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Las caras del neoliberalismo: una mirada a Chiloé a propósito de la pandemia. Por Cristian Yáñez Aguilar

Generalmente las maneras en que se invisibiliza y se subalterniza ciertos territorios cambia, se reorganiza y adquiere fisonomías de acuerdo a la historia. El actual escenario revela la naturaleza tanática de un modelo económico cuya seducción -sobre todo en territorios históricamente marginados respecto de los centros de decisión- se expresa en la promesa de desarrollo que, al igual que las cifras de desaparecidos y muertos, esconde bajo la alfombra la diferenciación que eterniza. Chiloé vive un doble vínculo: por un lado la celebración de un cultura “folklorizada” que esconde los procesos de marginalización todavía vigentes, por otra, aquella protagonizada sin tapujos por la industria salmonera, la misma que contamina maritorio y territorio, proletarizando al otrora campesinado insular que hizo de mingas y medanes formas de sociabilidad antes que una mercancía cultural. La actual pandemia y una cuenta del actual ministro de Salud espectacularizada con Iglesia de Castro y mall de fondo, autorizan una revisión.

 

      La escena tiene un efecto comunicacional eficaz y como buen texto también posee información en lo que esconde. Tras el ministro de Salud, Enrique Paris, se observan el mall y la torre de la Iglesia de Castro, íconos del imaginario cultural y la sociedad neoliberal con su plaza pública. Lo que no se ve, es el casino desde donde se realiza la grabación. Cuál metáfora la escena revela dos caras con la que se ha expresado el neoliberalismo en Chiloé, una turístico-cultural y otra productiva, turismo y salmonicultura, mercado y folklore, todo bajo una misma égida.

 Un rasgo que desde la reflexión crítica ha sido ampliamente difundido y debatido tiene que ver con la preeminencia del mercado en el neoliberalismo y la creación de un sentido común que naturaliza las premisas utilitaristas al punto de que la derecha política no tiene tapujos en equiparar -en los medios de comunicación dominantes que amplifican sus tesis - la vida humana y la productividad económica. Foucault en sus conferencias del College de France publicadas con el nombre de Nacimiento de la Biopolítica[1] (2007) desarrolla esta idea evidenciando mostrando la trasnversalidad del mercado. Se trata de una instauración material y simbólica profundamente difundida en Chile durante gobiernos de la Concertación y de la derecha hoy en el ejecutivo.

La instalación del mercado durante los ochenta a partir de la violenta instauración de una Constitución en medio de las violaciones a los derechos humanos se expresó en Chiloé ya en aquella época por dos vías vigentes hasta la actualidad. Por una parte aparecen los agentes vinculados a la salmonicultura en el mismo período en que, en medio de las políticas de municipalización, surgen las “fiestas costumbristas” construyendo un imaginario rural iconizado en el “gorro de lana” para ser expuesta ante una nueva audiencia turística que apareció en temporada estival para el consumo de la mercancía cultural. Los años noventa -al igual que lo que hizo la Concertación y la derecha en ese período- marcaron la consolidación del modelo que instituye un “sujeto competitivo”, emprendedor en materia cultural, social y económica. El telón de fondo, la reformulación de una exclusión histórica, una que ha puesto la toma de decisiones relevantes -independiente del ámbito de que trate- fuera del territorio.

Una historia de subalternidad…o el ingreso a la modernidad tardía

Historiadores como Roldolfo Urbina Burgos[2] (2002) han explicitado la histórica posición subalterna de Chiloé respecto al Estado de Chile. Sin profundizar en los vaivenes de la historia colonial se debe recordar que el Batallón Chiloé se enfrentó al ejército patriota y que en Chiloé la vinculación con Chile se recuerda como un proceso de anexión que se produce por la vía armada recién en 1826. Urbina enfatiza en que Chiloé fue un territorio siempre mirado con desprecio no solo desde Santiago sino también desde las otras provincias.

