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La revolución de los 30 pesos y la izquierda revolucionaria hoy. Por Francisco Elgueta Molina

Mucho se ha dicho sobre lo sorpresivo de lo que los medios han llamado "estallido social", pero de lo que no se ha hablado es sobre las consecuencias que ésta puede provocar en la izquierda revolucionaria.

Se preguntará el lector ¿a qué izquierda revolucionaria se refiere?, pues bien, para ello cabe preguntarse ¿qué es la izquierda revolucionaria?

Al respecto, en los años 60 o 70 esta pregunta no tendría mayor sentido, pues la revolución era un tema candente y los modelos vietnamita, cubano y nicaragüense impregnaban a los distintos movimientos, partidos y grupos guerrilleros en América Latina, pero hoy las cosas son distintas, la ola revolucionaria parece haber entrado hace rato en retirada. Por ello, es necesario preguntarnos, antes que todo, por la existencia de una izquierda revolucionaria en Chile y bajo qué formas ésta, se podría manifestar hoy.

Pues bien, definamos por izquierda a un espectro del pensamiento que en el plano político se manifiesta a favor de un modelo participativo y democrático; en lo económico, con sus matices, contrario al neoliberalismo; y en lo moral, a una corriente más bien liberal.

Por revolucionario, en cambio, debemos entender a una fracción, hoy prácticamente invisible de la izquierda, que en lo político está dispuesta a romper con el orden pseudo democrático actual, para, por medio de una revolución, violenta o no, tomarse el poder y desde ahí construir un sistema de participación política directa. En el fondo comparten el fin con los demás izquierdistas, mas no con el modo.

En lo económico, la izquierda revolucionaria se divide en varias corrientes que van, desde las más liberales, que consideran que la empresa privada es un factor productivo necesario para la economía, pero que debiera estar fuertemente controlado por el estado, hasta las más radicales, de inspiración marxista, que consideran necesaria la socialización total de los medios de producción, hegemonizados en el estado.

Esta discusión, pobre en argumentos técnicos, carece hoy, salvo excepciones, de teóricos de peso que alimenten el debate, quizás, por el desprestigio en que calló el proyecto político económico de la izquierda revolucionaria posterior a la caída del muro de Berlín, y al auge del neoliberalismo, que tuvo en Chile su máxima expresión en los últimos 40 años.

En lo moral, la izquierda revolucionaria no se distancia mayormente de las ideas liberales de la izquierda clásica, siendo partidarios del divorcio, el aborto, la eutanasia, la legalización de la marihuana, el matrimonio homosexual, entre otras demandas. En síntesis, el control moral entregado al individuo y excluido del estado y la sociedad.

Ahora bien, delimitado lo que ha de entenderse por izquierda revolucionaria, es hora de revisar hasta donde ésta, tiene expresión política hoy y qué rol pueda estar jugando en la actual crisis.

A juicio del autor, lo que ha ocurrido estos días no responde ni corresponde con las líneas de acción de los diversos grupos más radicales de la sociedad que podrían enmarcarse dentro del espectro de izquierdistas revolucionarios, esto porque, entregado el mando de manos de Pinochet a Aylwin, se procedió a un proceso de desmantelamiento de los grupos armados a través de "La Oficina", proceso acelerado por la caída del muro de Berlín y posterior disolución de la URSS, y el vuelco al centro de los partidos de izquierda, en especial de los que participaron de la ex concertación.

El pueblo entró en un estado decepción creciente que fue acumulando malestares no resueltos que fueron en aumento. La tensión social crecía y la izquierda revolucionaria descendía sin freno. Se fragmentó el MIR y el FPMR, el MJL se des movilizó hasta su extinción y los grupos más radicales del PS y del PC fueron aplastados por los discursos centristas, por nombrar algunos. Van pasando los años y son los secundarios, el 2006, los que rompen el statu quo. Generación de jóvenes que no responden al paradigma del miedo ni de la frustración post dictadura y la izquierda revolucionaria estuvo ausente.

Se volvieron a levantar los secundarios el 2008 y éstos más los universitarios el 2011, y la izquierda revolucionaria nuevamente estuvo ausente o al menos invisible.

Llegamos a 2019, estalla un conflicto multisectorial espontáneo, nuevamente impulsado por los secundarios y la izquierda revolucionaria, otra vez, está ausente.

La ganancia que la izquierda revolucionaria puede sacar de este conflicto pasa por varios niveles:

 primero, en el lenguaje simbólico colectivo, se recuperó el sentido de la palabra pueblo. El pueblo recordó que es pueblo y no ciudadanía solamente. Por otro lado se recuperaron canciones, discursos, frases, gritos y tácticas de lucha callejera que parecían sepultados en algún libro de historia.

 segundo, en lo que respecta a las tácticas, se recuperó el valor del uso de la violencia política como herramienta de lucha.

 tercero, se están recuperando valores de cooperación, solidaridad, compromiso social, empatía, entre otros.

 Cuarto, surge un ambiente cuestionador, interpelador y crítico en el pueblo, lo que de cierta manera recupera el sentido de pertenencia a una clase social y se despeja la niebla para identificar de mejor manera al enemigo, la clase dominante. Vemos destellos del resurgimiento de la vieja lucha de clases.

Con estos 4 puntos, la izquierda revolucionaria debiera sentarse a discutir sobre cómo construir un discurso coherente, unitario, actualizado al contexto actual y de perspectiva revolucionaria, porque hoy las condiciones objetivas son favorables para el fortalecimiento de las ideas rebeldes, y que hoy por hoy exigen la articulación de las distintas fuerzas en una coordinadora o movimiento que las cohesionen y permitan salir a la calle a presentar un proyecto revolucionario fresco, con sabor a victoria y no con olor a cementerio.

Francisco Elgueta Molina
Noviembre 2019

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