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La teología libertaria. Por Nicolás Panotto

Entre el 18 y 20 de noviembre del 2022 se llevó a cabo el Congreso “Católicos y Vida Pública” en la ciudad de Madrid, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación San Pablo CEU. Uno de los principales oradores fue José Antonio Kast, quien estuvo a cargo de la ponencia inaugural titulada “Fe católica y legado hispano en la América actual: riesgos y fortalezas”.[1] Antes de presentar su conferencia, fue presentado por Francisco Contreras, diputado del partido de ultraderecha Vox, junto a grandes halagos por su lucha contra “el comunismo que asedia Chile”, país que -según el diputado- es un ejemplo único en la región en torno a la aplicación de fórmulas anti-estatales.

      Para su conferencia, Kast utilizó una presentación en power point cuya primera imagen -reitero: ¡la primera!- fue una pintura de los reyes de España autorizando a Cristóbal Colón “no sólo a descubrir nuevas tierras sino a realizar tareas de evangelización”. Kast dice estar “agradecido” por esta encomendación, ya que gracias a ello -arguye- la región no sólo logra desarrollarse sino también transformarse en uno de los epicentros de la fe cristiana, hecho por el cual -afirma con contundencia- se siente un “orgulloso católico”. Contrapone estos hechos a lo que destaca como una visión preponderantemente “negativa” que la izquierda fomenta sobre la colonización, sin dar más detalles. Esto, sumado a comentarios entre risas sarcásticas -suyas y del público presente- contra grupos “que se presentan con sus vestimentas” exigiendo el derecho a tierras, apelando a documentos y tratados de los mismos reyes.

      Las características de este “desarrollo” generosamente traído por la Iglesia católica a través de la conquista tienen que ver, según Kast, con, por ejemplo, “nuestro derecho, que viene de Hispanoamérica”, o la educación y la salud, las cuales se dan gracias a las labores realizadas por la Iglesia a través de la construcción de escuelas y centros de salud. Aunque hay un factor aún más importante para el republicano: el lugar que asume la virgen maría. Para ello, pone como ejemplo la presencia de la Virgen de Guadalupe como un agente fundamental de la fe latinoamericana. Incluso, la menciona como ejemplo de acción política: en lugar de confrontar y discutir, hay que hacer como la virgen, quien primero acoge en amor, luego educa y finalmente envía. Ese ha sido, precisamente, el modelo político de la iglesia, según Kast.

Es allí donde trae las palabras de Pio XII en una carta que envía a la “curia hispanoamericana” -luego retomada por Pablo VI-, donde afirma que “este continente [por América Latina] es el que va a re-evangelizar Europa”. Ahora bien, según Kast, esta realidad ha encontrado importantes obstáculos, cuyo origen se encuentran tanto en la crisis de la iglesia (representada en la baja de membresía durante los últimos años) como de las sociedades latinoamericanas. El problema reside, principalmente, en la “falta de precisión” sobre ciertos términos y la no defensa de principios fundamentales, como son -menciona- la familia, el matrimonio entre hombre y mujer, el derecho a la vida, la educación de los hijos (la cual hoy día está en manos del Estado) y el “secularismo” (que define como “la eliminación de Dios” de nuestras vidas y posiciones públicas)

Las nuevas ideologías y “nuevas religiones” que están provocando esta crisis, dice Kast, han intervenido principalmente en “sectores populares”, los cuales caracteriza, precisamente, como aquellos que dependen más del Estado. Han sido espacios, por ejemplo, para el desarrollo de la teología de la liberación, que es una clara muestra de la “instrumentalización” de la fe católica para fines políticos. Para demostrarlo, proyecta una foto de Fidel Castro en tiempos de la revolución cubana, sosteniendo la efigie de una virgen. A esta imagen, Kast contrapone el ejemplo del Monseñor Ángel Herrera -sacerdote y periodista muy involucrado en política, y cercano al franquismo en su momento-, quien afirma que “la fe permite la libertad frente al Estado”, idea que también relacionará con Benedicto XVI.

Finalizará su presentación diciendo que “nuestra América Latina mestiza” ha estado sometida por muchas décadas a la polarización entre progresismo y conservadurismo, capitalismo y marxismo, hecho por el cual la Doctrina Social de la Iglesia debe presentarse como una especie de “tercera vía superadora” entre estas tensiones. Sin embargo, su aplicación a dicho modelo se focaliza sólo en decir que la Doctrina de la Iglesia puede otorgar ese “factor social” que el capitalismo carece.

¿Qué hacer, entonces? En una de sus últimas diapositivas muestra un individuo de pie sobre lo que sería la imagen del mundo, junto a frases como “mi verdad”, “mi beneficio”, entre otras, a lo que contrapone un círculo de personas alrededor de otra imagen del mundo. Kast dirá que frente al egoísmo de quienes creen “tener la verdad única”, los cristianos deben responder a uno de sus principios fundamentales: ver al prójimo. ¿Cuál es la responsabilidad del creyente? Para responder, apela al versículo bíblico de Mateo 28, versículos 18 al 20, para decir que el mandato divino es “ir y hacer discípulos a todas las naciones”. Rematará la idea diciendo: “Yo creo en Dios y a Chile le hace falta Dios. Y creo también en la patria, y en la familia, y en la libertad de reunión, de expresión, de emprender... Libertades que la ideología marxista no quiere, porque quieren que todo dependa del Estado”.

