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La necesidad de pensar lo imposible. Reflexiones para un política post 18 de octubre en tiempos de pandemia. Por Jorge Norambuena

El reciente pasado que aún nos acosa del 18 de octubre y sus días, semanas y meses consecuentes nos enfrenta radicalmente a su anverso en contexto de pandemia, la calle como catalizador de lo político pareciera estar en cuarentena. Pero ¿se suspendió con esto lo político de la política que estalló por esos días?

La política no es lo mismo que lo político, y esto último, hagamos algo-poco-mucho-nada como ciudadanos y ciudadanas nos atañe tanto en las urnas, en una marcha, en el confinamiento. Sí, en el confinamiento. Lo político no deja de existir porque no se explicite ni vistosamente interpele a los políticos en el parlamento. No porque «la calle», como acción política, se haya “entrado a la casa” -aun cuando eso no es para todas y todos, ya sea por darse (malamente) un gusto o por necesidades vitales y/o laborales- se adormeció el empuje del estallido social, y cabe destacar que esta pudiera ser una pésima lectura de las y los políticos que bastante desorientados se vieron por esas fechas del 2019.

Un pequeño remezón y el terremoto se nos asoma. Que las cajas no llegan, que es mejor el efectivo, que los contagiados no calzan en las cifras, etc, da igual. Hoy pequeñas fisuras del discurso oficial parece ser un viento que tiende a remover las brasas que no han dejado de chispear. Pero el espacio político no es una parrilla sino una complejidad articulada entre lo emocional, lo social, lo económico, lo histórico, lo singular, lo colectivo y todo lo que podamos pensar que de una u otra forma determina nuestro quehacer como ciudadanas y ciudadanos del mundo.

Hay que salvar vidas, cuidar a las trabajadoras y trabajadores de salud que están siendo reventados por una presión laboral, física y emocional que hasta hoy no da tregua, cuidar a enfermos y las y los que están siendo afectados peligrosamente por el avance de la pobreza como efecto social y económico del covid, pero no estamos en momentos de descuidar el espacio de lo político, sobre todo después de un movimiento social que aún nos susurra al oído o de vez en cuando nos devuelve de una buena cachetada el sentido de realidad o por lo menos de actualidad, como pasa casi a diario en las poblaciones o barrios más vulnerables que demandan mayor protagonismo del Estado por las necesidades que están sufriendo.

“La calle” como delimitación de esa acción política que aún nos tiene hablando hasta el dia de hoy desde el 18 de octubre del 2019 no podía, por más revolucionarios que nos queramos ver, mantenerse sobre el cemento para toda la vida. Hay un proyecto que demandaba construirse pero en el contexto en el que estamos hoy parece imposible. Y es aquí donde tomo las palabras del filósofo Slavoj Zizek: nos han hecho creer que la política es el arte de lo posible sin embargo debemos reconsiderar que la política, más bien, es el arte de lo imposible. ¿Cómo pensamos, creamos, inventamos en el contexto actual un espacio de legitimidad y acción política que no apague las necesidades ni demandas sociales del 18 de octubre pero que no dependa hoy de esa acción que está por ahora suspendida y que fue “la calle”?

Es una pregunta necesaria de realizar, sobre todo porque parece inevitable que el “retorno a la normalidad” no será la normalidad del antes del 18 de octubre, sino la normalidad que no sin fuego puso sobre la mesa, querámoslo o no, temáticas validadas por millones de personas bajo un mismo cielo y que a la fecha aún esperan uno ya no sabe bien qué cosa más para ser tomadas como tal.

Ps. Mg. Jorge Norambuena M.

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