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La pertinencia política de las filosofías de la liberación. Por Alex Ibarra Peña

La expresión filosofías de la liberación podría incluir a una prolífica producción de textos escritos por nuestros filósofos y filósofas latinoamericanos que han hecho planteos críticos de diagnóstico y superación de las condiciones de dependencia económica y cultural.

Sin embargo, esta expresión se ha venido usando para designar a un movimiento filosófico generado en Argentina, más o menos hace cincuenta años, iniciando la década de los setenta. Este grupo no tan homogéneo -como lo ha descrito Horacio Cerutti en «Filosofía de la liberación Latinoamericana» (1983)- tuvo distintos postulados. Como se sabe los más popularizados son los de Enrique Dussel a partir de su diálogo con distintos filósofos académicos europeos y norteamericanos que han contribuido a su reconocimiento y difusión. Esta trascendentalidad de Dussel no quita el mérito a tantos otros pensadores que fueron destacando con su pertenencia al movimiento: Arturo Roig, Carlos Cullen, Mario Casalla, Juan Carlos Scannone, Roberto Follari, etc.

Es conocida, por los filósofos latinoamericanistas, la polémica entre Cerutti y Dussel, desde la publicación del libro mencionado. En este texto se plantea una clasificación que distingue posiciones al interior del grupo argentino, dadas principalmente por el grado de adherencia a la ideología del nacionalismo peronista, diferenciándose a grosso modo un sector populista y un sector crítico. Esta clasificación es la que ha hecho irreconciliable la relación entre estos dos importantes filósofos argentinos exiliados en México.

Lo relevante de esta pugna es que se instala la posibilidad para un desplazamiento al uso plural de la expresión «filosofías de la liberación». El mismo Cerutti y otros estudiosos de este movimiento ya han instalado este uso. Desde mi punto de vista esta expresión enriquece el debate filosófico y aporta diversidad a la filosofía latinoamericana, pero, considero que las razones para fundamentar este pluralismo pueden fortalecerse. Si bien la pluralidad de visiones en el movimiento argentino constituye un punto de inicio, creo que se puede visualizar otras manifestaciones de filosofías de la liberación en los textos del peruano Augusto Salazar Bondy y en los del chileno Juan Rivano.

La hipótesis novedosa que ofrezco es que dicha pluralidad en las filosofías de la liberación estaría dada al establecer la existencia de propuestas liberacionistas que arrancan de categorías distintas. Con esto pretendo señalar que se puede establecer la concurrencia de distintas categorías liberadoras en algunos filósofos latinoamericanos con propuestas de liberación en un contexto de resistencia alternativo a las teorías poscoloniales. No acudiré a las teorías poscoloniales sino a una tradición, tal vez menos visibilizada al interior de la historia de las ideas que podríamos reunir bajo la conceptualización de «marxismo latinoamericano».

Tiene sentido revisitar a los autores conocidos en la tradición de la filosofía de la liberación escapando de las lecturas estandarizadas, incluyendo una insistencia ideológica y no meramente epistemológica. La recuperación de lo político desde la profunda convicción de denunciar las injusticias históricas que sufren nuestros pueblos promueve la expectativa hacia ese horizonte por venir, en cuanto maduración del fruto de la lucha y construcción liberadora. Esto implica la recuperación de autores invisibilizados, la reinterpretación de los ya canonizados y la integración de los nuevos planteamientos que han venido surgiendo en nuestro devenir histórico transcurrido.

Considero inquietante y pertinente la pregunta que pone en duda la efectiva desaparición de la explotación y del régimen colonial-imperialista: «¿Podemos aceptar que ha desaparecido la explotación, el neocolonialismo, el imperialismo, la usurpación de la riqueza y valores culturales de pueblos del Sur?» Esta pregunta es recuperada por el nicaragüense Alejandro Serrano Caldera, uno de los principales filósofos de la liberación de nuestros días.

Se pueden conocer nuevos planteamientos liberacionistas emergentes realizados por filósofos y filósofas contemporáneos que asumen un pensar crítico capaz de denunciar realidades de opresión existentes, asumiendo una praxis comprometida con las demandas de los movimientos sociales a favor de las víctimas del sistema neoliberal. Esto ha sido denominado como «cambio de época» por la argentina Marístella Svampa, o como «nuevo horizonte», en sentido gramsciano, por el boliviano Álvaro García Linera. Este «cambio de época» o «nuevo horizonte» marca un giro político ciudadano descreído de los Partidos Políticos que sustentaban la alternancia del duopolio en el poder.

Esta nueva concepción de lo político viene a ser un elemento crítico a las democracias representativas que habían sido instaladas con los procesos de independencia decimonónicos a favor de las élites criollas. Las emancipaciones a favor de la igualdad de clases han sido escasas, de la misma forma que aquellos procesos políticos en que las clases populares aparecen como agentes protagónicos de la historia, dado que los momentos revolucionarios han sido débiles, breves y desarticulados.

Para esto es que considero importante situar una lectura que reconozca la presencia del «marxismo latinoamericano» como elemento sustantivo para comprender la existencia y el desarrollo de distintas propuestas liberacionistas en nuestra filosofía latinoamericana. Explicitar la presencia del «marxismo latinoamericano» nos llevará a comprender las razones de su ocultamiento. La recepción, y más todavía, la apropiación o negación de las ideas marxistas por nuestros filósofos dará un punto de partida para someter nuestros relatos a perspectivas de análisis distintas a las que hemos venido conociendo.

Alex Ibarra Peña.
Dr. Estudios Americanos.
Instituto de Filosofía. UCSH.

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