      Demás está decir que en nada sorprenden estos dichos de Kast, a los cuales estamos acostumbrados/as. Sin embargo, en esta presentación vemos de forma concentrada y contundente aquellos elementos que forman parte de esta teo(ideo)logía cristiano-céntrica que forma parte del repertorio libertario contemporáneo. O lo que podríamos denominar, si me permiten, como teología libertaria. Y al hablar de “teología” lo hago de una forma muy concreta, a saber, como la instrumentalización política de un discurso religioso y una comprensión de la fe y de lo divino en términos abstractos, metafísicos y naturalistas, como operación argumentativa que permite, a la vez, purificar de contingencias ideológico-políticas un posicionamiento particular, transmutándolo a una mirada esencialista de las creencias y sus objetos. Justamente esto se contrapone a una forma alternativa de ver la teología como un ejercicio (auto)crítico sobre la fe y cualquier discurso religioso en torno a lo divino, el Misterio o la Trascendencia, que siempre se reconoce en el pathos de un devenir histórico, por lo cual es siempre pasajero e imposible de imponer de forma unidireccional. En otros términos, toda teología es siempre particular, y por ende plural y en proceso. La instrumentalización libertaria -así como de otras voces- de un ejercicio teológico para su agenda, responde a un sentido restrictivo de dicho ejercicio.

      Ahora bien, ¿cuáles son las características de esta teología? En primer lugar, es una teología que se presenta desde un colonialismo moralista cristiano. El mismísimo Kast se ha encargado de contradecir a aquellos/as -incluyendo progresistas- que tanto cuestionan la irrelevancia de la “moda” de la crítica pos/de-colonial. Su agradecimiento a los reyes por encomendar a Colón la evangelización del continente a través del proceso de colonización no es un dato anecdótico, sino un elemento muy presente en el pensamiento libertario contemporáneo, que en su revisionismo histórico se presenta no sólo como un heraldo de la modernidad, sino incluso como una vía salvadora de éste, al ponderar los valores clásicos y cristianos que quedaron en el camino de la Ilustración y que deberían ser rescatados.

Encontramos la misma narrativa en personajes libertarios como Milei, Laje o los hermanos Kaiser, quienes apelan constantemente al rescate de la “superioridad” de una visión cristiana de Occidente, utilizando textos bíblicos y cuestionando cualquier voz disidente dentro del propio cristianismo, incluso de figuras moderadas como la del Papa Francisco.[2] Aquí también vemos la tan mentada alusión a la batalla cultural que se evoca en esta corriente, la cual no sólo tiene que ver con la enunciación del tipo de incidencia progresista que combaten, sino concretamente como el elemento característico superador de su agenda frente al liberalismo o la derecha tradicionales, que se han enfocado más en cuestiones económicas o políticas que en culturales y morales.[3] Para esto, el cristianismo neoconservador[4] se presenta no sólo como un anexo religioso funcional sino como un elemento cardinal de toda su matriz político-moral, lo cual facilita de recursos históricos, retóricos e institucionales para dicho armazón.

      El segundo elemento de esta teología es lo que podríamos denominar como un oxímoron teológico-antropológico. El concepto de libertad que tanto Kast como el movimiento libertario promueven se presenta sumamente contradictorio. Es un tipo de libertad con una posición bien concreta. Es, más que nada, libertad frente a ciertos posicionamientos sociopolíticos y al Estado. Interesante el juego hermenéutico que hace Kast al plantear que la fe cristiana es un principio para esta libertad; pero nuevamente, libertad frente a aquello que se establece como lo verdaderamente cristiano, es decir, como verdad absoluta. Aunque parece contraponerse a la libertad en el sentido individualista y posesivo (digo “parece” porque así lo dicen en teoría, pero en la práctica siguen sosteniendo el darwinismo de la victoria del más fuerte, coherente con el capitalismo neoliberal y la lógica totalitaria), al final es una libertad condicionada a la aceptación del marco cristianocéntrico conservador de la realidad.

Toda disidencia se cancela y se condena como “absoluta” e “impuesta” en cuanto se aparte del sentido cristianocéntrico conservador de libertad. Dicha libertad nunca se comprende como circunscrita a una creencia particular, sino que está cargada de elementos morales, que distan de responder a una contingencia ideológica. Más bien, dan cuenta de la naturaleza humana y las leyes sociales naturales. Aquí la vinculación entre teología (católica) y derecho natural dentro de la jurisprudencia latinoamericana ha sido fundamental.[5] Así como la Doctrina Social de la Iglesia es presentada como una superación de las tensiones políticas inherentes a la región, en la misma lógica el lugar del Estado es entendido como naturalmente impositivo, mientras pareciera ser que la Iglesia Católica (y sus aliados evangélicos) personifican una institucionalidad cuya acción monopólica no representa coacción sino el reflejo de lo más propio que la humanidad puede alcanzar y desear. Es decir, son la encarnación misma de la utopía.

