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La memoria histórica es un espacio para reconocer a quienes lucharon en contra de la dictadura. Por Enrique Villanueva M.

Para los gobiernos post dictadura la memoria histórica ha ocupado un papel relevante en el esfuerzo por intentar cohesionar a la sociedad chilena, aunque juzgados por sus prácticas, sin mucha conciencia de que para definir nuestro futuro como comunidad histórica y moral esto tiene que ver fundamentalmente con el cómo se resuelven los problemas del pasado reciente. Es más creo que y a pesar de que las prácticas de la violencia ejercida desde el Estado durante la dictadura dejaron profundas huellas y fracturas en la sociedad, no ha habido desde el estado ni desde los gobiernos postdictadura, una línea continua de trabajo que permita dar cuenta de sus consecuencias y sobre todo coherencia para no permitir revisionismos negacionistas al respecto.

Un hito importante en los esfuerzos sobre la búsqueda de la verdad de lo sucedido durante los años del reino dictatorial corrupto, fueron las comisiones Rettig y Valech creadas con el fin de esclarecer las violaciones a derechos humanos acontecidas durante la dictadura militar (1973-1990), pero que por distintas razones ninguna cumplió su cometido tal como les fue mandatado. La primera de ellas restringida por la Mesa de Diálogo con la participación de representantes de organizaciones de DD.HH. y de las FF.AA., la que al final no funcionó al establecerse la confidencialidad de los antecedentes recopilados, sin que las FFAA. entregaran la información que se necesita para esclarecer el paradero de los detenidos desaparecidos.

En el caso de la Comisión Valech, sobre prisión política y tortura, se estableció la reserva de sus actuaciones y antecedentes, determinando el secreto por cincuenta años de todos los datos aportados por las víctimas. Con esto lo que se hizo fue ocultar testimonios que constituyen información clara y precisa sobre las atrocidades cometidas, la identidad de los torturadores, los lugares donde se cometieron las violaciones a los DDHH, o la información que puede ayudar a conocer el paradero de otras víctimas. Otras iniciativas importantes son el Museo de la Memoria y la identificación de aquellos lugares en los cuales se torturo y se asesinó a compatriotas, acciones valiosas que no se condicen con la incapacidad demostrada por el Estado y los gobiernos, para contrarrestar aquellas versiones que afectan la memoria histórica y caminan en el sentido contrario de los fines de estas iniciativas. Me refiero a la insistencia de la versión a estas alturas oficial, que “las FF.AA intervinieron” y derrocaron al gobierno de la UP “para salvar a Chile del caos y de una guerra civil“, y que ademas “fue una intervención militar necesaria para liberarnos de una dictadura marxista”, una versión justificadora de las atrocidades cometidos en dictadura en contra de millones de chilenos y chilenas.

La única explicación es que esta versión de los hechos mantiene contentos a las elites políticas, empresariales y militares que estuvieron detrás del golpe y no altera los compromisos adquiridos con los militares para garantizar el transito hacia la democracia después de Pinochet. Ya que al parecer no son suficientes los miles de testimonios de sobrevivientes de la dictadura, o los cientos de documentos provenientes de distintas universidades y centros de estudio en el mundo o, la desclasificación de documentos del gobierno de Estados Unidos que ratifican que el gobierno de Salvador Allende fue planificadamente bloqueado y derrocado con financiamiento del gobierno de Reagan, teniendo como principal actor para las actividades que la CIA desarrollo en Chile a Kissinger.

Ante estas evidencias sostener la versión oficial de la supuesta intervención liberadora de los militares no ayuda, por el contrario, entorpece los esfuerzos de quienes trabajan por la memoria histórica y fundamentalmente le restan apoyo a todo lo que se hace por preservar a memoria y la verdad, no solo en las elites ni en los medios de comunicación sino que, en las organizaciones sociales, de familiares de víctimas de la dictadura y de quienes sufrieron las consecuencias del golpe de estado y los años de terrorismo de estado. Para todos ellos y ellas la versión oficial es una alabanza a la impunidad, niega acciones tan viles como la tortura y la desaparición de personas o acciones que se realizaron en la etapa preparatoria del golpe de estado, como por ejemplo el asesinato del comandante en Jefe del ejército, el general Rene Schneider, asesinado por un comando de derecha en complicidad con militares chilenos y financiados por el gobierno de Estados Unidos. Un crimen que ha sido silenciado porque es demostrativo de los planes y las acciones desarrolladas durante el gobierno de Allende para desestabilizarlo y derrocarlo, un asesinato que aun el ejército no reconoce en su real magnitud, sabedores de que este fue promovido y financiado por un gobierno extranjero y que se realizó para impedir que Allende, presidente electo en ese entonces, asumiera la presidencia de la república en 1970.

