A un plan obedece nuestro enemigo: de encontrarnos, dispensarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre.
(José Martí)
El Río Guamá avanza sin prisa durante una cálida tarde de noviembre. Las risas envuelven las conversaciones entre compañeros y organizaciones que probablemente es primera vez que se encuentran, pero que se reconocen como hermanos y compañeros en la construcción de un mundo mejor. Las voces de Bertha y Camilo transmiten tranquilidad y firmeza. Dos atributos que en tiempos donde emergen proyectos autoritarios a lo largo y ancho del continente, nos entregan la certeza que, si bien la vida es compleja, frágil y llena de vaivenes, vale la pena vivirla por el simple hecho de intentar construir un mundo mejor y más justo para todas las personas que habitan nuestros territorios.
En el caso del pueblo Lenca, esa construcción encuentra en la memoria no sólo una fuente de aprendizaje y resistencia, si no también presente y futuro. Un futuro que se dibuja en la voz de Bertha Zúñiga, hija de la activista Berta Cáceres, y en el análisis de Camilo Bermúdez, miembro del equipo técnico del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).
En el acumulado de experiencias y aprendizajes de una organización que se reconoce como defensora de los ríos, las aguas y los bienes comunes, Bertha nos entrega una de las primeras afirmaciones capaz de encender corazones a miles de kilómetros de distancia y abrir una perspectiva nueva sobre las disputas por la defensa de la naturaleza y la emancipación de los pueblos: “desde chica escuchaba muchos discursos, mucha gente hablando y ahí uno aprende el deber de la lucha, pero después aprendí sobre el placer de luchar”.
La calidez de la conversación no sólo está dada por la temperatura o la humedad de la ciudad de Belén, sino también por algo que describe Camilo y que remarca la impronta internacionalista, fraterna y solidaria que transmite el COPINH: “aquí se abre la puerta para que todas las personas que quieran venir, no importa de dónde vengan, pueden tener un lugar para participar y hacer su labor”. En la creación de estos lazos, que exceden a los límites impuestos por naciones y fronteras es que Camilo señala: “lo que el internacionalismo hace es tratar de romper esas barreras invisibles que nos han creado y que nos someten”.
En este momento, el legado de Berta Cáceres, quien entregó su vida para el bien de la humanidad y el planeta regresa a la conversación, aunque esta vez en voz de su hija Bertha: “el hecho de que la lucha de justicia por mi mamá se haya sostenido durante tantos años no es sólo resultado del propio trabajo que ella hizo como persona internacionalista, [es producto] también de una solidaridad, de un amor, de un cariño que ha caminado por distintas regiones del mundo”
El carácter inmanente de Berta Cáceres, sembrado en miles de defensores y defensoras ambientales de América Latina, nos recuerda que la justicia intergeneracional es una directriz indispensable para multiplicar la esperanza en el presente y construir colectivamente un futuro en el cual, la defensa de los ríos, la tierra y los bienes comunes sostienen la reproducción de la vida en todas sus formas. Bertha Zúñiga ilustra este principio a través de una sencilla y poderosa anécdota contada por Don Chico, un histórico del COPINH y quien con su sonrisa ancha y sombrero curtido gracias al trabajo en la tierra aprovecha de descansar bajo la tupida arboleda que funciona como escenario natural para esta conversación en la ribera del Río Guamá. La historia habla de un hombre que hacia el final de sus días decide comenzar a plantar árboles que sabe que nunca verá crecer. Cuando alguien le pregunta por qué lo hace, él responde con una sabiduría que encapsula la esencia de la lucha del COPINH. "Los árboles en los que yo jugué, que de los que yo bajé frutas o los que me sirvieron de sombra, no los sembré yo, lo sembraron otras personas y yo pude jugar y disfrutarlos porque otras personas lo sembraron."
La lección es clara y reafirma una visión que trasciende el tiempo y ciertas lógicas aprendidas de un sistema que nos empuja a buscar objetivos efímeros y de corto aliento y reemplazarlo por uno en el cual el bienestar es colectivo y traspasa las habituales fronteras del tiempo: “Muchas cosas no las vamos a ver, se van a ver en el futuro. De alguna manera la vida va a resurgir en sus diversas formas a pesar de todas las muertes, invasiones, guerras, y de todo lo que está pasando. Entonces, nos comprometemos por el futuro propio de nosotras y nosotros, pero también por el de todos y todas.”
