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La sensibilidad de un aspirante a constituyente, que no procedió a tiempo. Por Luis Osorio

El perfil de quien esté interesado en ser constituyente, y tiene a su haber un historial de cargos gubernamentales en los períodos concertacionistas o en el ejercicio del gobierno derecha, resulta especial, pero en uno y otro caso con ribetes diferentes.

Un derechista en esta situación, podría obedecer a dos vertientes, acérrimo defensor de la Constitución del 80, o bien, de la postura que realmente se necesita una nueva Constitución.

La condición de un partícipe de las ideas concertacionistas, se presenta en una condición algo más dificultosa, sobre todo si se ha tenido largos años participando en posiciones privilegiadas de la política, con cargos que le han reportado en las posibilidades económicas.

Es esta última condición en la que se tendrá que ser más observador, ya que, al momento de presentarse, de candidato(a) a constituyente, será mayor la rendición de cuenta por realizar, o bien cabe la posibilidad de encontrar una defensa cerrada a las acciones que ha realizado en el tiempo. Dos alternativas que son incomodas.

No es lo mismo un interés en ser constituyente, dentro de un acto necesario visto en un país que aprecia después de ciertos años, la conveniencia de iniciar este proceso de este tipo, a cuando la derecha ha convocado a un Acuerdo por la Paz.

Este Acuerdo y que proviene desde un estallido social, es cuando predomina un instante de gran demanda, por causa de una sociedad construida con variadas injusticias y desigualdades.

Así, este(a) constituyente, no puede eludir el origen del proceso que da lugar a su postulación.

Como acción sustitutiva y a la vez explicativa de ello, se puede esgrimir que un texto constitucional no se puede hacer cargo de las demandas expresadas por la ciudadanía, lo cual puede ser totalmente cierto. Pero en la forma en que se produjo su gestación viendo el proceso como un todo, hay elementos vinculantes profundos que, si no se resuelven más allá del contar con una nueva Constitución, ello de ninguna forma será visto de manera adecuada.

De esta manera un(a) candidato(a), ante la ciudadanía y la historia, debe dar una respuesta y mostrar acciones por vías paralelas, que no tendrían por qué separarse en la acción política: la nueva Constitución y la atención a la demanda social, que de alguna manera deben confluir, poner atención que el 18 de octubre del 2019 está primero en la historia, y el 15 de octubre del 2019, después. Ambos procesos en desarrollo, lo que no sea parte de un texto constitucional que requiere de un tiempo de instalación, tendrá que ser medida concreta, sin esperar de manera contemplativa cuestiones que son urgentes. Quienes llevan más tiempo en la arena política, deberán asumir sus responsabilidades de la tensión alcanzada, cuando han tenido participación en las altas esferas de Palacio.

La desigualdad, la falta de oportunidades, las condiciones de vida indigna, los privilegios de unos pocos por sobre las mayorías, la mala educación pública, la precariedad de la salud pública, pensiones indignas, condiciones de hacinamiento en que viven algunas familias, etc. Esto solo por señalar algunas cosas, que podrían engrosar una gran lista, si es que se reeditan las promesas de más de algunas campañas y programas presidenciales en tiempos de elecciones.

Esa condición de estar marcado por la cuna donde se nace, está plenamente vigente, y también ha sido frase de discursos en más de una oportunidad. Así, se podría engrosar un extenso análisis, que se reserva para más adelante. Lo fundamental, es que se requieren cambios profundos liderados por quienes son parte del futuro y aquellos que han actuado por siempre con gran consecuencia. No es ocasión para el liderazgo de los responsables del estado de cosas actual y que desgraciadamente tienen un rol de autorreferentes, sin haber manifestado un arrepentimiento por no haberse hecho cargo de un proceso efectuado en forma paulatina, nadie lo exigía de un día para otro, pero 30 años es un tiempo muy extendido. El tiempo actual es de construcción de aquello, que no se hizo y a lo cual no le cabe justificación.

Cuando, hay intenciones reales estas quedan probadas con hechos, y si no hubo intenciones, los hechos nunca existieron. Es el Chile actual, si no se entiende así, estamos con una nula comprensión de la realidad.

No se trata de venir a ofrecer experiencia que no se tiene, y pasar a ser el conductor en un camino en el cual nunca se quiso transitar. Un acción así obstaculizadora, y una visión que la efervescencia y el descontento brotaron de la nada.

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