El perfeccionamiento del conocimiento humano, se debe a la recaudación de los avances expresados a lo largo de los siglos por toda la humanidad en general y en todos los continentes, sin embargo el papel de Europa dentro de este contexto, como plataforma de las implicancias y determinaciones en la edificación de las ciencias, sustancialmente en las sociales y sus consecuencias en el desarrollo histórico del proyecto “modernidad”, ocupará un término equidistante en este reconocimiento. El acontecimiento a manifestar es porque Europa, pudo imponer las bases epistemológicas del orden moderno de la sociedad occidental – no occidental, ilustrando acontecimientos profundos en la clasificación del universo social, orientando estas determinaciones estructurales del pensamiento científico moderno “hegemónico”, esbozado en el marco que la sociedad democrática liberal, industrializada se establece de esta perspectiva en el orden social esperado y único viable.
No obstante nos encontramos en un punto de insondables mutaciones en diversos ordenes que estimulan a examinar los cimientos de discursos que procuraron construir y legitimizar la modernidad occidental, este es el concepto actual, coexistimos en una sociedad sin ideologías, modelo de civilización único, globalizado y universal. Esta operación de percepción de las interrogantes a la forma de legitimación del saber eurocentrista y su llamadas crisis de representación, a raíz del fin de los metarrelatos, la crisis de los paradigmas políticos, económicos y la extenuación de los mapas cognitivos, simbolizando los orígenes de esta radicalización en el reconocimiento de las potenciabilidades de algunas ciencias, relacionadas “al derecho a decidir lo que es verdadero y lo que es justo para explicar”, los factores implicados en la deslegitimación epistemológica del proyecto moderno son complejos y múltiples, para lograr sus alcances, es necesario reflexionar sobre el modo de conocimiento científico-filosófico de las ciencias, las estructuras lógicas de sus teorías sociales y la refutabilidad de estas. Los conocimientos son el resultado de la selección inductiva de la plenitud de la experiencia humana transferidos a través de los milenios en forma de textos religiosos y filosóficos en forma oral o escrita, representándose por medio de una revelación o supuesto racional de algunas verdades inherente y eternas. “Lo que llamamos hoy ciencia social es una heredera distante, que a menudo no reconoce ni agradece, porque la ciencia social se definió concientemente a si misma como la búsqueda de verdades que fueran más allá de esa sabiduría recibida o deducida. Las ciencias sociales es una empresa del mundo moderno; sus raíces se encuentran en el intento, plenamente desarrollado desde el siglo XVI y que es parte inseparable de la construcción de nuestro mundo moderno, por desarrollar un conocimiento secular sistemático sobre la realidad que tenga algún tipo de validación empírica”1. Las bases de la citación clásica de las ciencias se fundamentan en torno a dos indicios, el primero es el modelo Newtoniano, en el cual no existe diferencia entre pasado y futuro, ya que todo coexiste en un presente eterno, la siguiente sería la del dualismo cartesiano, el cual explica la figuración de que existe una distinción fundamental entre la naturaleza y los seres humanos, entre materia y mente, mundo físico y mundo social espiritual. En este marco histórico de transformaciones ontológicas, materiales y tecnológicas, transfigurando a su vez en un cambio de la percepción del espacio terrestre en el mundo occidental, bajo en este contexto histórico los viajes de descubrimiento geográfico, el establecimiento de colonias, la creación de rutas comerciales, la división del trabajo, disminuyeron significativamente las distancias sociales y temporales, por su parte el desarrollo de las ciencias sociales y su proceso de institucionalización tuvo lugar en momentos en que Europa se fortalecía y alcanzaba la superioridad sobre el resto del mundo, este proceso de institucionalización aconteció durante el siglo XIX, principalmente en universidades de Europa y Estados Unidos, a pesar de que el mismo sistema moderno, implicó el encuentro de Europa, con las poblaciones del resto del mundo y en la generalidad de los casos la conquista de estas, delimitando las ciencias sociales, instauradas desde un punto de vista particular de la especialización eurocentrista, pospusieron el procedimiento de estudiar y conocer el espacio y el lugar dentro del contexto mundial, este proceso en que Europa se desarrolló hasta dominar el mundo coincidió