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La necesidad de hacer transformaciones. Por Natalia Contreras Quiroz y David Román Soto

Los resultados del SIMCE 2022 evidencian un retroceso significativo en el aprendizaje de las áreas de lenguaje y matemáticas en la gran mayoría de los establecimientos municipales y particulares subvencionados. Como es costumbre, los colegios en contextos de vulnerabilidad son los que han obtenido los peores resultados y, por el contrario, los colegios particulares pagados son una vez más la excepción a la regla.

El SIMCE refleja la fotografía de un momento en la progresión del aprendizaje de niñas, niños y jóvenes, es la evidencia tangible de los resultados de un proceso educativo, de un modelo de desarrollo y de la identidad social de las comunidades escolares. En esta ocasión, intervinieron además otros factores en los resultados obtenidos: la revuelta social del año 2019, y el confinamiento debido a la Pandemia de COVID-19, lo que en nuestro país se tradujo en clases telemáticas para lo cual el sistema no estaba preparado.

Restringir la lectura de los datos únicamente a las dimensiones binarias de matemática y lenguaje es comportarse mezquinamente con la reflexión que debemos hacer frente a los resultados de esta evaluación estandarizada, si bien es importante el resultado académico, es relevante considerar otras aristas que están en juego en el complejo proceso de enseñanza y aprendizaje, como lo son las características sociodemográficas de las escuelas, la interculturalidad presente en las aulas a raíz de la migración, las posibilidades reales de hacer clases pertinentes a la realidad local de cada escuela en contextos telemáticos, los recursos materiales y profesionales con los que cuentan los establecimientos educativos a fin de transformar sus prácticas por unas más inclusivas e innovadoras, entre otros aspectos relevantes.

Lo más importante, que no se considera en la discusión actual, son las interacciones que se producen al interior del espacio didáctico entre docentes de aula regular, de educación diferencial y los propios estudiantes, y que se vieron mermadas por la incapacidad del sistema de abrir prontamente las escuelas, y generar las condiciones para que el profesorado tuviese las posibilidades reales de realizar una buena gestión del aprendizaje en un contexto de crisis global. No podemos leer los datos de resultados del SIMCE sin observar el contexto interaccional, pues cuando este se desarrolla de buena manera, fecunda el clima de aula a partir de las emociones y la dialogicidad entre los involucrados, mejorando los aprendizajes de los participantes del proceso educativo.

El SIMCE recoge datos significativos sobre la realidad social de las y los estudiantes de Chile en el Cuestionario de desarrollo personal y social, y está información también debe ser puesta en tensión frente a los datos del conocimiento disciplinar. Es necesario entonces, que las autoridades y la comunidad académica analicen este instrumento en su globalidad, para comprender y transformar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Es momento de hacernos cargo de lo importante: concentrar los esfuerzos en una didáctica inclusiva e intercultural, que promueva emociones favorables para el aprendizaje en interacción con otros en espacios didácticos diversos.

Desde esta perspectiva, es difícil entender que los resultados de los cuestionarios de desarrollo personal y social no sean relevantes en el proceso de entrega de información ya que los aspectos cualitativitos del SIMCE -sin duda- podrían explicar de manera más sistémica e integral cualquier variación en los resultados cuantitativos.

Dra. Natalia Contreras Quiroz
Dr. David Román Soto
Facultad de Educación- UCSH

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