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La primavera ciudadana de Chile: los sucesos como se cuentan. Por Ignacio Vidaurrázaga

Piñera declaró estar en guerra, poco antes había dicho que había escuchado. No sabemos que seguirá diciendo y haciendo en los próximos días. Lo esencial es que su gobierno termino. Y sus megalómanos propósitos de líder planetario del medio ambiente también. Pero afectado en su ego y ambición puede ser aún muy peligroso. No vio venir el tsunami en los brincos de los torniquetes, minimizo el descontento de los secundarios santiaguinos y hoy subestima la protesta ciudadana nacional. Esa deuda de visión se la cobrara el mundo de los negocios, que requiere la normalidad para multiplicar su dinero. A eso le llaman paz social o contrato o de múltiples denominaciones.

A Piñera los de arriba lo consideran inepto, ya no les sirve. Y los de abajo no lo quieren, además que hoy la encuesta CADEM lo derrumba junto con su gobierno.

La protesta social, extendida desde la capital a las regiones lleva dos o tres días. En condiciones durísimas de represión no solo ha podido continuar sino además se ha multiplicado. Es espontánea y de abajo, sin lideres visibles ni reconocidos. Es variopinta y tiene la intensidad del tranco del pueblo diría el profesor Gabriel Salazar. Es un reventón de todo. Es un Fuente Ovejuna. Absorbe energías pretéritas y nuevas. Canaliza un pliego enorme de demandas factibles de resumir en una Asamblea Constituyente y una Nueva Constitución que es un horizonte de reconstrucción con anchura democrática. Pero las energías se desgastan y la rabia y la furia también se entremezcla de intereses que desbordan sus límites de sentido.

Las muertes de personas envalentonadas calcinadas y sin identificación, verdaderos NN es también una afrenta. ¿Saqueadores para revender? ¿Saqueos para la casa? ¿Reducidores para un persa? La precarización de la vida del sistema, “el agüite el agarre”. Porque compartamos que muchas o la mayoría de los lugares saqueados son los mismos de las deudas de las familias y eso no puede ser mera casualidad o capricho.

Hay muchos que sólo observan y ya quisieran sacar las castañas con las manos del gato particularmente en el parlamento. El Estado de Derecho está pateado desde el gobierno con las zonas de emergencia, ley de seguridad interior y el toque de queda. No salen milicos a las calles a pasear. Finalmente, más temprano o más tarde siempre será a matar. Y tanto CIPER como el INDH ya coinciden que la verdad de heridos graves es distinta a la de Mañalich y que hay denuncias serias de torturas y de abusos a mujeres obligadas a desnudarse.

Quieren detener el descontento y la protesta con miedo y para eso son las muertes y los dispositivos de guerra en las calles de Chile.

Y si esos son los hechos y hoy lunes se libra la normalidad versus la protesta. Pero, también y esencialmente la confrontación de las palabras y los discursos, de los elatos, que al final del día también son esencialmente ideas-fuerzas. La confrontación de ocultar los sucesos y de acomodar las piezas al relato oficial: caos y saqueos, amenazas y destrucción. Y cada ministro y la intendenta-candidata y todos repetirán esa pauta hasta el cansancio.

Las portadas coincidentes de El Mercurio y La Tercera de ayer domingo no fueron acuerdo, no lo requieren porque previamente conocen y obedecen al mismo libreto. La red de televisión actuando en cadena con el gobierno responde a lo mismo. La protesta social extendida nacionalmente hasta la ciudad más pequeña y distante. La activación de familias completas, los cacerolazos y marchas, las miles y miles de barricadas y concentraciones, la agrupación de miles y miles, todo eso quieren reducirlo al muchacho con el plasma o al temor de los vecinos de la Villa no sé qué, preocupados porque alguien les dijo que venían a quitarles sus cosas. Pueblo contra pueblo, vieja y conocida receta.

Y la televisión, el “rostro” de moda infla eso y lo hace relato y paraguas de todo. Y con eso la protesta deja de ser política y se transforma en gavilla de bandidos reducida a delincuencia. Y de ahí a justificar loa muertes de personas quemadas o baleados hay sólo un paso.

Para todos los millones de chilenos y chilenas, para todos los habitantes que vivieron la dictadura revivir el país tomado por los militares, con vehículos y armas de guerra es no sólo estresante y aterrorizador es también un retroceso en la memoria y en la salud mental colectiva.

Las radios y la televisión, los diarios impresos y los sitios digitales también están frente a los ojos de millones expuestos a la seriedad y confirmación de lo que informen y callen. Construyen su verosimilitud ciudadana en cada noticia. En el discurso de la protesta el fin de la intervención militar es lo primero y la renuncia de Piñera lo segundo. En su prolongación los dispositivos de excepción se transforman de hecho en un golpe blanco o con ropa de mimetismo. Piñera necesita construir un enemigo poderoso sin nombre para justificar la excepción y el cogobierno con las FFAA y policiales. Esta fórmula no ha sido elegida por nadie y lo que en apariencia cuida y protege la democracia por debilucha sea, la destruye y la entierra.

Las fotos de los saqueos y los incendios son el respaldo del discurso del caos. Aparentemente el alza del pasaje aparece resuelto. El fondo efectivo de la protesta social se esconde y esquiva con la creación del "enemigo" -como ocurrió en el 27F- son los "saqueadores", el enemigo que viene.

Las redes de ayuda, protección y fraternidad, las declaraciones públicas y los pronunciamientos suman energías a la protesta social.

Las lecturas fáciles y simplistas de un estallido complejo, disímil y profundo son parte del discurso del caos y el miedo. En ese plano el rol de los intelectuales y dirigentes sociales y políticos capaces de explicar los síntomas profundos aportan en la construcción de los discursos.

Quienes quieran transformarse en líderes tienen como esencial certificación estar en la protesta y el descontento extendido de esta primavera ciudadana. Se tenga o no fuero. A la vez que el propio movimiento seguramente parirá decenas y centenares de nuevos liderazgos. Porque el descontento también es interpretable a los líderes y organizaciones hasta ahora existentes. Es imposible el diálogo con condiciones de excepción armas de guerra y militares ocupando Chile. Nadie dialoga en esas condiciones.

En estas horas y días los relatos paralelos a los sucesos importan y mucho. ¡Piñera fuera!

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez
21 de octubre 2019.

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