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La responsabilidad política. Por Hernán García Moresco y José Orellana Yáñez

Las encuestas otorgan a los partidos políticos uno de los menores grados de valoración ciudadana, pero los medios de comunicación -siempre atentos- no despegan sus reporteros desde las sedes partidarias. Pues, por estos días (verano 2023), las fuerzas políticas que respaldan al gobierno del presidente Gabriel Boric, en sus dos coaliciones, esto es, Apruebo Dignidad (AD) y Socialismo Democrático (SD) con representación en el Congreso, Ejecutivo, Gobiernos Locales y Regionales, prioritariamente, enfrentan lo que es conocido como la teoría de coaliciones de partidos políticos, considerando las clásicas hasta las contemporáneas, profundizado en cómo los mismos se proyectan desde lo electoral y desde lo político-ideológico, es decir, cómo compatibilizan velocidades cortas e intensas (políticas-electorales) y otras más largas y estratégicas (programáticas o de proyecto político de largo aliento). Está muy estudiado, cómo los partidos políticos han enfrentado permanentemente su desafío de la representación política, haciendo en la modernidad del siglo XX y posmodernidad de éste y el XXI, el escenario temporal y territorial que da cuenta de ello, y en este caso, buscando, ahora, escaños en el futuro Consejo Constitucional.

Por otra parte, la actual conformación de la Alianza de Gobierno, por las trayectorias de ambas coaliciones, está convulsa en torno a su unión. Es decir, lo que la teoría de partidos define como la teoría de los clivajes sociopolíticos y socioeconómicos hasta socioculturales, entendidos estos, como verdaderas fracturas o tensiones que determinan los modos y formas de las coaliciones de partidos las enfrenta y desafía (además, de la emergencia e intrascendencia de los mismos). Hay que agregar, la compleja situación que permite la globalización con su soporte de comunicaciones de la inmediatez, la cual, entre varias derivadas, impone desafíos sustantivos a la representación de estas organizaciones políticas, ‘promoviendo-fortaleciendo’ políticas de identidades legítimas cuando genuinamente existen organizaciones de personas que las validan y en oportunidades ‘oportunistas’, cuando existen estrategias y tácticas que las manipulan para crear más tensión a la eficiencia y eficacia de la representación que logran (ello, usado en la transversalidad del arco político). Finalmente, en este contexto, se encuentra el desafío territorial, al cual todos y todas se refieren como expediente de democracia, cuando de mayor representación se refiere, desafiando la unidad partidaria y proyecto político nacional v/s el regional (local), en un marco de descentralización.

Mientras la teoría y práctica del ejercicio de la política se “encuentran o desencuentran” (suele ocurrir), interesa constatar cómo AD y, en específico el Frente Amplio, matiza (otros indicarán que renuncia) su crítica a los “treinta años”, conformando tempranamente la base de su gobierno, en función del experticia, trayectoria, conocimiento y habilidades de autoridades que representan a los treinta años, implicando, ahora su fortalecimiento, proponiendo, inclusive que el PS de Chile lidere una nueva coalición.

En este marco, ubicados en un presente móvil (verano 2023), se constata cómo, uno de esos partidos, el Partido Socialista de Chile (PS), en su orgánica, opiniones y juicio siempre dinámicos, se ha transformado, desde la izquierda chilena, en el referente articulador para mirar con sentido de estratégico la república, superando, pero no renegando la configuración de una coalición histórica (Concertación y Nueva Mayoría), dejando atrás la sangría que provocó el proceso electoral presidencial (tanto primarias como elecciones finales del 2021), posicionando sus argumentos (estado social de derechos) como ejes de discusión en el nuevo gobierno.

Por ello su orgánica (Comité Central) expresó, hace unos días atrás, la convicción que “sólo una lista única de las fuerzas de izquierda y centroizquierda puede alcanzar una representación tan significativa para lograr que el Consejo Constitucional, a elegirse en mayo próximo, sea una contribución positiva y trascendente a la nueva Constitución”.

Es decir, la primera lectura de la realidad, la realizó oportunamente el PS de Chile, cuando en segunda vuelta define estar a disposición y sin condiciones para apoyar el gobierno de Gabriel Boric (en primera vuelta, fue derrotado por José Antonio Kast, del partido ultraconservador Republicanos). Esto, decanta de forma natural durante este casi primer año de gobierno, en una conducta de responsabilidad política que la ciudadanía ha apreciado y reconocido en el 5.4% de valoración hacia esa colectividad (estudio de opinión CEP, situando al PS de Chile como el mejor aspectado partido de la plaza)[i], conducida acertadamente por su Presidenta Paulina Vodanovic y su Secretario General, Camilo Escalona, pues, además han convocado al Partido Demócrata Cristiano como una fuerza de centro izquierda para que contribuya a las transformaciones que la constitución requiere, otorgando al país un Estado Social de Derechos y no simplemente reglas de mercado. Esto ha generado una controversia en el Socialismo Democrático que, para ser honestos no es primera vez que sucede, con los mismos actores, a propósito de lo político – electoral, en función de coaliciones y listas electorales, corroborado ello en las alianzas generadas desde el periodo 2008, hasta el presente, en las elecciones locales y legislativas.

