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La necesidad de una filosofía de la cultura chilena. Por Alex Ibarra Peña

Cada tercer jueves de noviembre se celebra el Día Mundial de la Filosofía, fecha que releva la importancia de este quehacer que alude a varias tradiciones de pensamiento que componen concepciones, escuelas y estilos filosóficos que pueden ser bien distintos entre sí, cuestión que pone en evidencia esa vocación crítica que suele identificar a los pensadores que son parte del estudio de la disciplina. Usando una metáfora a la que suelo recurrir con cierta frecuencia, perteneciente a Wittgentein, se puede decir, que por muy diversas que sean las expresiones de la filosofía, existe entre ellas algo común, cuestión que les aporta un cierto aire de familia, así sucede por ejemplo con los juegos y con el lenguaje.

Una de las características comunes que se suele reconocer para que un pensamiento cuente como filosófico es eso que se entiende como su universalidad, cuestión compleja que lleva a un exceso de abstracción de las ideas, en el sentido de sistemas filosóficos como el platónico u otros que otorgan una existencia a las ideas separadas de los sujetos que la producen. Es largo el recorrido de las discusiones filosóficas, existen buenos manuales que resumen su historia uno clásico es el de Manuel García Morente o el de Humberto Giannini que son escritos en nuestra lengua.

En Chile tenemos el ejercicio de la profesión filosófica ligada fundamentalmente a las universidades, en ellas se imparte clases de filosofia, también algunas apoyan la producción de libros, son varios los libros que escriben las filósofas y filósofos chilenos. La ANID es un organismo del Estado que financia investigaciones de filósofos que participan de estos fondos concursables, el Fondo del Libro es otra posibilidad para poder financiar publicaciones. Varias universidades realizan cierta presión apoyando la participación en los concursos siguiendo los estandares de la efectividad en la competencia que no siempre estimulan el ejercicio genuino del pensamiento, convirtiendo a los filósofos en verdaderos emprendedores y administradores de la gestión del saber.

Este tipo de filosofía disciplinada suele dialogar con las tradiciones universales, principalmente occidentales y eurocéntricas. Cuestión que aleja a la filosofía de su ejercicio más crítico y atrapada en una cierta idea de universalidad que jerarquiza la producción filosófica en una geopolítica de la dominación. Esto en parte explicaría la ausencia de un ejercicio de las prácticas filosóficas vinculadas a elementos culturales más propios.

Pensar una filosofía de la cultura que tenga en consideración los productos realizados por nuestros creadores es una posibilidad para el pensamiento filosófico genuino, entiéndase esto como una salida a la impostura intelectual que rodea a la academia clausurando el pensamiento. El desarrollo de los pueblos requiere de un sustento filosófico que fundamente su identidad o su razón de ser, este es uno de los bienes que la filosofía puede aportar a nuestra sociedad extraviada de una causa común.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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