Pero la versión de la supuesta “guerra liberadora de las FF.AA en contra de comunismo” oculta algo aún más profundo, que es lo que hicieron en realidad los militares, una operación de limpieza desplegada en todo el territorio nacional, en contra de quienes fueron señalados como el enemigo interno o potenciales amenazas al nuevo estado y al nuevo gobierno. La excusa de la liberación de Chile del comunismo esconde la razzia implacable y brutal en contra de los partidos de la izquierda chilena y de los simpatizantes del gobierno de Allende, la mayoría desarmados y sacados desde sus casas o lugares de trabajo, fue una incursión militar que planificaron antes del golpe de estado y que entendieron como necesaria para cumplir el principal propósito del golpe, refundar Chile e instalar un nuevo orden económico y social sin oposición, garantizando de esta manera el funcionamiento del modelo que impusieron a las chilenas y chilenos a balazos.

Una persecución que estigmatizo a todos y todas quienes se atrevieron a luchar en contra del terrorismo de Estado como extremistas y terroristas, una calificación que aún persiste, porque mientras se mantenga vigente la definición doctrinaria del enemigo interno todo el que piense distinto es para las FFAA. y la policía el enemigo comunista al cual hay que eliminar. Terminar con esta justificación represiva no es fácil, pero activando la memoria histórica si se puede iniciar el camino, identificando y manteniendo primero los sitios o lugares donde se cometieron las graves violaciones a los derechos humanos y segundo, identificando también esos lugares donde se resistieron y combatieron los cobardes atropellos a la vida de los chilenos y chilenas, espacios donde se le rinda homenaje a tantos héroes y heroínas anónimas.

Para terminar, ejemplos de jóvenes, hombres y mujeres, que se opusieron a la dictadura haciendo uso del legítimo derecho a la rebelión hay muchos y desde los primeros dias del golpe de estado, partiendo por Allende, quien defendió La Moneda y la democracia con su vida. Un ejemplo célebre y glorioso a pesar de que ha sido acallado se traspasó e hizo eco en las nuevas generaciones de luchadores sociales, en jóvenes que no claudicaron ante la dictadura. En estos días 15 y 16 de junio de 1987 se recuerda el asesinato de 12 militantes del FPMR por agentes de la CNI una acción que se quiso justificar con el consabido montaje de los enfrentamientos, la verdad esta en las investigaciones policiales, 10 de los y las Rodriguistas fueron asesinados y asesinadas en distintos lugares de Santiago para luego llevar sus cuerpos a la calle Varas Mena. Dos de los oficiales del FPMR. Juan Waldemar Henríquez Araya y Wilson Henríquez Gallego, si se enfrentaron a la CNI, cubriendo la retirada de una veintena de Rodriguistas que en esos momentos estaban en una escuela a su cargo, una de las tantas que se hacían regularmente para la formación político militar de los combatientes Rodriguistas.

Todos salvaron ilesos, pero Juan y Wilson, a pesar de la superioridad numérica y del despliegue de medios de sus atacantes, resistieron heroicamente hasta dar sus vidas, luego fueron acribillados en el lugar, desarmados y sin municiones por los agentes de la CNI en la calle Varas Mena, en Santiago.

La memoria histórica viva no olvida a estos héroes que lucharon en contra de una dictadura cruel por la libertad de Chile, para posibilitar la democracia que hoy disfrutamos, jóvenes, chilenos y chilenas, quienes, ubicados junto a los intereses del pueblo, desafiaron los poderes dictatoriales establecidos, en este caso, enfrentando a la tiranía en las legendarias protestas en las calles y en el enfrentamiento directo con los organismos represivos. Esta es la historia y la memoria histórica viva, la que nos demuestra que ningún iluminado trajo la libertad a Chile, por el contrario, fueron las organizaciones políticas y sociales ramificadas en todo el país quienes se organizaron para combatir el terrorismo de estado, ellos y ellas fueron quienes conquistaron la libertad y la democracia después de años de lucha y en las calles, plagada de sacrificios, de héroes y heroínas anónimas por cierto.

Para mantener viva la memoria histórica y terminar con las mentiras que hasta ahora han justificado las atrocidades cometidas, Chile necesita de un Estado que siente las bases para que los poderes públicos lleven a cabo políticas dirigidas al conocimiento de nuestra historia y al fomento de la memoria democrática. Divulgando la verdad de lo sucedido sin medias tintas ni restricciones, así como, reconocer y ampliar derechos a favor de quienes padecieron persecución o violencia por razones políticas e ideológicas por una parte y por otra, el reconocimiento de quienes lucharon en contra de la Dictadura.

En este contexto, un homenaje a un grupo de jóvenes como tantos que fueron vilmente asesinados por la dictadura de Pinochet, son nombres de patriotas que entregaron generosamente sus vidas por la libertad de su pueblo, Rodriguistas que dejaron un ejemplo a seguir para los chilenos y chilenas. Su ejemplo y sacrificio no fue en vano, está presente en la democracia que disfrutamos hoy aunque el establishment oficial se niegue a reconocerlo, el ejemplo de Juan Waldemar Araya y Wilson Henríquez Oficiales del FPMR que dieron sus vidas para proteger a sus hermanos quedó inscrito en la memoria de miles de jóvenes chilenos.

Gloria eterna para Julio Guerra, Esther Cabrera, Elizabeth Escobar, Patricia Quiroz, Manuel Valencia, Ricardo Silva, Ricardo Rivera, José Valenzuela Levi, Ignacio Valenzuela, Patricio Acosta, Juan Waldemar Henríquez Araya y Wilson Henríquez Gallego.

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