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La soberbia como elemento obstaculizador del proceso constituyente. Por Luis Osorio

Hay tres elementos que tienen mucha importancia en los tiempos actuales: la racionalidad, la inteligencia y sensibilidad social.

Se trata de conductas que deberían estar presentes en forma permanente, para abordar la convivencia en una sociedad. Con ello, el ponerse en el lugar del otro, y en base a una ciudadanía participativa, realizar la construcción de vida atendiendo a todo lo que significa el bienestar de todos y todas, de uno mismo y los demás. Debería ser un principio orientador, de la forma de ser de la autoridad en todo nivel, sin ser actores principales de las diferencias profundas e indiscutibles.

Es lo que debe primar, en la forma de enfrentar las decisiones humanas. A modo referencial, esa cuestión de cuánto dinero requiere una persona para vivir bien a lo largo de toda su trayectoria como ser humano, desde niño hasta la vejez, con el conjunto de elementos que intervienen y de los cuales todos podemos ser merecedores, dentro de una justicia social, es parte integrante de la sensibilidad social que en rigor se tiene o hay una carencia de ella. Recuerdo por años la tramitación del aumento del salario mínimo, donde la división de los montos en que se cifran los aumentos por 30, es la mayor expresión de la insensibilidad. Nunca se realiza el ejercicio de la determinación con cuánto dinero una familia vive en condiciones óptimas.

Al momento de adoptar la decisión de la educación de los hijos, y la posibilidad de escoger lo privado con altas cuotas de mensualidades, no se trata que estén considerando aspectos no importantes, sino que se juegan motivaciones trascendentes de futuro. Implica un conocimiento de los lugares en que se otorga una buena educación, y en conciencia que no guarda relación con lo público que es de carácter masivo, por tanto, está latente la evidencia de la falta de oportunidades. Es la autoridad quien tiene la capacidad en algún momento de decidir para beneficio directo de su familia sobre la educación de sus hijos, mientras otros no tienen margen para decidir. Pero es mucho más, se trata de la raíz de los problemas manifestados en octubre de 2019 y producto de los cuales, con la astucia de la derecha, promueven los elementos determinantes para iniciar el proceso constituyente, hoy en desarrollo.

Claramente, en un período extenso de años, la inteligencia y la racionalidad, debería haber permitido actuar observando en forma permanente las causas y efectos de las cosas de manera anticipada. Los efectos que se perfilan como negativos, si es que sobre ellos se realiza una visión retrospectiva, provienen de causas, amparadas en falta de voluntades.

El entendimiento mayor, es la conciencia o no conciencia, y ahí es donde viene un elemento diferenciador por haber gobernado bajo los designios de Pinochet consagrados en la Constitución del 80. En forma paralela, quienes se suponían eran parte del sector opuesto a dictadura, utilizaron la inteligencia como elemento de adaptación al modelo impuesto en los momentos más cruentos de la historia reciente, se fueron por el lado que les otorgaba beneficios y la posibilidad de hacer negocios.

No pueden negar que se fueron acomodando, en un deambular entre diferentes ministerios, y si en algún momento el cargo en lo público les fallaba, pasaban a ser integrantes de directorios de empresas. El cambio de Constitución, no era parte de su interés, ya estaban con los dividendos de una zona de confort.

Así avanzando las cosas, nunca tuvieron ni siquiera la intención de imaginar una sociedad diferente, donde la desigualdad hubiese sido superada y lo cual se acrecienta con algo que no es bueno para una nación, en el momento cuando se escogía por presidenciables, primaba para el ciudadano, lo inevitable de apostar por el mal menor, situado en un entorno de las competencias por el poder, por sobre la construcción de la postergada dignidad.

Si los gobiernos de la concertación hubiesen sido buenos, no habríamos tenido dos gobiernos de derecha, más aún una elección presidencial en que los sectores que integraban el gobierno competían en listas separadas. Ya cuando se anunciaban las dos listas, se asistía a la realidad de un gobierno que había terminado, pero que coexistían en jefaturas de cargo público, funcionarios de los dos bandos, para asegurar sus ingresos como único aliciente, en circunstancias que no estaban apuntando a un norte común.

Pasó lo que debía pasar, un nuevo gobierno de Piñera elegido con alrededor de un 26% de los electores y con una aprobación bastante por el suelo durante estos tiempos, que en lo racional debería dar lugar a un paso al costado, pero en aras de una democracia mal entendida, se le debe seguir otorgando pleitesía. A pesar a la adversidad la articulación de los negocios no permite la actuación con altura de miras, razón por la cual para el gobernante es preciso terminar su mandato, ya no es el programa de gobierno el que tiene vigencia.