Esto es compartido por Camilo, quien inmediatamente complementa con una experiencia transformadora y que pone el foco en la justicia intergeneracional y la necesidad de compartir los espacios de discusión política y organización social con nuestras niñeces. Camilo confiesa que antes pensaba que los niños debían estar en un lugar aparte durante las reuniones "porque distraen". Sin embargo, con el correr de los años, su perspectiva cambió radicalmente: "La verdad es que ahora es todo lo contrario". Descubrió que los niños y niñas absorben las ideas con una claridad única y, aunque parezcan estar en su propio mundo, "están poniendo atención y están captando todas las ideas" y que al crecer con "esa semillita en su cabeza, se convierten en futuros defensores que no necesitarán reaprender lo que es intrínsecamente suyo.”
Mantener Viva la Llama y el Movimiento
La pasión por mantener el fuego vivo y la organización en movimiento es algo que se cultiva día a día. En el COPINH comprenden que sostener la esperanza, alegría y energía sobrepasa al momento actual, un tiempo en el cual el desaliento se multiplica y la humanidad parece encaminarse hacia lugares sombríos y muchas veces inhumanos. El optimismo de Bertha denota una mirada clara y luminosa de cara al futuro, para ella: “los pueblos tenemos la sabiduría para que en las circunstancias más difíciles podamos encontrar las respuestas". Esta no es una fe ciega, sino una que se nutre de la acción solidaria, como la que observó en la flotilla internacional para Palestina: "A mí me dio como mucha esperanza decir, ’sí, es que va a haber en medio de la guerra, en medio del genocidio, va a haber alguien que levante la voz por nosotros y nosotras”
Para Camilo también es importante anclarse al presente y construir en el aquí y ahora las condiciones materiales, sociales y espirituales para que nuestros pueblos puedan vivenciar desde cada uno de los rincones de nuestros territorios el cambio de conciencia necesario para avanzar en mayores niveles de justicia e igualdad. Bermúdez señala:” yo creo que en las organizaciones tenemos que ir viviendo esa revolución en la forma en la que convivimos, en la (forma) que nos tratamos, en la forma en la que vivimos y en la forma en la que consumimos. Debemos ir viviendo esa revolución. No es para después, no es para cuando se tome el poder o cuando haya cambios muy grandes, sino que ahora mismo tenemos que ir teniendo esos pequeños grandes cambios dentro de nuestras organizaciones”
El legado de Berta Cáceres no es una reliquia del pasado ni un monumento estático. Es una fuerza activa que se manifiesta en la defensa intergeneracional de la vida como principio rector y en una filosofía de lucha que encuentra en el placer y la coherencia las claves de su resiliencia. Las voces de Bertha Zúñiga y Camilo Bermúdez demuestran que la lucha por la justicia es un camino que se construye con la misma materia de la que está hecha la esperanza.
Como concluye Bertha con una certeza conmovedora, la existencia de personas dispuestas a levantar la voz por otras es la prueba definitiva de que la humanidad no está perdida. Su reflexión final es un llamado a la acción y un bálsamo contra el cinismo: mientras haya gente sensible y personas que luchen, “aunque no seamos nosotros y sigan por nosotros y nosotras, pues hay esperanza para la humanidad”. Una esperanza que, como la lucha del pueblo Lenca, se mantiene viva, en movimiento y contagiando al mundo.
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Contexto en el que se realizó la crónica:
Durante noviembre de 2025, una multiplicidad de organizaciones, movimientos y pueblos del mundo nos encontramos en la ciudad de Belem, Brasil para la Cumbre Internacional de los Pueblos, para dialogar en torno a defensa de los Derechos Humanos, la Justicia Climática y avanzar en la construcción de un modelo económico y de desarrollo capaz de reemplazar al actual, el cual, a partir de un modelo que concentra la riqueza y las oportunidades en pocas manos, tiene a nuestro planeta enfrentando condiciones climáticas extremas que ponen en duda la sostenibilidad y reproducción de la vida en todas sus formas.
En ese contexto, y a pocos meses del décimo aniversario de la siembra de Berta Cáceres, en la Universidad Federal Pará en la amazonía brasileña el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) representados por Bertha Zúñiga Cáceres y Camilo Bermudez y MODATIMA de Chile representados por Catalina Huerta, Catalina Lillo y Cristóbal Rodríguez reflexionamos en torno al internacionalismo, la defensa de los bienes comunes y el fuego que sostiene los esfuerzos transformadores en cada uno de nuestros territorios.