Finalmente, esta teología refleja un profundo sentido mesiánico. La cuestión del mesianismo como lógica política simboliza una problemática bizantina a nivel global, y que incluso alcanza todas las fuerzas políticas e ideológicas. Lo que llama la atención es que el movimiento libertario denuncia muy asiduamente al “populismo” como un mal que encontramos en la región, especialmente en la figura caudillista de sus líderes, mientras no tienen despecho alguno en afirmar que son la única vía salvífica frente a la debacle. La utilización de la “Gran Comisión” de Mateo 28 en la exposición de Kast lo demuestra.

Esta instrumentalización del discurso religioso y teológico-moral por parte del movimiento libertario no sólo es funcional a la movilización de sectores religiosos que terminan formando parte de sus filas. Actúa también como un cimento ideológico-político, que contribuye directamente al estatus ontológico que legitima estas narrativas. Por ello, podríamos decir que, así como estos grupos y personajes hablan de una “batalla cultural” para contrarrestar agendas progresistas, necesitamos desatar una batalla teológico-política para desmantelar los andamiajes filosóficos y religiosos que nutren estos movimientos.

Esta batalla teológico-política podría formular algunos elementos como:

 

1)  Desmantelar la naturalización entre discurso religioso (cristiano) y moral conservadora, evidenciando que lo religioso en general y el cristianismo en particular alberga en su seno una diversidad muy amplia de posicionamientos, que cuestionan la relación conservadurismo-cristianismo-moral-modernidad presente en algunos liderazgos institucionales eclesiales, y que los grupos libertarios pretenden capitalizar;

 

2)  Dar cuenta que el sentido de libertad promovido por las religiones y espiritualidades de todo tipo tiene como punto de partida una dimensión antropológica antes que confesional; es decir, las creencias y espiritualidades -incluso en sus lecturas de los textos sagrados- siempre hacen una distinción entre fe/creencia, dignidad humana y andamiaje religioso-institucional. Incluso, este último puede culminar atentando contra la dignidad humana, como lo podemos ver dentro de ciertas lecturas bíblicas en el cristianismo, particularmente en las denuncias proféticas o algunos discursos de Jesús, los cuales son sumamente intransigentes contra la corrupción moral del poder institucional religioso. En este sentido, el cristianismo tiene mucho que aportar al reconocimiento de la dignidad humana, y no del “humano cristiano/a” o “humano creyente”. Las religiones y espiritualidades han luchado por la humanización, más allá de sus confesiones particulares e instituciones. Esto da cuenta de un importante aporte de la diversidad espiritual y el diálogo interreligioso en la defensa de los derechos humanos;

 

3)  Enfatizar en la idea de que las religiones y espiritualidades poseen una visión integral y comunitaria de la realidad, que resiste las visiones antropocéntricas muy comunes dentro de ciertas tradiciones cristianas conservadoras (que se pretenden anti-modernas, pero que finalmente muestran ser radicalmente lo opuesto, con su antropocentrismo ilustrado burgués, patriarcal y oligarca). De este modo, “lo mesiánico” como elemento teológico debe entenderse como la lucha por “lo común” frente al egoísmo de “lo propio”. Incluso en el cristianismo, el símbolo mesiánico de Jesús debe entenderse como la irrupción de una figura que se contrapone al pretendido mesianismo imperialista y religioso del momento.

 

La teología libertaria que vemos operando cada vez con más fuerza, no sólo a través de la difusión de narrativas (¡escuchemos a Kast hablando de la importancia de las redes sociales para “humanizar” sus mensajes políticos!) sino a través de procesos de articulación cada vez más amplios, debe urgentemente confrontarse con una articulación no sólo de agendas progresistas sino también de discursos y retóricas religiosas y espirituales que acompañen este caminar y actúen como contra-narrativas teológicas, para seguir sembrando diversidad donde la hegemonía conservadora pretende un monopolio disfrazado de secularismo naturalizado.


[1] Pueden ver la exposición de Kasta en este enlace: https://congresotv.ceu.es/videoteca/conferencia-fe-catolica-y-legado-hispano-en-la-america-actual-riesgo-y-fortalezas. Ver también https://www.hispanidad.com/sociedad/jose-antonio-kast-gracias-evangelizacion-legado-hemos-recibido-en-america-podido-desarrollar_12038482_102.html; https://www.religionenlibertad.com/espana/684691337/kast-defendamos-sin-miedo-sin-complejos-ideas-y-confiemos-dios.html  

[2] https://www.tiendaclubdelectores.cl/producto/148230/papa-y-el-capitalismo

[3] https://www.harpercollinsmexico.mx/9781400235995/la-batalla-cultural/

[4] El Activismo religioso conservador en América Latina (2010) https://rdu.unc.edu.ar/bitstream/handle/11086/1837/V3_Activismo_Religioso_Vaggione_2010.pdf?sequence=2

[5] Juan Marco Vaggione. “Sexuality, Law, and Religion in Latin America: Frameworks in Tension” Religion & Gender. Vol. 8, no. 1 (2018), 14-31 | DOI: 10.18352/rg.10246

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