En diciembre de 2025, las compañías dueñas de las AFP sacaron cuentas alegres: el sistema logró incrementar sus ganancias anuales en un 22%, lo que equivale a ganancias diarias de casi $1.900 millones. Si consideramos la rentabilidad obtenida sobre el patrimonio, en el mismo año llegó al 23,21%, lo cual puede considerarse muy alto, pues debemos comprenderlo como que, por cada 100 pesos de patrimonio de la empresa, en ese año esta logró generar 23,21 pesos de ganancia; es decir, a ese ritmo de rentabilidad el capital equivalente al patrimonio podría generarse en poco más de 4 años.
Al inicio de la década del 80, cuando José Piñera presentó la reforma que instituyó las AFP, durante la dictadura militar, uno de sus argumentos principales se basó en los futuros resultados previsionales que las y los trabajadores podrían alcanzar para obtener pensiones que representaran cerca del 80% de sus últimos salarios. En los años 2000, El Mercurio informaba lo que la Asociación de AFP, a través de su gerente de operaciones, aseguraba: que las pensiones podrían llegar al 100% del sueldo en el 2020 con buenas rentabilidades y sin lagunas.
La realidad está muy lejos de esas proyecciones: el 50% de quienes se pensionaron por vejez entre 2017 y 2022 alcanzó una tasa de reemplazo autofinanciada de 17%; peores resultados en el caso de las mujeres, con una mediana de 11%, lo que equivale a $38.158 en dinero, según datos de la Superintendencia de Pensiones. A diciembre de 2025, los resultados son desastrosos: la mitad de las y los trabajadores jubilados que recibieron su primera pensión de vejez autofinanciada alcanzó un monto inferior a $81.840.
Es importante considerar que estas cifras, en la mayoría de los casos, se ven compensadas por la PGU (que actualmente equivale a $231.732 para menores de 82 años y a $250.275 para mayores de esa edad), pero también es importante recordar que la promesa inicial era que el sistema de AFP, por sí solo, sería capaz de financiar pensiones con altas tasas de reemplazo. De aquello quedan principalmente justificaciones de los magros resultados: que la inversión es poca, que las AFP “hacen su trabajo de invertir”, que “no es su responsabilidad pagar pensiones”, un cambio de libreto radical al compararlo con los argumentos iniciales.
La industria de las AFP se mantiene amasando lucrativas ganancias, mientras el Estado debe incrementar el gasto público destinado a disminuir el impacto social de las bajas pensiones. Es un sistema fracasado para pagar pensiones; eso es claro y evidente; se sostiene gracias al importante beneficio que genera fuera del ámbito previsional, trasladando recursos millonarios en forma de inversiones a empresas y bancos controlados por los grandes grupos económicos de Chile y del extranjero.
Es importante recordar que, a más de 45 años del inicio de las AFP, tan solo un puñado de países a nivel mundial tiene un sistema semejante: prioriza cuentas individuales en lugar de un sistema contributivo público de reparto solidario. Incluso entre una treintena de países que privatizaron, total o parcialmente, sus esquemas previsionales, 18 han revertido dichas privatizaciones.
Si bien el gobierno de Gabriel Boric presentó como gran mérito la reforma previsional alcanzada, esta se encuentra lejos de modificar la estructura del sistema previsional, refuerza a las AFP y asegura que el gasto público deberá incrementarse vía PGU. Cuánto ha sido el tiempo comprado para las cuentas individuales de las AFP gracias a esta reforma es un misterio, pero lo que sí resulta claro es que el sistema político y empresarial mantiene la inseguridad social para la gran mayoría de la clase trabajadora a cambio de consagrar la seguridad financiera para las empresas dueñas de las AFP.
Recaredo Gálvez
Investigador de Fundación SOL