con la vicisitud intelectual, la secularización del conocimiento originado por la ilustración, la física newtoniana predominante en la metodología de las ciencias, y por último la teorización biológica darwiniana, que por medio de la metaconstrucción de la evolución del ser humano, proporcionándole un gran énfasis al concepto de la supervivencia del más apto. “El hecho de que las ciencias sociales construidas en Europa y Estados Unidos durante el Siglo XIX fueran eurocéntricas no debe asombrar a nadie. El mundo europeo de la época se sentía culturalmente triunfante y en muchos aspectos lo era. Europa había conquistado el mundo tanto en política como económicamente, sus realizaciones tecnológicas fueron un elemento esencial de esa conquista y parecía lógico adscribir la tecnología superior a una ciencia superior y a una superior visión del mundo. Parecía plausible identificar el éxito de Europa con el impulso hacia el progreso universal”.2 Eurocentrismo y civilización occidental son expresiones relacionadas intrínsicamente y del mismo modo se diferencian entre sí.
El eurocentrismo presupone la concepción Hegeliana de Europa, constituyéndose desde fines del Siglo XVIII y comienzo del XIX, a través de los procesos históricos las ciencias sociales han sido eurocentristas, yaciendo como un producto del sistema – mundo – moderno y con el objetivo de darle solución a los problemas europeos, constituyendo la geocultura de este mundo. Sin embargo, como consecuencia del fin de la Segunda Guerra Mundial y los procesos de descolonización principalmente en Asia y África, han brotado voces disidentes reabriendo las implicancias y determinaciones sobre los problemas de conformación organizacional en la epistemología especialmente en el de las ciencias sociales y relativo al patrimonio heredado, la distinción y utilización de la representación de las dos culturas, el cuestionamiento a la universalidad del saber científico y en la ecuanimidad de las representaciones objetivas de sus discursos.
Las profundas e imperecederas influencias en las consideraciones metodológicas que envuelven las teorías del conocimiento, de el saber científico y entre los conceptos relacionados del conocer y el objeto conocido. El despertar en proporción al estudio sistemático del hombre acaeció desde el siglo XVI al XIX, contrastando entre la razón y el sentido de percepción, como medios de alcanzar el conocimiento absoluto. La ciencia moderna se conformo en contra de la tradición y la autoridad medieval, contribuyendo nuevas formas para articular el método científico, conteniendo reglas inductivas formuladas, creando aseveros o legados epistemológicos que se encuentran en inquebrantable rivalidades al interior del campo de investigación social, son los caso del positivismo – hermenéutica, naturalismo – idealismo por nombrar algunos ejemplos. Desde principios del siglo XX, los problemas epistemológicos cobran nuevas fuerzas reabriéndose el discurso y el resurgimiento y división de escuelas de pensamiento, proporcionando una gran importancia a la relación entre el acto de predecir algo, el objeto percibido de una forma directa y las cosas como resultado de la propia percepción. En el ámbito de las ciencias sociales, durante los últimos cincuenta años se presenta las discordancias sobre qué clase de conocimiento se refleja; que cualquier conocimiento debe ser comprobado en la experiencia, esto involucra una clara distinción entre anunciados analíticos y sintéticos, en el caso de las ciencias sociales estas se forman en torno a relaciones formales y entre formas simbólicas, no informando de la realidad, sino su función de cómo se encuentra, examinando el origen y desarrollo de la sociedad, de las instituciones y de las relaciones e ideas que configuran la vida social. “En las ciencias sociales las teorías dependen de interpretaciones generales que por su parte no pueden comprobarse o refutarse conforme a criterios inmanentes a una ciencia experimental. Bien es verdad que esos presupuestos pueden explicarse. Las referencias valorativas son metodológicamente inevitables, pero objetivamente no vinculante. De ahí que las ciencias sociales estén obligadas a hacer explícita la dependencia de los supuestos teoréticos básicos respecto de tales presupuestos normativos”3. En materia de las ciencias históricas su preocupación es explicar sucesos específicos a partir de conocimientos suficientes y no representando hechos directamente observables directamente sino a una ramificación de acciones de carácter difundido, preponderando la idea que se fragmentó la tradición del camino