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La Trilateral: El espejo clandestino del MDP (1983-1987). Por Jaime Gré

Después del golpe de 1973 cada partido de izquierda dedicó toda su energía a sobrevivir, intentando evitar golpes represivos y protegiendo la vida de sus militantes. Hasta fines de los 70 la represión arrasó con varias direcciones interiores del PC, del MIR y del PS, y, por ello, buena parte de las direcciones de los partidos se trasladaron al exterior. Desde entonces, las relaciones entre los partidos se hacían en el exterior, y estaban muy marcadas por la experiencia de la Unidad Popular y los procesos partidarios internos, como fue el de renovación iniciado por los socialistas. La unidad en el exterior se producía más en torno a las acciones de solidaridad con Chile que sobre otras cosas. Iniciados los años 80, en el interior del país comenzó una paulatina movilización social y los primeros contactos entre los partidos, los que se hacían básicamente en los organismos de defensa DDHH, como la Vicaria de la Solidaridad, la Comisión Chilena de DDHH y el CODEPU. Las direcciones interiores de los partidos de izquierda comenzaban a lograr cierta estabilidad y capacidad para eludir los golpes represivos.

Producto de la profunda crisis económica, hacia mediados del año 82, y ya directamente desde mayo del 83, las protestas masivas se tomaron la agenda política y social, y, por tanto, apareció la necesidad de un nivel superior de articulación de la izquierda. Es así como en septiembre de 1983 ve la luz pública el Movimiento Democrático Popular (MDP), instancia de articulación del PC, PS (Almeyda), MIR, con una plataforma de lucha amplia, que incluía demandas de asamblea constituyente, gobierno provisional, disolución aparatos represivos y democratización FFAA, fundamentalmente. Este referente duró hasta el año 1987 para luego dar paso a la Izquierda Unida (IU). Los rostros más conocidos del MDP fueron el Dr Manuel Almeyda, German (Chino) Correa, ambos socialistas; José (Pepe) Sanfuentes y Jaime Insunza, del PC; y el cura Rafael Maroto y Jecar Negme, del MIR.

Durante estos casi 4 años (desde septiembre del 83 a junio del 87) existió otra instancia no publica que era el espejo del MDP en la clandestinidad. En esta instancia trilateral participábamos los encargados de relaciones políticas de los tres partidos, quienes también llevábamos las relaciones bilaterales. Los rostros más frecuentes en esas reuniones eran Luciano Valle y Raúl Diaz, por el PS; Manuel Fernando Contreras y Carlos Zúñiga por el PC; y Osvaldo Torres y el suscrito (Jaime Gré) por el MIR. En algunas ocasiones participó Camilo Escalona (PS) y Manuel Canteros (PC). Todos estos nombres reales los supimos años después. Los participantes más frecuentes éramos Luciano, Manuel Fernando y yo.

Con el correr del tiempo se formaron amistades. En la práctica cada uno de nosotros pasábamos a veces más tiempo con militantes de los otros partidos que con los propios. Las reuniones bilaterales eran muy frecuentes y las trilaterales (de coordinación) eran necesariamente largas, tanto por la multiplicidad de temas a tratar y coordinar como porque no era nada fácil conseguir las casas o locales para realizarlas, y había que aprovecharlas.

Pero no todo era trabajo, también hubo momentos de humor. Recuerdo una reunión en agosto del 87, en un Depto cerca de la calle Los Leones, Providencia, en la cual Manuel Fernando Contreras (PC), con un gesto algo dramático tomó la palabra y solicitó muy solemnemente que nos pusiéramos de pie para conmemorar el 10 aniversario de un evento muy relevante que había conmovido y marcado la historia local y del mundo… que el Partido Comunista de Chile, el partido de la clase obrera, el partido de Recabarren y Laferte… a esa alturas todos los restantes nos mirábamos y tratábamos de adivinar a qué se refería…hasta que finalmente Manuel Fernando la soltó: queremos conmemorar como se merece, y a nombre de la dirección máxima del Partido Comunista de Chile, el 10 aniversario de la muerte del gran... Elvis Presley.

Entre tanto momento difícil, como las expulsiones del país o el confinamiento en lugares remotos del territorio nacional de miembros de su directiva, el MDP se afianzaba como el referente de la izquierda, aunque siempre tironeado o cuestionado desde los referentes que agrupaban tanto al centro político de entonces, encabezado por la DC, como por el Bloque Socialista, que reunía a distintos grupos socialistas y no socialistas (como la Izquierda Cristiana, y el MAPU).