Así las cosas, nos sorprende un período nutrido de elecciones de distintos tipos y algunos llamados como frases de bronce por la unidad y otras visiones más racionales, sobre la unidad, pero no de cualquier tipo, es impregnada de una gran inconsistencia.

No es un asunto de unirse como un acto de hipocresía, cuando la esencia de una nueva Constitución debe otorgar la gran visión de una sociedad diametralmente opuesta de la actual, configurada desde la elección de constituyentes, pasando a ser ese hito el factor envolvente de todo lo demás, tanto en el ejercicio de Alcaldes, Gobernadores, Concejales, Parlamentarios y Presidente.

Sin embargo, cuando se va al hecho en que se vincula las demandas del estallido social al acuerdo que le da paso al proceso constituyente, se tiene la percepción que eso no fue así, sino que respondió a la audacia de la derecha de llamar a un pacto de Paz, con pleno conocimiento de lo que vendría después.

Ser de oposición, no significa todos en una misma convicción de cambios. Parte de esta, tiene responsabilidad directa en la causa de la demanda social, y por tanto no es bien visto cuanto en el argumento que hacen del llamado a la unidad, enumeran su preocupación por la unidad replicando el listado de lo que la ciudadanía clamaba desde el 18 de octubre de 2019. Más aún resulta superficial cuando argumentan que se debe frenar a la derecha para que no obstruyan superando el quórum que impidan que la “oposición” alcance los dos tercios. Esto es signo de no comprender lo fundamental, que surge de un actuar de tres décadas, tiempo que sencillamente no está conectado con los problemas sociales estructurales, el modelo imperante fue gestionado con eficacia.

Sólo algunos de los más jóvenes y los consecuentes de siempre, están en lo correcto, esto observando al sector difuso llamado oposición. Otros no lograran entenderlo, ya que definitivamente incorporaron desde la administración del modelo proveniente de dictadura, un sinnúmero de visiones renovadas a su ADN político y modificando su pensamiento a conveniencia. Es significativo decir, hay derecha, pero el ser de oposición no significa ser de izquierda, en tanto el centro ha tenido un actuar más al estilo de derecha.

Finalmente, como los acontecimientos políticos son tan rápidos, se puede desde ya comenzar a presagiar los siguientes escenarios: 1) Un texto constitucional muy reducido.

2) Un texto constitucional acordado entre sectores de derecha y concertación, con la asesoría de la OCDE, que exprese el sentido de una Constitución del 80 con retoques.

3) La redacción en forma paralela al proceso constituyente, de un texto constitucional alternativo, fuera de acuerdo.

4) La opción de la derecha al momento de llegar al plebiscito de salida, ofreciendo como alternativa una Constitución que ya la tienen redactada y que es la actualmente vigente.

5) Un alto porcentaje de votos blancos y nulos en el plebiscito de salida. Hay un tema no resuelto, pero si se concibe como un juego de estrategias, es claro quien tiene las mejores opciones, no para el país sino para sus intereses. Con sectores dispersos no hay posibilidad de plantear estrategias, no es posible en el nivel de lo que estamos analizando, diseñarlas en un plazo breve. Esto deja ver que no es un buen momento para haber iniciado el tema constitucional, pretenden hacer primar la hegemonía de quienes tienen mayor “experiencia” y un acercamiento obstinado a posiciones de poder. Habrá que tener esperanzas en la dinámica de los procesos, pero hay un aprovechamiento de una situación, en que podría invitar a pensar en la primacía de acciones de infiltración

Es la soberbia, la que sobrepasa a la inteligencia, a la racionalidad y a la sensibilidad social, desgraciadamente se aplica el dicho “no hay que pedirle peras al olmo”. Además, la derecha tiene el escáner perfecto de lo que es oposición y le da confianza para haber permitido por única vez la posibilidad poniendo en la Constitución del 80, algunos artículos transitorios, y así iniciar un proceso constituyente, con al menos dos requisitos de base que debe contemplar el inicio de una eventual nueva Constitución, la hoja en blanco no es tal.

Los efectos provienen de causas, las causas tienen responsables, y los responsables tienen nombres y apellidos. A pesar de este esquema relacional muy claro, actúan con osadía y omisión, inmiscuidos en la soberbia.

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