hermenéutico. “Desde mediados de nuestro siglo se ha tornado verdadero lo que la filosofía de la historia anticipó desde el siglo XVIII: un solo mundo que ha integrado a la humanidad en un único plexo de interacción. Con ello la historia se constituye como historia universal. Su base es una sociedad industrial que pronto abarcará el mundo entero ”4. En este contexto histórico la historia contada del pasado se distinguía de cualquier otra explicación, ya que el objetivo es narrar una historia, el inconveniente es si esta narración expresa exactamente la representación de las estructuras y procesos históricos. La forma del discurso, la narrativa no se aparta del contenido y de la representación, más bien es una operación de las estructuras y procesos de los acontecimientos reales, en el orden que esta representación se entienda en torno a los acontecimientos que simboliza, logra considerarse una narración auténtica. “La historia contada en la narrativa es una mimesis de la historia vivida en alguna región de la realidad histórica, y en la medida en que se constituye una imitación precisa a de considerarse una descripción fidedigna”5. Por lo tanto, el tema de la narración se configura en un discurso de tipo específico de conciencia temporal o estructura de tiempo, para el antropólogo Lévi-Strauss, la historiografía tradicional narrativa, no era más que un mito de las sociedades occidentales, primordialmente las modernas, burguesas, industriales e imperialistas, reflexionando que la representación histórica es diacrónica de los acontecimientos, en sí esto internaba un método de análisis, pero sin objetivos adecuados, como consecuencia el método no era específicamente adecuado para la visión de la humanidad o de las sociedades civilizadas, es importante identificar que Lévi-Strauss no se oponía a la narrativa como tal, sino que proyectaba que el carácter central de la narrativa es la estructuración de todos los perfiles de vida cultural. La dualidad expuesta en la función de la narrativa, el cambio filosófico conducente al entendimiento y esclarecimiento del lenguaje como componente esencial en la comprensión y significación social, generando la preocupación por el real significado de lo real, los límites y contingencias de las ciencias sociales, estableciendo estructuralmente las condiciones de creación de conocimiento, surtiendo una pregunta que comprende de manera general, las condiciones expuestas, si el discurso – narrativa consigue de verdad interpretar el pasado. “ En la epistemología nacida con las luces, las diferencia entre el sujeto del saber y su objeto funda aquello que separa del presente el pasado. En el interior de una actualidad social estratificada, la historiografía definía como “pasado” (como un conjunto de alteridades y de “resistencia” a comprender o a rechazar) o que no pertenecía al poder (político, social, científico) de producir un presente”6. A sí mismo se abre la interrogante, si el discurso se instituye como coacción de una estructura de relato en torno a un establecido conjunto de acontecimientos, distinguiendo el tipo de relato que procurado el significado de las convicciones cognitivas que dieron el origen a las ciencias sociales.
Respectivamente toda cultura se explica en sí mismo, simbolizando un conjunto estable, por la historia, con un contenido de reproducción con capacidad inconmensurable temporalmente, consiguiendo determinadas circunstancias en la acción social, concediéndole igual grado de complejidad, racionalidad, a todas las culturas. Puesto que examinado anteriormente la ciencia social institucionalizada, comenzó en Europa, pese a este desarrollo preexiste la acusación de crear una imagen falsa de la realidad social, debido a una mala comprensión, una amplificación al extremo, la distorsión del papel histórico substancialmente en su influencia al mundo moderno, relativo a esta idea del eurocentrismo han surgido diferentes críticas, consideraremos a la que adquiere relación con el estudio sobre Europa, su análisis inexacto y como esta derivación afectó a la ciencia y el mundo político. “La cuestión es la que explica la diferencia de poder y de nivel de vida de Europa con respecto al resto del mundo. Un tipo de respuesta es que los europeos han hecho algo meritorio, que es diferente de lo que hicieron otros pueblos en otras partes del mundo. A esto se refieren los investigadores cuando hablan del “Milagro Europeo”. Los europeos han lanzado tanto la revolución industrial, como el crecimiento sostenido, han lanzado tanto la modernidad, como el capitalismo, la burocratización, y la libertad individual”7.
