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La necesidad de un cambio de visión futura ¿Y si no pa ´qué? Por Luis Osorio

En la época que vivimos, debería existir un ambiente de gran humanización y la comprensión que, en circunstancias adversas, situaciones sustentadas por años, tendrían que experimentar un gran cambio.

Es un tiempo en que el gobernante debería estar al lado de los gobernados, aunque le signifique dejar convicciones de mercado y reconocer que la convivencia entre las personas, no requiere los patrones marcados desde el momento que se inicia la dictadura del año 73, que impuso un modelo vigente hasta la actualidad.

Los gobernados, son todos los ciudadanos y no sólo los electores de la elección en que el gobernante fue elegido, que, al no ser el voto obligatorio, provocó que la elección se definiera con mayoría relativa.

Las situaciones de catástrofe, como lo es el efecto de una pandemia, son determinantes en cambios profundos que se tornan necesarios basados en la evidencia. Del individualismo se podría pasar a lo social, el endeudamiento dejaría de ser parte de la economía, y la desigualdad que ha sido motivo de elocuentes discursos, debe disminuir en forma significativa y rápida.

El momento, tiene sus sellos propios en el país ya que en lo histórico tiene componentes adicionales, como lo es el proceso constituyente y que, por circunstancias especiales, nos hace estar involucrados en procesos eleccionarios que transcurren en forma paralela, a lo que es la contingencia sanitaria.

El 18 de octubre del 2019, se encuentra lejos de marcar un antes y un después. Con mayor fuerza era la demostración del antes, en cuanto a que el país construido desde el 11 de septiembre del 73, estaba amparado en una concepción de sociedad marcada por la injusticia, la desigualdad y lo contrario a dignidad. Son más de 30 años, casi bordean los 48.

Somos frutos de una gran carencia, determinada por los gobiernos post 90 y sus integrantes, a quienes les fue dando resultados el escalamiento de beneficios en lo individual, llegando dividendos económicos que no se habrían imaginado con anterioridad.

El efecto, es que los hace alejarse de una necesidad país de elaborar un proyecto de sociedad diferente, por el contrario, se impuso la adaptación plena al modelo.

Todo lo ocurrido entre el año 90 y los años actuales, eran perfectamente previsibles, con una derecha sin mayores dificultades en mantener sus directrices. De manera sucesiva el poder económico se fue favoreciendo aún más, tanto a nivel interno como en lo otorgado a las transnacionales.

Nunca se observó la intención del pensar en una sociedad diferente, sólo en períodos eleccionarios salían esas promesas al inocente, parafraseando a Violeta Parra, pero ya ganada la elección, se seguía en la construcción del oasis que tanto le gustaba a Piñera y el cual propagandeaba antes del estallido social.

La construcción de una sociedad diferente, no es algo que surge de un día para otro, se trata de un proceso de alta convicción de siempre y no son parte de aquellos que en el camino se fueron renovando, y contribuyeron al acrecentamiento de las injusticias. No se puede hablar de una sociedad mejor, si no hemos tenido la vivencia de un atisbo de una sociedad en que impere lo justo.

El sentido del estallido social, interpretado por el gobierno como una guerra, le confiere a la derecha la opción de una jugada estratégica, de convocar a un acuerdo en el que se encontraban presentes en su mayoría, los responsables de un país como en el que estamos y que se aprovecharon una vez más de las circunstancias.

Por cierto, no se puede poner en el mismo alero a todos, había presente fuerzas políticas más jóvenes que no conocen los zarpazos de sectores que actúan con mayor astucia y vuelcan a su favor las situaciones políticas. En lo semántico y político, es mejor hablar de haber obtenido un proceso constituyente, en lugar de haberlo ganado. El curso de la historia determinará lo real.

Por cuestiones coyunturales, efecto pandemia, las elecciones de constituyentes están mucho más cercanas a las de presidenciales, así los dos temas corren de manera simultánea.

El futuro debe estar determinado por siete aspectos conexos: la presidenciales, la Constitución, un nuevo parlamento en sintonía con una nueva Constitución, nuevas leyes acordes a la nueva Constitución, cambios de actitudes, el desarrollo de estilos de sencillez y como gran eje una forma de sociedad modelada de manera totalmente diferente con un proyecto de largo plazo.

Estos ejes no funcionan por separado, y tampoco pueden ser absorbidos por un programa de campaña, se requiere mucho más. Es el momento, en que algunos hidalgamente se deberían restar, porque ya tuvieron con creces la oportunidad de construir algo diametralmente opuesto a lo que ha causado todo lo que estamos viviendo. Las demostraciones de lo no realizado, están a la vista.

Son todos temas en que la improvisación, no sirve. También es del pasado, el discurso de la unidad para que no salga elegida la derecha. Cuando se habla de derecha, lo que se encuentra al otro lado no significa ser de izquierda, y el ser de oposición no significa haber entrado en sintonía con los cambios que se necesitan de manera integral.

