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La Nueva Constitución otra posibilidad democrática. Por Alex Ibarra Peña

Los procesos de cambios políticos, en nuestra historia, han optado por la vía democrática. Esto ha sido una lucha constante en el ámbito de disputa por el poder. Los poderes oligarcas y algunos privilegiados han tenido su espacio de poder con escasas ideas y con un excesivo recurso al engaño promoviendo un escenario que apunta a la activación de los miedos propios de los más desamparados en el injusto sistema de distribución de los bienes.

La campaña de José Antonio Kast fracasaron en esta constante estrategia sin que sus adversarios políticos lograran un relato, ideas o programas sólidos. El pueblo salió a votar y con su participación política responsable logró frenar la amenaza democrática que representaba el líder político de la derecha más conservadora. La voluntad popular logró en este hecho un triunfo político en el espacio del poder.

Ese triunfo popular es el que tiene nerviosos a los sectores oligarcas y privilegiados. Varias figuras públicas se han sumado en el intento de bloquear la voluntad popular sumándose a la habitual campaña de la generación del temor basada en el engaño. Los medios de comunicación convencionales también ya iniciaron su campaña en contra de la democracia popular. Los mercenarios ideológicos están alistados con las tonalidades y retóricas del pinochetismo.

La esperanza nuevamente está puesta en la democracia y como siempre sólo se logrará si el que el pueblo de manifiesta en su genuina voluntad. El hecho claro es que el pinochetismo reformado en democracia fracasó y esa Constitución es la que ha permitido un régimen de injusticia insostenible que ya fue reclamado en las movilizaciones del 2019.

El renacer de este invierno irá brotando acercándose a la primavera. La derecha no podrá contener ni con el engaño ni con la campaña del terror la instalación de un nuevo sistema político que es más inclusivo y por lo tanto más representativo que busca abrir espacios posibles a una mayor justicia social que la que han permitido los ahora enemigos del constitucionalismo.

La historia ofrece estas posibilidades en que la ciudadanía organizada debe asumir su responsabilidad participativa que permita disputar el espacio de poder a los peores enemigos de la democracia, estos son los privilegiados.

Los jóvenes y las clases populares apenas tomados en cuenta en la institucionalidad democrática de los últimos años, pero que han sido protagónicos en cada fisura al pinochetismo serán fundamentales en este proceso que en el apoyo a la Nueva Constitución genera espacios para el Chile que somos y no el Chile que nos han impuesto quitándonos la dignidad. Este proceso de transformación política en esta vía democrática puede ser un triunfo del pueblo organizado superando las estrategias conocidas de los más interesados en que nada cambie.

Alex Ibarra Peña.
Dr. en Estudios Americanos.

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