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La Ilíada, o en pandemia la guerra del capricho por el poder, NO +. Por Hans Schuster

Justo ahora que la pandemia nos ha traído momentos de mayor lectura, frente al desastre de políticas públicas de quienes deberían tener al cuidado a su propio pueblo, qué mejor que volver a los antiguos textos de la cultura occidental. La Ilíada, atribuida a Homero, es un buen ejemplo para acercarnos al vacío de los héroes, en un relato en verso que examina el desatino de la furia y el orgullo, y el carácter luctuoso de la guerra.

El texto no sólo es áspero y permanentemente repetitivo, dado que narra los acontecimientos de la última fase de la guerra de 10 años, cuyos personajes destacados apenas 18 humanos y 12 dioses, y sin embargo, más de 700 otros, aparecen mencionados en diversas acciones complementarias, que a ratos confunden al lector desprevenido de la trama principal.

Y siendo así, la Guerra de Troya es el supuesto leitmotiv de las acciones a relatar, en donde Agamenón, el líder incompetente de los griegos, le arrebata el botín de guerra a Aquiles, y lo lleva a montar en cólera, de manera que, airado, se lleva consigo a sus seguidores –los mirmidones- negándose a combatir, siendo la causa de la guerra Helena, quien fuese esposa del rey Menelao de Esparta, a la que Paris decidió raptar, desencadenando la tragedia. Según la leyenda cuando Peleo, padre del valeroso Aquiles y Tetis, diosa del mar se casaron, enviaron invitaciones a todos los dioses, menos a Eris, la diosa de la Discordia. Quien, de igual forma, irrumpió en la fiesta de bodas y en medio del banquete, furiosa se dirigió a la mesa donde se encontraban las más hermosas: Hera, Atenea y Afrodita, arrojando una enorme manzana de oro con una inscripción tallada que decía: «Para la más Hermosa». Ante la disputa de las tres, pusieron a Zeus como árbitro. Quien decidió enviar al dios mensajero, Hermes (Mercurio), en a busca de Paris (príncipe de Troya) con el encargo del juicio que se le pedía; determinar cuál de las tres era la más hermosa. Una vez localizado el príncipe-pastor, se le mostró la manzana que tendría que entregar a la diosa que considerara más agraciada. Zeus lo había elegido, por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, que se esperaba de él un juicio absolutamente imparcial.

Las diosas fueron desfilando ante Paris, cubriéndolo con elogios y promesas. Hera, prometió poder y riqueza, Atenea dio su palabra de entregar la gloria en las guerras, inteligencia y sabiduría. En tanto que Afrodita le ofreció el amor de la mujer que considerara la más bella del mundo. Y entonces la elección de Paris fue otorgar la manzana a la sensual Afrodita, quien hasta hoy es en esa cosmogonía la diosa de la belleza y del amor, según las leyendas y mitos occidentales. Y era lógico que la escogiera a ella, después de tanto tiempo cuidando los rebaños, solo en las planicies y los cerros.

Volviendo a los hechos que iniciaran la guerra, cuando Paris conoce a Helena, en Esparta, en plena corte de Menelao, decide cobrar su palabra a Afrodita y con su ayuda la rapta y vuelve a Troya. De allí la guerra de Troya y el inicio de la epopeya con la cólera de Aquiles. En el momento en que el príncipe troyano Héctor encabeza un ataque contra la flota griega, varada en la playa, y los griegos, dirigidos por el codicioso Agamenón, están a punto de ser destruidos por completo. Aquiles se niega a volver a la lucha, pero envía a su mejor amigo, Patroclo, a luchar en su lugar. Héctor mata a Patroclo y Aquiles, atormentado por la rabia y la pena, busca a Héctor para la venganza. Héctor, sabe que no podrá vencer a Aquiles, pero lucha contra él de todas formas y resulta muerto. Aquiles, entonces, deshonra el cuerpo de Héctor arrastrándolo con su carro alrededor de la ciudad asediada y la narración da cuenta de los últimos días de batallas al término de los diez años de guerra.