El 2008 la Concertación en la elección de Concejales se enfrentó entre Concertación Democrática (PS, PDC) y Concertación Progresista (PPD, PR), ganando la primera por más de 600 mil votos. Pero el efecto divisor permitió ampliar la representación de candidaturas a Concejales, pero, significando una derrota en los municipios. Luego el 2009 en la elección de Diputados la unidad fue amplia (Concertación y Juntos Podemos), logrando prácticamente un empate en escaños con la derecha. Pero perdiendo la presidencia en manos de Sebastián Piñera (versión 1)

En las elecciones locales del 2012 ya era evidente la conformación de dos listas: Concertación Democrática (PS, PDC) y Por un Chile Justo (PRSD, PC, IC, PPD), ganando nuevamente los primeros. El año siguiente (2013), en la elección de Diputados, la unidad favoreció a la Nueva Mayoría, alcanzando un mayor respaldo en escaños del congreso y, además, en las elecciones presidenciales, pues es electa Michelle Bachelet con un 62,2% en 2ª vuelta.

Posteriormente, en las elecciones de Concejales año 2016, nuevamente el ejercicio divisor conformó, esta vez, tres listas, por un lado, Nueva Mayoría para Chile (PS, PDC); por otro, Nueva Mayoría por Chile (PPD, PC) y Con la Fuerza del Futuro (PRSD, IC, MAS). El resultado, nuevamente concentró la votación la primera lista. En el 2017, para la elección de Diputados, la fragmentación, la irrupción de nuevas fuerzas y el cambio al sistema electoral, llevaron a presentar dos listas por parte de los antiguos socios y socias: La fuerza de la Mayoría (PS, PPD, PC y PRSD) y Convergencia Demócrata (PDC, IC, MAS). El resultado es, nuevamente gana la primera lista, ganando, irrumpiendo otra vez, Sebastián Piñera en segunda vuelta (versión 2).

Finalmente, el 2021 en medio de la pandemia, la política de alianzas llegó a ser tan dinámica que se conformaron alianzas para Alcaldes y listas distintas de Concejales. Por un lado, Unidad por el Apruebo en Alcaldes, dividiéndose en dos listas de Concejales: Unidad por el Apruebo (PS, PPD) y Radicales e Independientes, por otro, más la lista Unidos por la Dignidad (PDC, PRO, Ciudadanos). El resultado entre estas listas da por ganadora, a Unidad por el Apruebo (PS, PPD).

Por lo tanto, lo primero a decir es que toda esta dinámica de una, dos o tres listas, no amplió la base político-electoral, sino más bien dividió al electorado que migró hacia el Frente Amplio y que, ahora con el voto obligatorio para el proceso del Domingo 7 de mayo (elección del Consejo Constitucional), las fuerzas políticas aliadas podrían nuevamente vivir una derrota, de no conformar una estrategia de una lista unitaria (otra opción, aunque debilite el rendimiento electoral, tiene que ser acompañada de omisiones inteligentes). Pues, la unidad se debe reflejar y es un factor político que debería internalizarse como parte de la madurez que las fuerzas con años de rodaje electoral, deberían hacer propia.

Cabe indicar, que cada uno de los actores partidarios, debe enfrentar la tensión de la vida interna de sus orgánicas, con las expectativas de una opinión pública atenta, donde la necesidad de responsabilidad y unidad política debe primar (también hacia el exterior), en orden a impedir la profundización de la desconfianza, y por defecto, potenciales nuevos momentos de ingobernabilidad o no gobernanza del sistema político y social del país.

Esta no es una lucha (uno o más listas) electoral, es la declaración de principios en favor del bien común del país y la ciudadanía. Es decir, este es un proceso que demanda responsabilidad política del centro y la izquierda democrática, lo que no generará nuevos puntos en las encuestas, sino una valoración de quienes son consecuentes con sus principios.


[i] Ver en https://www.cepchile.cl/encuesta/encuesta-cep-n-88/

Hernán García Moresco profesor de la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH

 

José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Académico de la Carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano

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