      Chiloé era considerado como “la cola del cóndor”, a propósito del escudo chileno. La presencia de trabajadores chilotes en las patagonias chileno-argentina también hace eco de este endémico desprecio que quedó reflejado en el histórico testimonio de Osvaldo Bayer, a propósito de los asesinatos a los obreros de las industrias ovejeras que reclamaban condiciones mínimas en 1921. En su clásico libro la Patagonia Rebelde[3] señala a los chilotes como:

"esa gente oscura, sin nombre; rotosos que nacieron para agachar el lomo, para no tener nunca un peso. Trabajan para poder comprar alcohol y algún regalito para sus mujeres. Esa es toda su aspiración en la vida. Son la antítesis de los que han venido a la Patagonia a jugarse el todo por el todo con un fin: enriquecerse, "progresar”. Esa es la diferencia: unos han mamado la resignación o indiferencia desde chicos. Los otros son dominados por una única pasión, también natural en aquellos medios inhóspitos: la ambición” (Bayer, 2014:12).

 

 

Luis Mansilla [4](2019) recuerda el despiadado apelativo de “chilote” para insultar a los obreros por sus rasgos físicos en una época de profundo racismo étnico y de clase. La historia olvidó a los asesinados williche en esa matanza. En la mentalidad de la época chilote aparece como sinónimo de desprecio, de indígena y su pura evocación construye y jerarquiza la diferencia. Este proceso naturalmente es percibido también desde adentro y la conciencia de “ser distintos” forma parte de una construcción que se traspasa generacionalmente al interior de una población que también poseyó, hasta las últimas décadas del siglo XX, una fuerte cultura popular anclada en manifestaciones como la minga y el medán para enfrentar condiciones laborales por fuera de la mercantilización. Además de bailes, poéticas populares, comida y bebidas, estas actividades fueron formas colectivas de trabajo marcadas por la reciprocidad. Así también lo fueron los corrales de pesca, formas de raigambre indígena que también desaparecieron con el auge salmonero y la proletarización del campesinado impulsada durante la dictadura cívico-militar (1973-1990).

 

El desembarco neoliberal…la cara económica productiva

 

El desembarco de la industria salmonera en Chiloé coincide con la introducción de un modelo neoliberal impulsado durante la dictadura y legitimado internacionalmente después de 1990 (García de la Huerta[5], 2010; Foucault, 2007; Yáñez y Del Valle[6], 2015). En relación a la industria del salmón, Guillet y Olate[7] proponen una división de 3 momentos históricos respecto al desarrollo de la industria salmonera en estos territorios:

 

Se pueden dividir las etapas del cluster del salmón en tres5 : 1) Iniciación, desde 1978 (50 tons) a 1985 (900 tons) donde el precio fue US$9-10/kg y el objetivo era la supervivencia de los peces y la venta del producto; 2) Maduración, desde 1986 (1.350 tons) a 1995 (143.000 tons) donde el precio fue US$4-5/kg y el objetivo era incrementar los volúmenes de producción; 3) Globalización, desde 1996 (150.000 tons) hasta hoy (400.000 tons) donde el precio varió US$2,8-4,5/kg y el objetivo es aumentar la productividad. En esta última etapa, a partir de la segunda mitad de los años 90, la industria experimentó una transformación marcada por fusiones, lo que la hizo crecer de forma más competitiva, donde la empresa promedio fue más grande y más capital intensiva, y por lo que fue más demandante de conociendo tecnológico. Posteriormente aumentó la inversión extranjera directa de forma considerable y las firmas comenzaron a fusionarse, lo que hizo que la industria se internacionalizara. (Guillet y Olate, 2010: 10-11).

