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La reducción de la jornada laboral y el problema de la productividad. Por Mauricio Muñoz

Frente a la posibilidad de reducir la jornada laboral a 40 horas semanales se alerta sobre las consecuencias negativas en materia de productividad para el país, como si ésta se acotara exclusivamente al tiempo de trabajo dedicado a la producción y a la generación de valor en una proporción directa al uso de este tiempo.

La cuestión es mucho más compleja. De hecho, el tiempo de trabajo es sólo uno de los factores necesarios de considerar para medir la productividad. Otros como el capital, la tierra, la calidad de las materias primas, el nivel de desarrollo tecnológico y las capacidades de quienes realizan el trabajo, en la actualidad, pueden ser tanto o más importantes que el tiempo dedicado a una función específica.

Un trabajo productivo es un empleo que genera suficientes retornos como para permitir, tanto al trabajador como a sus dependientes a cargo, un nivel de consumo por encima de la línea de la pobreza. La productividad, por lo tanto, no se acota a la acumulación de capital, más bien se vincula a un desarrollo socialmente sostenible, donde las mejoras en eficiencia productiva, técnica y económica, necesariamente tienen un correlato en avances salariales y mejoras en las condiciones laborales para los trabajadores.

En efecto, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), existe evidencia empírica que, en promedio, menores niveles de desigualdad están asociados con mayores niveles de productividad media. Por lo demás, en las mediciones internacionales, Chile aparece como uno de los países con más horas de trabajo, mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y menor productividad, entonces ¿no será que las razones para el bajo nivel de productividad están dadas por el exceso de horas de trabajo, el estancamiento de los salarios reales, la inestabilidad y la precariedad laboral? Por otro lado, en el marco de la discusión sobre la reducción de la jornada de trabajo hemos olvidado lo importante que es la inversión en formación de capital humano, las capacitaciones, el vínculo intersectorial y territorial que promueva un crecimiento integrado e integral de las industrias, las comunidades y las personas, así como la innovación tecnológica que es la base para el desarrollo de las fuerzas productivas.

El crecimiento a largo plazo tiene como condición la eficiencia de las empresas, las cuales no son sólo actores económicos, sino que también, y hoy más que nunca, sociales. Al mismo tiempo, la sofisticación de la economía y la modernización de la matriz productiva nacional, con sus particularidades regionales, depende del nivel de innovación empresarial y de la incorporación de trabajadores técnicamente calificados a las cadenas de valor.

Entonces, se vuelve necesario ampliar la discusión y, al mismo tiempo, considerar la disminución de la jornada laboral como una oportunidad para avanzar en mejorar las condiciones de trabajo y vida de las personas, ya que, por un lado, será un aumento proporcional inmediato de los salarios respecto del tiempo dedicado al trabajo y, además, a la vez, permitirá liberar de la sujeción productiva a los trabajadores, entregándoles la posibilidad de disfrutar de tiempo libre en espacios extralaborales. Pero también, por otro lado, potencialmente, promoverá mayores niveles de productividad en las empresas. Es decir, al contrario de lo que plantea el sentido común, pasar de 45 a 40 horas semanales, en vez de mermar la productividad, si lo hacemos bien, puede aportar a su crecimiento.

Mauricio Muñoz. Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales y Analista Laboral.

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