Después de cada protesta o paro, entre el 83 y el 86, hacíamos las reuniones de evaluación. Los temas que abordábamos en la trilateral clandestina eran recurrentes: víctimas de la represión, acciones para sacar a los presos (recursos de amparo, y otras acciones legales); situación de cada partido, análisis político de la coyuntura, planificación de próximos actividades y coordinación territorial.

La velocidad de los hechos implicó que la trilateral clandestina incrementara su quehacer y que la delgada línea que nos compartimentaba del MDP fuera cada vez más delgada. Por ejemplo, reunirse con nuestros compañeros del MIR en el MDP (Jecar Negme, Álvaro Ahumada), implicaba riesgos para ambos lados, que la acelerada coyuntura nos obligaba a correr. Había que tomar decisiones rápidas, que no podían esperar al ritmo clandestino, y los dirigentes del MDP estaban más cerca de los hechos sobre los cuales había que tomar posición. Gracias a un gran “fiato” político, entre clandestinos y públicos, nunca tuvimos desavenencias significativas. Jugábamos de memoria, creo yo.

Además, a nosotros, como MIR, nos tocó cambiar rápidamente de vocero cuando nuestro representante en el MDP, el cura Rafael Maroto, fue relegado a un extremo del país. Finalmente, la vocería del MIR recayó en el joven Jecar Negme, quien con los años se transformó en un destacado dirigente nacional del MIR, hasta que fue asesinado por los servicios de seguridad en septiembre del 89, a dos meses de la elección de Aylwin.

En una de esas reuniones de la trilateral clandestina se especuló, medio en serio medio en broma, si formar o no la Dirección Revolucionaria Unificada, la D.R U.. No recuerdo como llegamos a ello, pero si recuerdo que fue en tono semiserio. Y qué tal si armamos un referente orgánico? , dijo alguien, como tantos otros en la historia de la izquierda mundial. Ya no solo nos coordinaríamos, sino que caminaríamos a un referente orgánico con una dirección única. En ese tiempo todavía nos gustaba harto lo único, parece. Finalmente quedo como una anécdota, pero siempre recordada con cariño. Desde mediados del 86 tuvimos que incluir otro tema en la agenda de nuestras reuniones. Un tema nada fácil de tratar: las crisis internas de nuestros partidos, que finalmente culminaron con la división del MIR y la separación de la mayoría del Frente Patriótico del PC, que dieron origen al Frente Autónomo.

Y es que el periodo político estaba cambiando: la crisis económica empezaba a quedar atrás, las protestas perdían fuerza, el bloque dominante superaba sus fracturas y el régimen comenzaba a retomar el control de la agenda política. Así el famoso “año decisivo” estaba siendo decisivo, pero de signo contario: la dictadura no caía, sino que se afianzaba, y se agotaba la estrategia de rebelión popular. Había que cambiar de estrategia y explorar otros caminos. Este proceso fue desgarrador y el MDP no logró superarlo con solo sus socios fundadores. Había que hacer algo más amplio, que incluyera otras fuerzas, acordes con la nueva estrategia. Y así nace la Izquierda Unida (IU), en junio de 1987, para enfrentar el nuevo escenario: el plebiscito de octubre de 1988 y todo lo que ello implicaba.

De las anécdotas o chascarros de ese momento, recuerdo una que protagonizamos Luciano Valle y yo. Debe haber sido por 86 y me encontraba cenando en compañía de una dama, que conocía hace poco, en un restaurante de calle Chile España, en Ñuñoa, cuando veo entrar a Luciano Valle acompañado de una guapa señorita. Ambos se sentaron cerca de nosotros. Y decidí hacer una jugada sorpresa.
Llamé al mozo y le dije que al señor de esa mesa, que era un destacado actor de teatro, por favor le ofreciera un trago de mi parte. El mozo se acerca a Luciano, le habla, Luciano gira la cabeza, me reconoce, capta la idea, y me agradece con una venia de persona famosa. Luego cada pareja siguió en lo suyo. Cuando pedí la cuenta me encontré con que la plata que andaba trayendo no me alcanzaba (no había tarjetas de crédito en ese tiempo). Luciano se había pedido un wiski de no sé cuántos años de antigüedad. Le tuve que pedir plata a la dama que recién venia conociendo.

Estas anécdotas no se narran necesariamente de forma exacta como acontecieron, sino como yo las recuerdo y las viví. Con Manuel Fernando y Luciano nos mantenemos en contacto hasta el día de hoy. Mucho más con Manuel Fernando, que vive en Santiago, que con Luciano que se trasladó a su natal Quilpué. Con Osvaldo Torres seguimos siendo amigos el alma. __

Jaime Gré, en ese entonces encargado de las relaciones políticas del MIR en el interior (Chile).

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