Con lo anterior, ya tenemos antecedentes suficientes como para acercarnos a la metáfora de los tiempos que corren en Chile a más de 120 días del inicio de la cuarentena y del asedio del virus por sobre la población sitiada. Vemos, que la salud pública con su nuevo ministro Paris, dejó atrás el período de Maña(lich) , el cual se fue con sus huestes más derechistas, reconociendo que su castillo de naipes no sólo estaba mal barajado, sino que, jamás, perdió de vista el negocio de la salud pública, porque era la mano dura de Agamenon, su Aquiles soberbio y arrogante, preocupado del poder económico por sobre la población, cuestión que retrata de cuerpo entero al rey en ejercicio, que acaba de nombrar a Juan Benavides Feliú, quien no sabe nada de minería, a cargo del directorio de Codelco, olvidando de un plumazo su colusión de las farmacias, cuya condena lo obligó a cancelar la multa de 300 UF, pero claro, las leyes y los protocolos no son parte de su preocupación (no olvidemos el funeral de su tío Bernardino o apenas iniciada la cuarentena la foto en la plaza de la dignidad o saliendo a comprar vinos en una vinoteca en Vitacura, a la cual entenderemos como artículos de primera necesidad, no obstante estén cerradas las botillerías). Pero no nos confundamos, la puesta en escena que inicia Paris, trae los recuerdos de la mesa del té, club interminable en el imaginario de los expertos, y suma a diversos actores en su lógica de continuar la guerra para volver a abrir los mercados como si el tiempo fuera lineal y el objetivo del gobierno fuera volver al pasado, como si el calentamiento social de octubre no hubiera existido, ni existe la precariedad en los sistemas de salud, educación, pensiones, o lo que sea que intentemos ver en profundidad porque los políticos de la supuesta derecha o izquierda sólo han intentado minimizar los costos sociales de la acumulación de riqueza dominada por los principios del individualismo (versus comunidad), la competencia (versus reciprocidad) y las ganancias (versus la solidaridad). Las banderitas del keynesianismo, la socialdemocracia, el Estado de Bienestar, el Estado Desarrollista o como quieran nominar la obediencia resignada en la ortodoxia del comercio internacional y de las instituciones del capitalismo global, al cual le rinden pleitesía y pagan tributo legislando permanentemente a su favor mientras la brecha en la matriz de producción de dominación clasista y sexista, se mantiene inalterable (como la ley de pesca que nadie pesca mientras las siete familias de depredadores lanzan sus redes de arrastre a carcajadas).

Pero volvamos a Paris, ya logró su objetivo y tiene capturada a la Helena (La metáfora de la salud pública) y según sus propias palabras “le duela a quien le duela” siente el saborcito del poder, porque a pesar de la máscara o mascarilla, sus ojos lo delatan, como su inflexión de voz cuando explica lo inexplicable al tener distintos registros de muertes, menos test, lugares de confinamiento sanitarios ociosos, y así suma y sigue, sin poder desligar la pandemia con el mercado “paso a paso”, de modo que comenzaron a aparecer los latentes caballitos de Troya, como el 10 % de las AFP, la nueva constitución, o lo que sea que intente modificar el mercado de capitales, favorable a los intereses de quienes gobiernan e insaciables con los resultados que obtienen (no con los derechos sociales que se les hacen innecesarios) sin preocuparse por la sustentabilidad futura de sus propios resultados, (siempre más contingentes que los derechos de la ciudadanía) que le pasarán la cuenta, en la segunda ola de lo que sea, virus coronado, calentamiento social o la autonomía relativa de los poderes del Estado que reside en su capacidad de mantener el suspenso al gobernar de manera sistemáticamente contradictoria, buscando pequeñas treguas y ventajas de último minuto, a sabiendas que aquello no trae la paz social que todos merecemos, porque lo que se propone viene con letra chica y ante la ausencia total de proyectos de futuro, desde la presidencia y el congreso no hay más que síntomas del ocaso, cuyo lema pareciera ser “Chile” nos “Vamos”. Y al igual que en la Ilíada, estamos en manos de héroes vacíos, tal vez por eso, vuelve a tener sentido con fuerza, NO +.

Hans Schuster
Coordinador del Área de Gestión de las Culturas y el Patrimonio DVM- UCSH

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