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La Partida del Claudio. Por Fernando Torres Veliz

Ayer se me fue Claudio de las manos; ayer era sábado once de mayo del 2024. El mundo es cruel y sofisticadamente hipócrita. Debo decirlo aunque me cuesta mucho hablar de cosas negativas. Claudio era un amigo de la juventud con el cual compartimos las mas increíbles experiencias. Siempre nos tuvimos en la memoria y hasta escribimos varias canciones juntos. Nunca se lo dije pero para mi, ponerle letra a sus melodías, siempre fue un enorme desafío. Ponerle letras al trabajo musical del maestro siempre me llenó de felicidad y orgullo y nunca se lo dije. Afortunadamente a Claudio Aníbal le gustaban mis poemas tanto como a mi me gustaba su música. Cuando componía tarareaba las vocales, las esdrújulas y las graves pero no pronunciaba palabra alguna. Esto le daba a su trabajo un sentido muy popular porque fácilmente estas melodías y tonalidades se quedaban grabadas rápidamente en cualquier hipocampo. Un día, en un barrio popular de un Santiago de verano, Claudio Aníbal Araya me mostró una melodía recién terminada. Esta dedicada a mis tíos, me dijo. Mis tíos son pampinos y siempre estuvieron luchando junto a la clase obrera pampina. Veo a mi tía regando el desierto de Atacama y siempre esperando, no se que, pero siempre esperando y también veo a mi tío visitando, muy formal, un pampino con muchas ganas de cambiar todo. Gente pobre. A ver si escribes algo, me dijo. Después de alimentarme con mas detalles nos pusimos a trabajar y así nació la canción El Paletó de Santiago, una canción que Claudio Aníbal Araya Correa, junto al tema El Fulgor, incluyo en su grabación con el mismo nombre. Yo me sentí muy orgulloso del trabajo, pero nunca se lo dije.

Todos los genios musicales, todos les genios en general, tiene dificultades para relacionarse con su entorno y tiene sensibilidades muy difíciles de descifrar. Claudio no fue una excepción. Tenia una habilidad para escribir música que era mas efectiva de lo que el podía hablar o vocalizar. Sus ruidos vocales, murmullos, susurros, cuchicheo y musitaciones que agregaba en sus grabaciones eran muchas veces muestras de que Claudio se interpretaba mejor con musitaciones que con verbos, frases y palabras.

Claudio siempre mantuvo una dura lucha con su interior lo que lo hizo vivir siempre alejado de su cuerpo. Esto permitió que mucha gente, amigos y seguidores lo mal entendieran. Incluso el rechazo mismo. Muchos lo rechazaron por su apariencia. A pesar de esto - debo decirlo enfáticamente - hubo muchos ángeles que lo comprendieron y lo ayudaron hasta donde pudieron; uno de esos ángeles fue “El Macha”. El sábado pasado entre dolores y mucha música interior, Claudio dió su última batalla. Pero no dejan de sorprenderme las palabras de elogio que Claudio esta recibiendo ahora que se fue de este plano. Sin lugar a dudas vivimos en un mundo cruel y sofisticadamente hipócrita. También debo decir con un doloroso y profundo dolor: el arte de Claudio Araya nutrió energúmenos comerciales sin talento, pero con mucha algarabía al ritmo de la fiesta de la “izquierda” y el descaro del sistema triunfante. Claudio venía de una familia de modestos pampinos. Quizás esa haya sido la razón de sus dificultades de relacionarse con los músicos de la clase media arribista del gran Santiago. Todos ellos alababan la pericia y genialidad de Claudio entre susurros. Pocos reconocieron estas habilidades a viva voz ni en acciones concretas. Ni hablar de las oficinas gubernamentales, de aquellos que creen trabajar con “el arte y la cultura”. Nada; siempre ignorado. Solo silencio. Claudio vivió siempre con esa daga en su pecho; a pesar que con los años aprendió a enfrentar esa indiferencia.