 

En los primeros años del nuevo milenio la industria no fue abierta a entregar información sobre el uso de antibióticos para una especie introducida, la cual fue difundida a nivel internacional por New York Times en 2009 gracias a la Ley de Acceso a la Información que permitió la entrega de datos por parte del Ministerio de Economía y el Instituto de Salud Pública. Habría que recordar también que la Ley de Transparencia, que se ha transformado en una herramienta para quienes ejercen en Chile un periodismo responsable, surge también como parte de un conjunto de medidas necesarias para asegurar el ingreso del país a la OCDE. La información reveló que el uso de antibióticos en Chile ha sido significativamente más alta que en Noruega, el otro país de referencia de esta industria[8].

 

       Un nuevo hito es necesariamente el Virus ISA. En un artículo donde derriba mitos modernizadores y heroicos de la industria salmonera Bustos (2012) señala que “el virus ISA apareció en la Región de Los Lagos en agosto de 2007 y en un corto periodo escaló desde un foco contenido en algunos centros de cultivo, a una epidemia que afectó tres regiones y puso a toda una industria contra la pared[9]” (Bustos, 2012). El documento académico deja al descubierto lo que a todas luces constituye un acto de complicidad desde las instituciones públicas que, como buenas estudiantes de las premisas neoliberales, se ha dedicado a generar las condiciones para un accionar protagónico de las empresas:

 

Al revisar el debate político generado en torno al virus ISA, llama la atención lo señalado en el informe de la comisión especial de la Cámara de Diputados, que en cerca de doscientas páginas contenía testimonios de todos los actores involucrados: empresarios, sindicatos, ONG, universidades, gobiernos locales y regionales, autoridades de servicios públicos, etcétera. Si bien el informe reconoce los impactos negativos de la industria en términos laborales, no sucede lo mismo en términos ambientales, a cuyo respecto señala que «no existe evidencia científica objetiva sobre los impactos ambientales de la industria salmonera en la región». Esta declaración llama la atención, por varias razones. Primero, porque en el informe están contenidas las declaraciones de académicos expertos y de ONG ambientales que han desarrollado estudios y donde están claramente señalados los impactos. Segundo, porque bajo la lógica neoliberal implementada en Chile, son los expertos y los técnicos quienes están más capacitados para tomar decisiones; por ende, era un indicio de que en este caso, los expertos —la comunidad científica— no estaban siendo integrados a la toma de decisiones (Bustos, 2012).

 

Fue con el Mayo Chilote de 2016 que la propia población salió a las calles para denunciar. La marea roja pero sobre todo el vertimiento de 9000 toneladas de salmones descompuestos produjo una movilización que iniciaron los Pescadores que se tomaron los accesos para visibilizar una demanda histórica, como aquella que estallaría a nivel nacional tres años después. En el proceso se sumó toda una comunidad, la misma históricamente postergada que ingresó a la modernidad desde la subalternización pero siempre con promesas. Las del desarrollo e integración por vía del consumo como ocurrió con el mediático mall de Castro y a través de un Puente sobre el Canal de Chacao que poco dice del aislamiento que se vive en las islas menores del archipiélago donde llegar a Castro ya es una odisea. La gente en las calles volvió a cantar una antigua composición que ya a fines de los ochenta vislumbraba los cambios sociales y culturales del modelo: “Ya no hay pescao, ya no hay pescao, porque los grandes y aquellos barcos de lo han llevado[10]”

La solución, un denominado Plan Chiloé que, si bien concretó medidas, no solucionó cuestiones estructurales. Denuncias de vertimiento continúan, así como la generación de proyectos que pasan por sobre los derechos de los pueblos originarios, los mismos históricamente invisibilizados. La integración por la vía del consumo pasó a ser vista con burla por quienes desde fuera del territorio veían en imágenes viralizadas a personas hacer filas para ingresar a un mall porque, como se escucha por esos lares, “también tienen derecho a uno”. También se escuchan los ecos quienes aún confiados en las promesas de un “ahora sí”, aplauden el puente porque “podrán atender a sus enfermos en Puerto Montt”. Todas las caras muestran la misma moneda.

