envió un cable de adhesión a Franco”. La nota señalaba lo siguiente: “La Unión Española, en su última junta general ordinaria, acordó enviar el siguiente cablegrama al General Franco: ´General Franco –Jefe del Estado Español- Salamanca.- La Unión Española de Santiago, la institución española más numerosa de Chile, en asamblea general, por aclamación envía a Vuecencia su fervorosa y ciega adhesión. ¡Arriba España¡”. Firman la nota, Carlos Oto, Presidente y Tomás Perdiguero, Secretario.
Al día siguiente de publicada la nota en el diario La Nación, el 01 de agosto de 1937, Unión Española jugó un partido en el Estadio Santa Laura frente a Santiago Wanderes de la ciudad de Valparaíso, derrotándolo por dos goles a uno. De fondo jugó el popular Colo Colo frente al Bádminton, venciéndolo por siete goles a dos. Lo relevante y significativo de estos encuentros en el estadio hispano fue que en sus galerías comenzó a gestarse un creciente sentimiento de animosidad hacia los jugadores de Unión Española, quienes comenzaron a ser identificados con el régimen franquista de España.
Las disputas entre los miembros de la colonia, entre adherentes a los republicanos y franquistas, continuaba y los ánimos se encendían y agudizaban. Las instalaciones del estadio Santa Laura recibían manifestaciones y muestras de apoyo hacia el régimen de Franco, mientras las instituciones republicanas organizaban actividades de apoyo a la Segunda República en otras dependencias y procuraban reunir recursos para acudir en auxilio de las viudas y de los huérfanos que por cientos dejaban los sangrientos combates en la península.
El 13 de octubre de 1937 el diario La Nación informó acerca de las diversas actividades que las diferentes comunidades españolas habían realizado en el país para celebrar el Día de la Raza. En tanto en el estadio Santa Laura los nacionalistas habían planificado un desfile de la sección femenina de las Milicias Falangistas, junto con actividades sociales, culturales, recreativas, deportivas que también buscaban reunir recursos para acudir en ayuda de sus propias víctimas.
A fines de octubre de 1937 nuevamente las fuerzas falangistas convocaron a una actividad de celebración y de recaudación para los huérfanos y viudas de la guerra civil española. El estadio Santa Laura fue el escenario escogido. En la oportunidad, la actividad se vio favorecida por un espectáculo aéreo que brindó una escuadrilla de aviadores italianos que se encontraba de visita en Chile y que ante más de cincuenta mil personas mostró sus habilidades y acrobacias aéreas en el aeropuerto de Cerrillos. Los pilotos aprovecharon la oportunidad para volar también por sobre el Estadio Santa Laura, como una muestra de apoyo del régimen fascista italiano a las fuerzas nacionalistas españolas. El diario la Nación del 01 de noviembre registró fotográficamente el hecho.
Mientras algunos sufrían los efectos de la guerra, otros celebraban. El diario la Nación del lunes 06 de diciembre de 1937 informó en sus páginas que la colonia Asturiana había realizado el día anterior, en el Estadio Santa Laura, un conjunto de actividades sociales, culturales, deportivas y religiosas para celebrar la liberación de la Provincia de Asturias, España, por las fuerzas nacionalistas del General Franco. El estadio de los españoles comenzó así a ser utilizado profusamente para actividades propagandísticas en favor del franquismo.
Avanzada la guerra civil en España, las hostilidades hacia el club de la colonia española en Chile se hicieron y tornaron más evidentes y directas. Cada vez que el equipo de fútbol se presentaba en algún recinto deportivo vistiendo sus tradicionales colores los jugadores comenzaban a experimentar el repudio, la descalificación y las odiosidades, al ser identificados por el público como representantes del franquismo. Fernando Riera jugador formado en la cantera del estadio Santa Laura señaló claramente tal situación. En una entrevista otorgada al periodista Luis Urrutia O’Nell, en abril de 1998, expresó: «Nací como jugador en Santa Laura, en Unión Española… Estuve allí hasta que el club se disolvió por la Guerra Civil Española. La colonia vestía el uniforme de la Falange, boina y pantalón negros, e iba al estadio a insultar y arrojar cosas. Yo era puntero y como jugaba al lado de la reja todo resultaba desagradable….”.