La idea y teoría de progreso derivado del iluminismo europeo, ha involucrado la definición subyacente de la historia del mundo y la defensa de casi todas las teorías de las etapas de progreso, y mecanismos de todas las ciencias (social), tornándolas en instrumentos de diseños de políticas reorganizadoras, económicas y sociales del mundo occidental - no occidental, esta idea fue posesionada, analizada, y además impuesta, continuando en la línea argumentativa de los supuestos logros europeos, se puede decir que también estos interrumpieron procesos originarios propios, uno de los caminos para concebir el límite transitorio aplicado por las fuerzas del desarrollo, modernidad – capitalismo. La historia del capitalismo y edificación de la epistemología moderna, se encuentran claramente localizadas, geohistóricamente como políticamente en Europa en un primer momento. No obstante cabe preguntarse o señalar que el eurocentrismo tenga algún derecho a decir que hizo algo nuevo, el punto es exteriorizar que otras civilizaciones de igual forma se dirigían hacia el capitalismo, y que en su generalidad el mundo moderno estaba en camino, a pesar surgen preguntas esenciales en correlación a los diferentes sistemas históricos o por qué la diferencia entre las civilizaciones. “Al negar al mérito europeo, negamos también la culpa europea. ¿Qué hay de tan terrible en la “conquista del mundo” por parte de Europa, si no que es más que la última parte del avance en progreso de la ecumene? Lejos de ser una forma de argumento que critica a Europa, esto implica un elogio hacia ella que, al haber sido una parte “marginal” de la ecumene, al final aprendió la sabiduría de los otros – más ancianos – y la aplicó satisfactoriamente”8. La acumulación del capital y el desarrollo del capitalismo en los tiempos modernos, impulsado por los grandes descubrimientos, que permitieron la estimulación del proceso económico de expropiación y la imposición de sus sistemas valóricos, dominando a los estratos concedidos en función de las ganancias, expandiéndose geográficamente por todo el mundo, ampliando sus doctrinas de manera universal. Está claro que la legitimación del proyecto moderno pasa por una profunda crisis, es por esta razón que al preguntarse si los logros epistemológicos en las ciencia sociales eurocentristas internan algo de positivo, este enfrentamiento debe ser profundo y cuidadoso, ya que al esgrimir antecedentes eurocentristas, se puede caer en reforzar su permanencia. El sistema mundo – moderno ha desarrollado nuevas estructuras sociales y de conocimiento, instaurando el concepto de las dos culturas.
Es de importancia que la epistemología de las ciencias sociales obtengan relevancia en la reunificación en torno a las implicancias y determinaciones sociales, en reciprocidad con la universalidad del saber científico, la neutralidad de las descripciones objetivas de sus discursos y el autoreconocimiento y reconocimiento de la contribución de las civilizaciones planetarias en la cimentación y afirmación del eurocentrismo, esta inestabilidad que bajo el impulso del postmodernismo ha puesto en discusión la relación en la importancia de los estudios de género y sobre todo los estudios “no eurocéntricos”, el razonamiento de los sistemas sociales históricos, la preocupación por la valoración del análisis histórico local, actitud que va de la mano con una nueva hermenéutica y por último la reconsideración tecnológicas y los esquemas de desarrollo. Las ciencias sociales están bajo acusaciones de ser eurocentristas, en medida que fueron particularistas – provincianas, esta afirmación genera una gran contrariedad en el modernismo, ya que este se enorgulleció de haber superado el provincialismo, esta crítica razonable suministra que la propuesta de las afirmaciones universales no han sido totalmente formuladas. El argumento que se nos presenta es cómo abrir las ciencias sociales de manera de que consigan manifestar adecuadamente y plenamente las contestaciones legítimas contra el provincialismo – universalismo, argumentando el real fondo de la validez universal, respetando la coexistencia de las explicaciones desiguales de un mundo contingente y complejo, extendiendo el concepto universal de forma que permita captar las riquezas y realidades sociales del pasado, presente y futuro. “En cuanto a civilizado/otro, los civilizados no son civilizados y los otros no son otros. Las especificidades por supuesto existen, pero son una legión, y las simplificaciones racistas del mundo moderno son no sólo nocivas sino intelectualmente incapacitantes.
