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La permanente historia de descolonización. Por Alex Ibarra Peña

El pensador Walter Mignolo señala en uno de sus importantes libros: «Después de todo, el continente americano existe sólo como una consecuencia de la expansión colonial europea y los relatos de esa expansión desde el punto de vista europeo, es decir la perspectiva de la modernidad». Esto lo extraigo de su libro «La idea de América latina. La herida colonial y la opción decolonial» (2005).

Si pensamos en los procesos emancipatorios del siglo XIX, podemos observar que tuvieron como resultado un cambio de orden político que reemplazó al sistema de la monarquía con la instalación de la república. Sin embargo, el sistema social siguió siendo excluyente dada la reducida participación política de sujetos sociales no pertenecientes a la élite criolla. El orden político-social que se instalaba en el poder excluyó a toda la clase popular bajo distintos argumentos, tales como, la posesión de la letra, la tenencia de propiedad que excluían no sólo a clases sociales, sino que también a las mujeres y a los jóvenes, reiterando de este modo ideas políticas que buscaban fundarse en la «autoridad» de Aristóteles que ya había sido refutado por Rousseau con la publicación de «El origen de la desigualdad». Estas ideas políticas de Aristóteles serán continuadas, en parte, por el tomismo que sigue instalado en nuestras academias hasta nuestros días.

Así se fue imponiendo una valorización cultural con predominio de ideas «occidentales» desde la hegemonía desplegada por el Estado-Nación. La cultura del poder se fue forjando desde esta evidente reducción cultural impuesta por una clase dominante que ya hemos mencionado como «élite criolla», que además fue la que condujo los hitos bélicos en torno a la Guerra del Pacífico y la mal llamada Pacificación de la Araucanía.

Un quiebre a esta visión hegemónica aparece testimoniada en nuestros relatos históricos con un hito revolucionario nutrido por ese movimiento colectivo denominado como «La Sociedad de la Igualdad» liderada por Santiago Arcos y Francisco Bilbao quienes fueron capaces de visibilizar a otros sujetos sociales comprendiendo la importancia de otorgar un reconocimiento protagónico a éstos como sujetos de transformación política. Este intento fue apagado con las armas, muertes, torturas, encarcelamientos y exilios. La violencia del poder hegemónico del Estado operó con eficiencia y sin piedad. Sin embargo, esas ideas y esos relatos de modelos políticos-sociales alternativos están ahí en nuestra historia, disponibles para ser rescatados en la memoria colectiva que fecunda la resistencia a la élite de los privilegiados en la disputa por el campo del poder. Esta es nuestra historia colectiva, la de la disputa permanente desde la organización de los sectores populares y los sectores excluidos.

El siglo XX será más rico en relación a la organización de distintos sujetos sociales marginados de la participación y que comienzan a tomar conciencia sobre su condición social y las posibilidades de participación política: los obreros, las mujeres, los campesinos, los negros, los indios, etc. Estos sujetos sociales invisibilizados permanecieron en un subsuelo político, como bien lo ha interpretado el filósofo boliviano Luis Tapia en su libro «La política Salvaje».

La conmemoración del Centenario de la Independencia se convirtió en un diagnóstico profundo que daba cuenta de las exclusiones y de los abusos de los privilegiados hacia las clases populares no representadas en el Estado. Se destacaron importantes ensayistas como Luis Emilio Recabarren en «Ricos y Pobres», Tancredo Pinochet en «Inquilinos en la Hacienda», como no mencionar aquí la escritura de nuestra madre intelectual Gabriela Mistral, entre otros. En el Perú «Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana» de José Carlos Mariátegui mostrándonos las formas y posibilidades de un «marxismo latinoamericano». Por otra parte, pasando ya la primera mitad del siglo XX, con la aparición más visible de la causa de liberación de los negros, con aportes siginificativos de textos como «Los condendos de la tierra» de Franz Fanon aportando a una visión importante para comprender la legitimidad del uso de la violencia por parte de las victimas.

Todos estos ensayos liberadores todavía aparecen cercanos a las influencias culturales hispanistas y europeas. Sin embargo, son aportes fundamentales para el reconocimiento político de varios sujetos sociales que habían sido excluidos y que son invitados a organizar la instalación de sus protagonismos políticos.

Tal vez un autor menos conocido, pero diría yo más original, viene a ser el boliviano Fausto Reinaga quien iniciando la década del setenta logra publicar un texto representativo de lo que se suele presentar como un primer momento de su pensamiento, éste es la «Revolución India». Texto que será el punto de partida para iniciar una radicalización de sus ideas hasta llegar a la formulación de su pensamiento amaútico.

El pensamiento amaútico creo que en nuestros días es la forma más avanzada para la formulación de un pensamiento que posibilite la descolonización del «paradogma» occidental que atenta contra el proceso de reconocimiento de nuestro plurinacionalismo dada en la diversidad de nuestras identidades. Esta forma de pensamiento filosófica, política y cultural de situación alternativa -por ser genuina- para la disputa ideológica en la superación de los males del clasismo y racismo con los que nos vemos enfrentados día a día.

No he planteado aquí grandes tesis, sólo he expuesto parte de un relato histórico que rememora lo que mencioné al inicio como la permanente historia de descolonización. Como dice el mito del Pachacuti después de 500 años los hombres convertidos en piedra despertarán, cuestión que será posible cuando tomemos conciencia de que «somos tierra que piensa», como decía Reinaga.

Nuestra tarea a favor del proceso por la descolonización que busca superar al clasismo y racismo, no puede desaprovechar ninguna instancia posible en la disputa en el ámbito del poder en favor de la democracia más radical, lo cual sólo es posible en proyectos que desde la experiencia íntima o propia se consolide en la conciencia de un despertar colectivo fundado en el reconocimiento y en la solidaridad.

Alex Ibarra Peña
Dr. en Estudios Americanos.

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