Lo cultural: la otra cara…productiva, del neoliberalismo

Pero la década del 80 también es la década de la municipalización y ello tuvo un impacto relevante en un Chiloé de modernización tardía donde las otroras actividades provenientes de una sociedad agraria y muchas expresiones de tradición oral pasaron a ser mercantilizadas. Por aquella época surgen eventos de gastronomía y danzas folklóricas conocidos en la zona como festivales costumbristas, impulsados por los municipios en conjunto con juntas de vecinos que ya en los ochenta protagonizan relaciones clientelares donde prima la despolitización junto a honestos deseos de bienestar. Es el ingreso a un capitalismo desde su fase de folklorización y espectacularización. La cara cultural. Escenarios folklóricos, puestos de comida y la escenificación de un folklore que ahora circula como mercancía para una audiencia que ya no es el mundo comunitario donde actuaron los viejos cantores campesinos sino para un turismo que, cuando es exterior, busca de forma asidua los resabios de lo que sería una cultura distinta, algo exótica y rural…pura alteridad.

En los noventa estas muestran se amplían a las distintas islas y pueblos chilotes, se comienza a difundir una estética que satisfice un consumo en torno a un Chiloé cuya cultura aparece mercantilizada como expresión mágica que parece satisfacer las necesidades de una modernidad saturada[11] (Mansilla, 2006) en un país neoliberal icónico como Chile. Por otra parte aumenta una migración hacia centros poblados como Quellón, Castro y Ancud.

En medio de este doble vínculo también emergen las voces críticas que en el mismo marco cultural desde fines de los 80 y los 90 ejecutan canciones que llaman a tomar conciencia sobre los problemas socio ambientales, la proletarización del campesinado, la migración reciente y el reconocimiento a los pueblos originarios: el hip hop aparece en escena, las rancheras y las cumbias también sirven de medio de denuncia. Resuenan nombres de agrupaciones musicales icónicas como Los Remeros de Compu (que ejecutaban las canciones del lonko williche José Santos Lincoman Inaicheo), Rosario Hueicha, Magisterio de Quellón, Ramón Yáñez, entre otros, al igual que otras expresiones artísticas como el teatro donde desde temprano se abordan los cambios sociales. “Chiloé: Cielos cubiertos”, junto a otras de menor difusión, aparece en ese horizonte.

      Medios de Comunicación como Radio Estrella del Mar orientados por una perspectiva de comunicación participativa y popular promueve formas de recuperación de memoria para re-construir un tejido social dañado por un modelo donde los adultos mayores -los mismos que sufren las jubilaciones del modelo chileno- dejan de ser productivos y pierden el reconocimiento propio de antaño incluso en comunidades pequeñas.

      

El ”dejar hacer” del neoliberalismo…y un coronavirus

 

Ya con el coronavirus en Chile vimos en los primeros meses de 2020 a un conjunto de dirigentes denunciando -una vez más- poca participación en la toma de decisiones y solicitando una barrera sanitaria ante la llegada de turistas que todavía arribaban a la isla en el mes de marzo[12]. Se produjo así una articulación entre dirigentes y alcaldes que entraron en tensión con las autoridades gubernamentales pero a raíz de esta el intendente Harry Jurgensen y la Seremi de Salud implementaron una medida de barrera sanitaria.

La industria eso sí, ha seguido operando y como han socializado a través de sus propios medios comunicacionales, han implementado medidas de seguridad como sanitización precisamente en un contexto medico de incertidumbres. La producción debe continuar. El sitio web de la Fundación Terram informa que “En el archipiélago, dos días alcanzó a estar vigente la resolución 249, emitida el martes 31 de marzo por la Seremi de Salud de la región de Aysén que establecía una barrera sanitaria para los funcionarios de las empresas salmoneras, informándose el 2 de abril una nueva resolución oficial que dejó sin efecto la anterior, argumentando el “negativo impacto en la industria”, siendo varias las empresas que vienen presionando con despidos masivos en caso de parar faenas[13]”. Organizaciones sociales denunciaron la presión de la industria a través del sector camionero concesionado debido a los impactos negativos que una barrera efectiva podría generar en sus márgenes de ganancia.

