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La Nueva Constitución como un clivaje en la Derecha. Por Cristián Martínez Arriagada

El actual Proceso Constituyente, el contenido de la “Hoja de Ruta” establecida el amanecer del 15 de noviembre de 2019 y la discusión respecto de la violencia, han forzado a los actores políticos de todos los sectores a tomar definiciones. Podemos constatar que el debate constitucional puede moldear las alianzas políticas de aquí en adelante, de una forma que no ocurría quizás desde el plebiscito de octubre de 1988. Acá seguimos lo propuesto por Tironi y Agüero, quienes en su momento señalaron que la división política surgida con ocasión de dicho plebiscito habría establecido una nueva fisura (cleavage), una ruptura sociopolítica entre quienes se identificaron con el autoritarismo v/s democracia, y que se habría mantenido desde entonces hasta la fecha.[1]En esta ocasión ese clivaje se vería superado por otro, y la división se daría entre las fuerzas políticas que suscribirían una Nueva Constitución y las que aun defienden la pinochetista

 

Esta discusión constitucional puso en su momento a la alianza gobernante y a sus dirigentes en colisión, especialmente, debido a la postura de la UDI respecto de identificarse de inmediato con la opción por el Rechazo a la eventual nueva Constitución. En Renovación Nacional muchos también consideraron que la directiva, presidida en ese entonces por Desbordes, estaba siendo demasiado “entreguista” respecto de sus posiciones ideológicas, y para distender el ambiente interno, finalmente se dio libertad de acción a los militantes respecto de qué optar de cara al plebiscito[2]. La idea del partido es que, luego del plebiscito de entrada, sus distintas facciones puedan converger en términos ideológicos respecto del contenido de la nueva Constitución y en la nominación de los futuros constituyentes. En el caso de la UDI, el actual debate estaría poniendo en tela de juicio los principios básicos que han sustentado su propia existencia como partido, y ello se ha agudizado, especialmente, desde que a su derecha tienen al Partido Republicano de JA Kast, un nuevo referente que les puede conquistar buena parte de su electorado más duro. Si se llegase a desmontar la actual Constitución, todo por lo que dicho partido ha bregado desde su nacimiento ya no tendría sentido. Pero la real complicación del partido es haber convenido con la rúbrica de su presidenta en el tan cuestionado Pacto por la Paz, la Justicia y Nueva Constitución. Su mayor temor reside en que se cambien todas las reglas de juego, reglas que, según ellos, han beneficiado tanto a Chile durante los últimos 40 años. ¿Qué sucederá entonces con las inversiones? ¿Qué sucederá con el Estado Subsidiario? Otro factor que dificulta la relación en la derecha se debe a la autopercepción de la UDI. Durante muchos años, fue el partido mayoritario, y por eso aun pretende imponer su derecho a veto, sin embargo, desde la última elección parlamentaria las cosas han cambiado, y hoy el principal partido en la derecha es RN. A ellos debemos sumarle el pequeño pero decisivo poder electoral de Evópoli, el tercer socio de la coalición, quien desde un liberalismo cultural está más próximo a RN, pero cuya ortodoxia económica lo acerca a la UDI. En tal sentido, las distintas fuerzas al interior de dicha coalición estarían en un virtual empate.

 

En todo caso, esta no es ni por mucho la mayor crisis que ha sufrido ese sector político. Recordemos que el origen de la actual derecha data de 1987, cuando convergen varios movimientos (la UDI, el Frente Nacional del Trabajo y la Unión Nacional) en un solo partido: Renovación Nacional, y un año después éste se escinde[3], y los descolgados, liderados por Jaime Guzmán, conforman la “UDI por el SI” para apoyar en el plebiscito de 1988 a Pinochet (al parecer los plebiscitos tienden a tensionar a la derecha). Sin embargo, ambos partidos compartían, hasta hace poco tiempo, las mismas actas fundamentales, pues fue el propio Guzmán el encargado de redactarlas cuando aún era miembro de RN. Es esta situación la que tiene consternados a los viejos simpatizantes de aquella derecha pinochetista.

 

“Más grave aún resulta la existencia en cada uno de esos partidos de parlamentarios contrarios a la vigencia del actual texto, si se considera que las declaraciones de principios de ambos conglomerados -originalmente escritas por el mismo redactor principal del texto constitucional vigente -siguen siendo en gran medida coincidentes con la Carta Fundamental actual. Por eso, cuando avance la campaña para el plebiscito, tanto la UDI como RN se seguirán quebrando en dos sectores, enfrentados no por el tag o por las AFP, sino que, por la concepción de la persona humana, el Estado subsidiario o el rol de las Fuerzas Armadas.”[4]

 

Lo que está en juego entonces, es qué grupo de la derecha optará por una visión más moderna, alejándose de una vez por todas de la sombra de la dictadura, y quiénes quedarán como los garantes del legado de Jaime Guzmán, que para algunos es la única derecha verdadera y posible. Dependiendo de este reordenamiento será también la continuidad de todos estos partidos en una sola misma coalición pues, tal como ocurrió en su minuto con los partidos de la Concertación, hoy los une más el pasado que un proyecto de futuro. A ello se le suma un proceso que está aconteciendo en otras partes del mundo: el lento, pero inexorable crecimiento de la ultraderecha.

 

Independiente de cómo se organicen en función de la Nueva Constitución, lo cierto es que, si no existe un recambio de ideas, van a ir quedando rezagados respecto del país real. Si en los años 70 fueron una suerte de vanguardia de la contrarrevolución con un discurso unitario, ofreciéndole un novedoso proyecto político a la dictadura, hoy solo son los custodios de un cadáver que tiene muy poco que ofrecer. No cabe duda que el estallido social es el origen de toda esta tirante situación al interior de la derecha, donde algunos han tenido un mejor olfato para poder sortear los “tiempos difíciles” (parodiando el eslogan de campaña de Piñera de “Tempos Mejores”), en cambio, a la UDI, por su rígida estructura y postura ideológica, le resulta mucho más complicado enfrentar escenarios cambiantes como el actual.


[1] J. Samuel Valenzuela y otros han señalado, en cambio, que aquella división no representa una ruptura socio-histórica como los tradicionales clivajes planteados por Lipset y Rokkan, y solo sería un alineamiento político momentáneo.

[2] División por nueva Constitución y apoyo a conducción de Desbordes marcan consejo RN; El Mercurio C7; 15/12/2019

[3] “El quiebre de Renovación Nacional”, Revista APSI244, del 21 al 27 de marzo de 1988; pp. 4-7

[4] “RN y la UDI, quebrados”, Gonzalo Rojas; El Mercurio A3; 18/12/2019

*Cristián Martínez Arriagada es cientista político

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