Después del fatídico día martes once de septiembre del 73, a Claudio lo tuve asilado junto a otros, en la “embajada”; mi casa. A mi padre le parecía simpático el muchacho y nunca objetó su presencia. Desconectados de cualquier militancia, pasábamos tocando y haciendo música. Así nació el tema El Sikus de Lukay que fue grabado mas tarde por nosotros mismos en uno de los primeros discos de Fernando Chepo Sepulveda.

Una noche después de una presentación en el Tambo Atacameño de Antofagasta fuimos detenidos por la policía por infringir el “toque de queda”. Ibamos cargados de raros instrumentos que a lo lejos parecían grandes ametralladoras. Claudio les rogó a los oficiales que no le hicieran nada a los instrumentos porque estos eran nuestro medio de subsistencia. Al parecer los policías escucharon los ruegos de Claudio porque en el cuartel cerca de la Plaza Colon pudimos escuchar los ruidos de los policías tratando se sacarle sonido a las cañas. Esa fue la primera y última vez que con Claudio dormimos de pie junto a otros detenidos; borrachos y todo tipo de aves nocturnas.

Luego llegó el Grupo Tambo que por problemas con el Tambo Atacameño tuvieron que cambiar el nombre por Huara; un pequeño caserío en el norte grande de Chile. Los “pajaritos” Claudio Chato Molina, Bernardo Chino Contreras y Claudio Araya comenzaron a desarrollar un estilo propio; una forma musical nueva, refrescante, joven y atrevida y arreglar temas clásicos de la nueva canción utilizando estilos nunca antes escuchados. Sin quererlo, estos chicos comenzaron una escuela musical única que seria seguida por muchos jóvenes músicos. Con el charango del Claudio, el tiple del Chato y la quena del Chino, el grupo Huara rápidamente se convirtió en un referente nuevo que le dio a la nueva canción chilena - con sus estilos un tanto agotados - aires frescos una nueva dirección. Después del término del grupo, Claudio comenzó una carrera de solista que lo llevo a participar en variados grupos santiaguinos. Fue un largo proceso en el cual; Claudio grabó variados trabajos logrando llamar la atención de gran parte de la elite musical santiaguina. A pesar de la indiferencia, la envidia y los celos que los propios chilenos reconocen como “el pago de Chile”, la partida de Claudio deja un gran vacío en la música instrumental Chilena. Es una dolorosa pérdida; la de un gran músico chileno, un magnánimo creador que refrescó la nueva canción chilena y que carente de un esnobismo educacional agregó nuevos acordes y mostró nuevos rumbos a la música popular latinoamericana. Este mundo cruel y sofisticadamente hipócrita nunca fue para Claudio. El músico antofagastino siempre se encontró caminando hacia arriba solo, como tratando de llegar al ancla del cerro. Pero nada fue en vano. Su trabajo aquí en la tierra, en donde hemos quedado relegados nosotros, fue muy productivo, creó escuela, marcó generaciones dejando una estela de buenas melodías, futurísticos sonidos y un compromiso mayor con su pueblo. Ya nos haces mucha falta queridísimo Claudio. ##

El paletó de Santiago
Musica: Claudio A. Araya / Letra: Fernando A. Torres

Vuelvo a vivir en tus pasos de ayer
de tus ojos pampino el calor hacia mi
vuelvo a sentir tu silueta viniendo
arriesgando la luz

Perla y coral es la tía Maria
y su balde regando imposible el amor
la sequedad al amparo de dios
de toda soledad

Santiago visitas chaneado buen modo
mi viejo te alzaron el costo a la vida
Santiago me traes la pampa retina
mi viejo levantas un puño en la plaza

Al caminar se me nubla la vista
y sus pasos me traen la arena y el mar
al recorrer la memoria en tu mano
de antigua canción

Perla y coral es la tía Maria
y su balde regando imposible el amor
la sequedad al amparo de dios
de toda soledad

Santiago visitas chaneado buen modo
mi viejo te alzaron el costo a la vida
Santiago me traes la pampa retina
mi viejo pampino alzado en la plaza

mi viejo levantas un puño en la plaza ##

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