Llueve el cielo cotidiano del despojo en la Araucanía que siempre ha sido Wallmapu. Llueven y desbordan caudales de hombres y mujeres de caligrafía descalza e insomne. Acá se inscribe en el frio escarchado de la mapu, la masa de harina caliente que aporta el Lof (estructura social mapuche) para el afán del día que amanece.
Norte escarchado, por el mudo viendo sur, brincan las especies en enorme caudal y la línea sinusoidal del camino a la aurora, entretanto las piedras del sol planean camino al mar.
En medio de la monocorde cobertura de la prensa a la tempestad fluvial que nos existe, saturando matinales y noticiarios del chile cotidiano. Los queltehues y las bandurrias hacen un festín en medio de la inundación. Estas semanas los drones del ejército de Chile no han podido volar en su pretensión de pájaros vigilantes que asedian el fuego de cada Lof y de toda comunidad.
Cuentan las risas del brillo en el sonido sobre las ramas, que un día el zorro y el raki (bandurria) caminaron juntos en líneas de traición y sanación. Dialéctica de una epopeya de espiritual sentido.
Generoso ha sido siempre el Witrantun (rito de recibir a la visita) que la ngenmapu fuché ngen y mapu fuchá (anciano y anciana de la tierra) comparten en alimento y fertilidad a las formas vivas que todo lo inundan, habitan y determinan. Bajo el dominio del Ñgen co (dueño del agua), siendo el agua fuente de vida y el fuego fuente de purificación. Por las lunas de las lunas, esta dicotomía se complementa y fortalece, siendo equilibrio primario. Todo se inicia y termina en el ciclo de las rotaciones eternas de lo vivo. En síntesis, la germinación del origen
Así el purrún concreta su danza eterna de ciclos rotatorios que coreografían la abundabncia y la fuerza. Necesarios para habitar los siglos de guerra y resistencia. Sosteniendo así, el modo de vivir lo propio en el Wallmapu. Es por esto que las aves y los muchos ningunos estamos felices que la lluvia y el viento lo inunden todo, una vez más como desde siempre. También llamamos al fuego del Pillan; que este se encienda y vuelva a establecer lo justo en un cielo de quelquehues y bandurrias donde no habiten maquinas que pretendan ser pájaros.