Es el momento en que es urgente miradas, diferentes en lo social y humano, por el bienestar de todos, quedarse sólo con la intención de que no salga la derecha, forma parte de lo de siempre. La objetividad indica, que la mayoría de los ciudadanos no está en la política y la democracia debe apuntar hacia las mayorías, por tanto, cabe la interrogante de si a esas mayorías necesitan le es suficiente que no salga la derecha, o requieren cambios significativos.

Desde el año 90 en adelante, hubo 4 ocasiones seguidas en que no salió la derecha ¿y qué se logró? En el segundo gobierno de Bachelet, qué se hizo para no tener un segundo gobierno de derecha. Eso es una prueba contundente de las exigencias del momento actual.

El análisis precedente, es una mezcla de pasado presente y futuro, donde la imagen de entrada representa el sentido de lo que ocurre a uno y otro lado, es la imagen de la composición política partidaria.

Centrándose en el presente, la situación del país producto de todo lo anterior, ya difícil por efecto de la pandemia, es peor por el gobernante que tenemos, de carencia humana significativa, sin afectividad, con una frustración latente y tal vez una dosis de venganza en su interior.

Es el personaje ideal que no entiende o no quiere entender, la realidad del vivir. En los discursos más formales entra en contradicción con esos agradecimientos, que uno siempre espera en las últimas palabras finales, con una frase que uno espera, si es que tiene la paciencia para escucharlo hasta el final.

Un país basado en un modelo de incentivo al gasto y el endeudamiento, no está preparado para enfrentar situaciones económicas adversas para sus habitantes, un Estado con características centradas en lo social, dotado de sencillez y no a cargo de los más ricos, podría tener mayor posibilidad de enfrentar momentos con dificultades como las actuales.

En cambio, si el Estado se administra desde la tozudez de querer mantener el interés en un retorno a un tipo de economía de alto riesgo para las personas, significa que se ha llegado a una encrucijada sin salida, y, nuevamente apreciándose por ese lado, la necesidad de cambio, que en nada difiere del analizado bajo otro contexto en párrafos anteriores.

Si una persona con una situación económica digna, tiene cercano un ahorro para el caso de emergencia, se ve sometida a un problema que para resolverlo requiere recursos económicos, sin dudarlo recurre a ellos. Pero esto es una situación de minorías, en la mayoría de los hogares no se alcanza a provisionar un resguardo para emergencias.

Se recurre a la ley que está en proceso de promulgación, y que permite el retiro del 10% de los fondos previsionales, ante un Estado muy ausente, en manos de un gobierno que no sabe de la vida de los habitantes de su país. Por un lado, trata de tomar la defensa del futuro de las personas, aduciendo a que le van a disminuir los fondos a futuro, pero no tiene en cuenta la necesidad de vivir en el presente.

Como dato para el gobernante, quienes se quedaron sin dinero en los primeros dos retiros, fue porque tenían un ahorro previsional escaso, y era de necesidad absoluta en el presente.

La reflexión desde lo humano, podrá indicar que se viene un período complejo por tiempo largo, y para el cual hay que estar preparados, las políticas del gobierno que viene, deben estar operativas desde el primer día de su mandato.

Al observar la imagen de entrada, lo situado a la derecha, excepto por el factor Piñera, tienen factores de unidad mayores como lo es el dinero y la religiosidad, que los hace mantener una hegemonía de poder. Pero en medio, de todo esto y ante una convivencia sana, siempre queda la sensación de la desigualdad creciente, en que el rico se hace más rico, el pobre se hace más pobre y quienes estaban clasificados en clase media, bajan unos cuantos peldaños y se podrían empezar a asomar a la pobreza. Por un instante se puede pensar, en qué se le viene a la cabeza al gobernante cuando se para frente al espejo, a diario, y se encuentra con uno de los más ricos. Lo más seguro que no le importa, lo deja que permanezca dentro del espejo y se va.

La dignidad se consigue sólo con un cambio de sociedad, con los que tienen el mérito y la inteligencia para impulsar las transformaciones. Esto debe ser de entendimiento de quienes están al otro de la derecha, con la máxima de proponer algo tan diferente, en que se retomen las confianzas de la partida de lo que no hizo por un buen tiempo. Si no nos inmiscuimos en esta mirada, nos sumergimos en el statu quo. Es el momento de juzgar y auto juzgarse, pero ahora ya, después es tarde y fácilmente pueden pasar 50 años. La unidad para que no salga la derecha, en lo actual, es muy mínimo. Se trata de algo de mucho mayor alcance que un mero cambio de gobierno, si no se entiende de esta forma, es un signo de una frase que la observo con desagrado, como lo es que vivimos en el país que nos merecemos. Suena a conformismo.

El camino es la sustentación de una Sociedad que provenga del conocimiento y claridad meridiana, que sea el reflejo de una concepción política perdurable, no con volteretas, que aparentan haber entendido y sentirse ser el representante genuino para la construcción de un Chile Digno. Nuevamente, la memoria de otra canción, esta vez no se trata de elegir un presidente, debe estar en juego un Chile muy diferente, del cual forman parte muchos más de los que integran la imagen que se observa al comienzo. No sólo es necesario un país que despertó, sino que se debe añadir un país que aprendió.

28 de abril de 2021

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