Entre el legado portaliano y los desafíos contemporáneos de la gobernabilidad democrática
“Este país no se gobierna con leyes solamente; se gobierna con autoridad.”
Diego Portales, carta a José Manuel Cea, 1834.
La pregunta por el orden ha sido una constante en la historia política de Chile. Desde el siglo XIX, la consolidación del Estado estuvo estrechamente asociada a una concepción de la gobernabilidad que privilegiaba la estabilidad institucional y la autoridad política como condiciones para el funcionamiento de la república. En ese contexto, la figura de Diego Portales se transformó en un referente central para comprender la forma en que el sistema político chileno enfrentó el desafío de construir orden en una sociedad marcada por la fragilidad institucional.
La noción de “Estado portaliano” ocupa por ello un lugar relevante en la interpretación historiográfica y politológica del proceso de formación estatal en Chile. Con esta expresión se alude a un modelo de organización política caracterizado por la centralización del poder, la primacía del orden institucional y el protagonismo de una autoridad política fuerte como condición de estabilidad republicana.
Las ideas asociadas a Portales no constituyen una doctrina sistemática, sino una respuesta pragmática al problema de la gobernabilidad en las jóvenes repúblicas latinoamericanas. En sociedades marcadas por instituciones frágiles, conflictos entre facciones y escasa experiencia republicana, la prioridad política era asegurar la estabilidad del nuevo orden estatal. Desde esa perspectiva, la consolidación de la autoridad aparecía como condición previa para el funcionamiento efectivo de las instituciones.
Esta concepción contribuyó a configurar una cultura política que marcaría la trayectoria del Estado chileno durante gran parte del siglo XIX. La consolidación de la república se apoyó en una estructura estatal fuertemente centralizada, con un Poder Ejecutivo robusto y élites políticas que privilegiaban la estabilidad institucional por sobre la expansión inmediata de la participación política. En términos analíticos, este esquema puede entenderse como una respuesta histórica al problema de la gobernabilidad en contextos de institucionalidad incipiente.
La ciencia política contemporánea ha interpretado este modelo también como una matriz de gobernabilidad. Sin embargo, su persistencia no puede explicarse únicamente por la continuidad institucional. El llamado imaginario portaliano funciona también como un lenguaje político recurrente: una forma de nombrar el problema del orden cada vez que el sistema político percibe amenazada su estabilidad. En ese sentido, más que un legado doctrinario, se trata de un repertorio interpretativo que reaparece cíclicamente en momentos de crisis o de emergencia.
Desde esta perspectiva, el impacto del Estallido social de 2019 en Chile resulta particularmente significativo. Más allá de sus múltiples interpretaciones, aquel episodio evidenció una profunda crisis de las formas tradicionales de mediación política. La magnitud de la movilización social, la erosión de la confianza en las instituciones y la expansión del conflicto en el espacio público pusieron en cuestión la capacidad del sistema político para canalizar demandas sociales dentro de los marcos institucionales existentes.
En términos politológicos, este proceso puede interpretarse como una ruptura del equilibrio entre autoridad estatal y legitimidad social que había caracterizado al sistema político chileno durante décadas. En contextos de este tipo —marcados por la percepción de desorden o debilitamiento institucional— reaparecen con fuerza las apelaciones al restablecimiento del orden y al fortalecimiento de la autoridad estatal.
En ese escenario se inscribe también la actual etapa política bajo el gobierno encabezado por José Antonio Kast, cuyo discurso ha enfatizado la necesidad de recuperar estabilidad, seguridad y capacidad de conducción estatal.
El énfasis contemporáneo en seguridad, control institucional y estabilidad política introduce resonancias con esa tradición histórica de concebir la gobernabilidad. No se trata de una reedición del modelo del siglo XIX, sino de la reaparición de una lógica política que otorga prioridad al fortalecimiento de la autoridad estatal como respuesta frente a contextos de fragmentación o crisis institucional.
Sin embargo, las condiciones del Chile contemporáneo son muy distintas de aquellas en que se consolidó ese modelo de autoridad estatal. El orden político del siglo XIX se construyó en una sociedad con niveles muy limitados de participación política y con un sistema de élites relativamente cohesionado.
El Chile del siglo XXI, en cambio, se caracteriza por una sociedad más plural, con mayores niveles de información, actores sociales diversos y expectativas democráticas considerablemente más amplias. En este contexto, la apelación exclusiva al fortalecimiento del orden estatal difícilmente puede constituir una respuesta suficiente a los desafíos que enfrenta el sistema político.
La propia historia política chilena ofrece aquí una advertencia relevante. Los modelos de estabilidad basados exclusivamente en la autoridad institucional tienden a enfrentar límites cuando no logran procesar adecuadamente las demandas sociales que emergen desde la ciudadanía. En las democracias contemporáneas, la gobernabilidad no depende únicamente de la capacidad del Estado para imponer orden, sino también de su capacidad para producir legitimidad, integrar el conflicto social y canalizar institucionalmente las demandas de la sociedad.
En definitiva, el debate actual no remite simplemente a un retorno del Estado portaliano. Lo que emerge es la reactivación de una forma histórica de interpretar la política chilena: aquella que sitúa el problema del orden en el centro de la gobernabilidad. Cada vez que el sistema político atraviesa momentos de incertidumbre, resurgen discursos que privilegian la autoridad estatal como respuesta a la crisis. Comprender por qué ese lenguaje político retorna de manera recurrente —y quiénes lo movilizan en distintos contextos históricos— constituye hoy uno de los desafíos interpretativos para el análisis politológico del Chile contemporáneo.
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Rossana Carrasco Meza es Profesora de Castellano, PUC; Politóloga, PUC; Magíster en Gestión y Desarrollo Regional y Local, Universidad de Chile
