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La ideología dentro y fuera de la época. Por Nicol A. Barria-Asenjo

Jorge Alemán (2021) nuevamente introduce el concepto “ideología” en la escena política, para el intelectual no es posible re-pensar en las condiciones actúales sin incorporar la noción de ideología, entre muchas razones encontramos que “el neoliberalismo a lo largo de estas dos décadas del siglo XXI no ha parado de desarrollar dispositivos, técnicas, saberes y estrategias, como discursos que operan en el sujeto para enlazar poder y libertad” (p. 21) mediante esta estrategia ideológica, los procesos mismos de de ideologización que el modelo dominante mantiene de forma activa funcionando sin descanso, han logrado corromper y penetrar una y otra vez los rincones que en algún momento parecían inalcanzables por el virus neoliberal.

Ahora, uno de los retos ante el proyecto de pensar y reconstruir un modelo que logre reemplazar radicalmente a la maquinaria capitalista se vuelve dolor de cabeza para los intelectuales críticos del modelo, no es posible pensar a una izquierda sino como una izquierda en deuda con los conflictos globales ante su impotencia frente a la articulación de un nuevo modelo, pese a las criticas y la calidad que estas puedan tener el neoliberalismo y los procesos que perpetúan la acumulación del capital mantienen ramificaciones presentes desde la base misma de la estructura que sostiene a las sociedades.

A partir de lo anterior, según el autor el antagonismo que se repite y que imposibilita un salto hacía un más allá se explica de la siguiente manera: “En nuestra época no disponemos de recursos simbólicos ni de un imaginario alternativo para pensar su después, presentado bajo la forma de una ruptura o de una progresiva transformación. Precisamente, este impasse sigue siendo crucial y determinante a la hora de pensar las propuestas de emancipación, más allá de la validez y de la importancia que tienen las que están vigentes. En principio, hay que aceptar la existencia de una clara impotencia para simbolizar e imaginar un proyecto transformador de izquierda, un afuera radical o exterior, dada la incidencia del capitalismo sobre lo real (p. 18)

Además, considerará como crucial un cruce entre la filosofía política, el análisis político, el psicoanálisis e incluso la poesía, como herramientas imprescindibles se es que se intenta mirar el escurridizo devenir de la historia en nuestro tiempo. Cuestiones como el consumismo, el deseo, la subjetividad, el debate sobre lo humano y lo in-humano, la relación del sujeto con sus propias experiencias y las manipulaciones a las cuales se está sometido, son algunos de los muchos tópicos que a lo largo del libro: “Ideología. Nosotras en la época. La época en nosotros” se encuentran, en sus palabras tenemos: “Considero que el discurso capitalista es revelador de la operación neoliberal por excelencia, al establecer la conexión del poder dominante con una producción de subjetividad abocada a exigencias que sobrepasan al sujeto constituido a partir del lenguaje, por lo que resulta transformado en un ente que algunos estudiosos del neoliberalismo caracterizan como «capital humano». El capital humano no nos habla sólo del ser humano transformado en valor/ mercancía, sino que también se refiere al lugar donde los ámbitos que pertenecen al ternario Duelo-Memoria-Deseo pretenden ser bloqueados y capturados por distintos dispositivos, aunque dichas experiencias del sujeto sean inapropiables para el Discurso capitalista. Esos dispositivos propician el crecimiento ilimitado, donde el plus de gozar del sujeto se ve sometido a retornar siempre al mismo lugar e iniciar el ciclo de la reproducción; ciclo que se convierte tendencialmente en pulsión de muerte” (Alemán, 2021. p.17)

Para explorar a un realidad especifica las coordenadas del autor, tomaré como ejemplo la situación chilena en su periodo 2019-2022. El país durante este periodo temporal se logró constituir como epicentro de atención global, en retrospectiva es posible afirmar que fue a propósito de las rupturas histórica que se han propiciado desde el 2019 hasta la actualidad que la categorización y análisis se intenta. Las huellas de movimientos sociales venían desde temprana data, con los movimientos estudiantiles buscando educación de calidad y gratuita, los movimientos feministas que han agenciado otras luchas impensables, todo apuntaba a que la insurrección popular era impostergable, pero no fue hasta el día del acontecimiento en que todo se vio con claridad.

Lo anterior, va en consonancia con la reflexión de Elisa Loncón (2022) para quién “no podríamos estar hablando de Convención Constitucional sin pasar por los movimientos sociales y el estallido del 2019. No podríamos hablar de paridad efectiva sin las luchas del movimiento feminista instalado hace ya décadas; no podríamos hablar de escaños reservados sin la incansable resistencia de todos los pueblos y naciones indígenas por siglos. Las normas que hoy se están aprobando no estarían presentes sin todas esas demandas que emergieron desde el seno mismo de la ciudadanía, desde lo más profundo de los pueblos. Si hoy se plantea un Estado solidario, es porque por años se señaló al Estado subsidiario y al neoliberalismo como origen de la desigualdad y las injusticias que hoy nos siguen afectando”.

Ahora, nos parece insostenible lo que se sostenía en el país, y esa nueva mirada y la aparición de otra alternativa, guarda relación con la liberación del nudo dictatorial, nudo que mantenía por décadas enlazado el devenir epocal con el significante “Pinochet”, esta, era una de las grandes barreras que operaban si misma como gatillante de la congelación de los demás movimientos. Ante cualquier proceso/proyecto de transformación radical que en el país emergía, los restos dictatoriales que se movían en las diferentes esferas bloqueaban todo lo demás. Frente a esta disyuntiva, el proceso de reemplazado de los simbolismos neoliberales, dictatoriales y en los cuales los traumatismos de la época del 1973 permanecían protegidos, fue una estratega util para que la mutación sistemática de aquellos restos vivos del proceso se detuviera abruptamente, y esperamos permanentemente.

Posteriormente, con el proceso de reemplazo de la Constitución Política, nuevos afectos se apoderaron de la escena actual. Todo el proceso que se ha desencadenado en la situación particular del Estado de Chile es relativa del síntoma global. Sin embargo, el optimismo excesivo que se vive, nos invita a considerar la advertencia de Alemán (2021) cuando señala que: “más allá del carácter inspirador que pueden tener estas praxis ideológicas novedosas, constituiría una solución fantasmática presentarlas como una alternativa permanente con respecto al capitalismo” (p.19). Así como hay que ir con cautela frente a la esperanza y motivación que ciertos eventos producen en ciertos periodos históricos y en muchos casos la posterior caída de la idealización a esos mismos procesos, también hay que lograr identificar que, mediante estas nuevas alamedas que se abren y parecen cerrarse sin posibilitar que sobreviva la esperanza, también se comienza de forma subterránea a desmantelar el ideal neoliberal, ese velo ideológico que pretende bloquear cualquier otra mirada, y se vende a si mismo como un producto sin fin.

En Chile, en Bolivia, en Perú, en Colombia, en muchos otros países, luces nuevas llegan para anunciar otras posibilidades de existir, otras modalidades de la ideología son posibles o tomando las ideas de Slavoj Zizek nuestro deber es dejar que sobreviva una certeza respecto de las poesías del mañana: “Otro fin del mundo del posible”.

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