Las tensiones y las disputas entre nacionalistas y republicamos se instalaron de lleno en las galerías del Estadio Santa Laura, pero continuó escalando en el seno de las instituciones que conformaban la colonia española. El 24 de junio del año 1938 un hecho lamentable y trágico estremeció al club, a sus dirigentes, hinchas y simpatizantes. En el castillo de Montjuïc de Barcelona las autoridades republicanas fusilaron al joven ciudadano y médico chileno de 24 años, Juan Francisco Jiménez Martín, hijo del dirigente y uno de los fundadores del club y gestor de la construcción del Estadio Santa Laura, Juan Francisco Jiménez. El joven Juan Francisco se había incorporado a la organización nacionalista quintacolumnista «Fernández Golfín» a inicios de la guerra en el año 1936. Había sido detenido en mayo de 1937 y acusado de traición a la república. Pese a los esfuerzos efectuados por el gobierno del presidente Arturo Alessandri Palma y su embajador en España, por conseguir su indulto, en junio de 1938 fue fusilado junto a otros falangistas.
En octubre de 1938 se realizó la elección presidencial en Chile, resultando electo el representante del Frente Popular, el profesor Pedro Aguirre Cerda. Los adherentes al Frente Popular intensificaron sus apoyos y respaldos a las fuerzas republicanas y aumentaron sus críticas a los nacionalistas. En las galerías del estadio Santa Laura los enfrentamientos y peleas comenzaron a ser más frecuentes. Las hostilidades hacia el equipo de fútbol de los españoles se convirtieron en parte del paisaje, en algo casi habitual. Con el tiempo, e incluso después del término de la guerra civil, las tensiones y las manifestaciones de apoyo o rechazo continuaron en las calles de Santiago y de las principales ciudades del país.
Después de casi tres años de violentos combates y de cientos de miles de muertos en toda España, el General Francisco Franco decretó en la ciudad de Burgos el término de la guerra civil, el sábado 01 de abril de 1939. Al día siguiente en Chile, a las 15:30 horas, Unión Española enfrentó al club Santiago Morning, en el estadio Santa Laura, derrotándolo por 5 a 3. Una joven promesa de los hispanos, Fernando Riera Bauzá, marcaría uno de los cinco goles.
Días después, el 14 de abril de 1939 los nacionalistas españoles chilenos se reunieron en el Estadio Santa Laura para celebrar el término de la guerra civil, después de años de enfrentamientos fratricidas. En las inmediaciones de la plaza Chacabuco hubo disturbios y agresiones hacia quienes estaban en contra de los nacionalistas.
El mismo día, cerca de Avenida la Paz, el Partido Comunista, integrante del Frente Popular, organizó una concentración que luego derivó en una marcha que culminó con un joven de 16 años muerto por los disparos de un nacionalista español. El incidente se produjo cuando el joven intentó retirar una bandera nacionalista del frontis de la casa de propiedad de un comerciante español proclive al régimen de Franco.
La colonia continuaba fisurada y la desunión de la familia hispana era más que evidente. Las pugnas y las recriminaciones entre las instituciones se sucedían y en las galerías no solo del estadio Santa Laura la odiosidad y la hostilidad hacia los jugadores de Unión Española se mantenía y acrecentaba.
Un aciago partido entre la Unión Española y el popular Colo Colo, el 17 de abril de 1939, selló la suerte definitiva del club hispano. Ante el resultado final de los acontecimientos en España y el riesgo que los jugadores de la Unión Española enfrentaban cada vez que salían a un campo de juego, los dirigentes del club decidieron declararse en receso y retirarse de todas las competencias oficiales de ese año. Así finalizaba un periodo de la historia de la colonia española, del club y del Estadio Santa Laura, en cuyas galerías los acontecimientos políticos de un mundo en cambio y en transformación penetraron el núcleo central de aquello que sustenta la actividad deportiva, afectó significativamente el proceso de unidad de las comunidades hispanas impulsado a comienzos del siglo XX e introdujo elementos disociadores en las familias hispanas.
Después de algunas semanas y de largas y extensas jornadas destinadas a convencer a la dirigencia hispana de no abandonar la competencia, en mayo de 1939, el diario El Mercurio publicó una nota en la que el dirigente Simón Martínez informó que “la determinación se había tomado en vista de que se le quería asignar a la Unión Española un carácter político del que carece por completo, pues se limita única y exclusivamente a una labor deportiva, ajena a cuanto se aparte de este aspecto”.
Durante el desarrollo de la guerra civil española el estadio Santa Laura fue un testigo privilegiado de lo que las pasiones, las odiosidades, los intereses, las disputas y la irracionalidad desenfrenada pueden producir en las personas y en las comunidades. El estadio Santa Laura se transformó en un escenario en el que la historia situó de muy diversas formas a los actores que intervinieron en su desarrollo. El fútbol y el deporte se habían convertido también en víctimas de la guerra civil española.