Debemos aprender a tratar con lo universal y lo particular como una pareja simbiótica que nunca desaparecerá y que debe estar presente en todos nuestros análisis”9. El objetivo de las ciencias sociales a raíz de la crisis de representación sobrevenida a partir de 1945 y el auge de Estados Unidos como el país hegemónico mundial, surgimiento político del mundo no occidental y la expansión de la economía – mundo, sistema universitario – mundo, estas ciencias deben estar enmarcadas con terminar la reunificación epistemológica de la llamada dos cultura, organización, renovada de la división, y la elevación de las ciencias sociales a la centralidad del conocimiento, ocupándose fundamentalmente del papel del capitalismo que hoy no conoce fronteras ni límites, expandiéndose de manera devastadora en la estratificación de la economía, generando que ciertas regiones se encuentran sumidas en una pauperización estructural originada por la disparidad del desarrollo económico, generando discriminación, humillación y servilismo de otras culturas, surge la interrogación si “occidente” es percibido con una imagen de poder ser competente en dar forma a una actitud civilizadora al presente contexto mundial.
1.- Informe de la comisión Gulbenkian. “La construcción histórica de las ciencias sociales desde el siglo XVIII hasta 1945”, y “Debates en las ciencias sociales de 1945 hasta el presente”. En Abrir las ciencias sociales, México, Siglo XXI editores, 1999, pp.4.
2.- Informe de la comisión Gulbenkian. “La construcción histórica de las ciencias sociales desde el siglo XVIII hasta 1945”, y “Debates en las ciencias sociales de 1945 hasta el presente”. En Abrir las ciencias sociales, México, Siglo XXI editores, 1999, pp.63.
3.-Habermas, Junger. “El dualismo de ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu”, en La lógica de las ciencias sociales. Madrid, Tecnos, 1988, pp.94.
4.-Habermas, Junger. “El dualismo de ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu”, en La lógica de las ciencias sociales. Madrid, Tecnos, 1988, pp.100.
5.- White, Hayden. “La cuestión de la narrativa en la teoría historiográfica actual”, en El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representación histórica. Barcelona, Paidós, 1992, pp.43.
6.- De Certeau, Michel. “La historia, ciencia y ficción”, en Historia y psicoanálisis. México, Universidad Iberoamericana, 1998, pp.69.
7.- Wallerstein, Immanuel. “El euocentrismo y sus avatares. Los dilemas de la ciencia social”, en Walter Mignolo (comp.), Capitalismo y geopolítica del conocimiento. Ediciones Signos / Duke University, 2001, pp.97.
8.- Wallerstein, Immanuel. “El euocentrismo y sus avatares. Los dilemas de la ciencia social”, en Walter Mignolo (comp.), Capitalismo y geopolítica del conocimiento. Ediciones Signos / Duke University, 2001, pp.111..-
9.- Wallerstein, Immanuel. “El legado de la sociología, la promesa de la ciencia social, en conocer el mundo, saber el mundo: el fin de lo aprendido. Una ciencia social para el siglo XXI. México, siglo XXI Editores, 2001, pp.280.
Patricio A. Castillo Castro
Profesor de Historia y Geografia
Magister CC.SS