      El cambio de ministro viene a poner en el centro a Chiloé en el discurso nacional y las redes sociales aparecen las voces que agradecen ser considerados por ministro Paris en su primer discurso: “ahora sí seremos escuchados”, ronda en esperanzadores mensajes a través de redes sociales. La esperanza en, por fin ser considerados es similar a la que hace unos años aplaudía el mall de Castro, parecida a quienes con honestidad vieron la llegada de empresas salmoneras como posibilidad para el trabajo y la misma que pone al turista consumidor de la denominada “cultura tradicional y folklórica” por sobre cualquier consideración ético-estética en situaciones de orden cultural.

En simultáneo un número importante de trabajadoras y trabajadores asalariados continúan en las fábricas de la industria, viajando en autobuses y, por supuesto, relativizando el mensaje del confinamiento que los políticos de derecha y el mainstream tanto defienden en lo que hoy son una extensión más de sus redes de relaciones públicas: los matinales de la televisión abierta. Así las cosas, el tiempo de pandemia es en primer lugar un momento para cuidar vidas humanas pero también de develar que en realidad la modernidad neoliberal no está por llegar en un “ahora sí”, sino que aterrizó hace ya 40 años. Porque la contaminación, el individualismo y la exotización cultural son manifestaciones del modelo que el discurso heroico -que se alimenta de las esperanza- también oculta, porque esas promesas como la lluvia en carretera ayuda a hacer menos visible la exclusión de su inclusión.

 

 

 


[1] Foucault, Michel. Nacimiento de la Biopolítica: curso en el college de France 1978-1979. México: Fondo de Cultura Económica. 2007.

 

 

[2] Urbina, Rodolfo (2002). La vida en Chiloé en los tiempos del fogón. Valparaíso: Editorial Universidad de Playa Ancha.

 

[3] Bayer, Osvaldo.(2014). La Patagonia Rebelde. Argentina: Editorial Booket.

 

[4] Mancilla, Luis (2019). Los chilotes de la Patagonia rebelde. La historia de los emigrantes chilotes fusilados en las estancias de Santa Cruz, Argentina, durante la represión de la huelga del año 1921. Castro, Chiloé.

[5] García de la Fuente, Marcos. Memorias de Estado y nación. Política y globalización. Chile: LOM Ediciones 2010.

[6] Yáñez Aguilar, Cristian y Del Valle, Carlos. (2015). «Propuesta teórica para el abordaje de manifestaciones festivas en contextos de conflicto socioambiental». Revista Internacional de Folkcomunicação, Rede Folkcom. Universidad Estadual de Ponta Grossa, Brasil.

 

[7] Guillet, José Tomás y Olave, Anita. (2010). La crisis del salmón y el desempleo en la Décima Región. Seminario de Título, Ingeniería Comercial. Facultad de Economía y Negocios. Escuela de Economía y Administración. Universidad de Chile.

[8] Sobre el uso de antibióticos se han realizado aproximaciones más acabadas como las de: BURRIDGE, L., WEIS, J., CABELLO, F., PIZARRO, J., BOSTICK, K. 2010. Chemical use in salmon aquaculture: a review of current practices and possible environmental effects. Aquaculture 306: 7-23. CABELLO, F. 2003. Antibióticos y acuicultura: un análisis de sus potenciales impactos para el medio ambiente, la salud humana y animal en Chile. Análisis de Políticas Públicas. Organización Terram, Publicación Nº 17

 

[9] BUSTOS, Beatriz. Brote del virus ISA: crisis ambiental y capacidad de la institucionalidad ambiental para manejar el conflicto. EURE (Santiago) [online]. 2012, vol.38, n.115 [citado 2020-07-08], pp.219-245. Disponible en: <https://scielo.conicyt.cl/scielo.ph...> . ISSN 0250-7161. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612012000300010.

[10] Un abordaje sobre los alcances de la música popular en relación a los procesos sociales fue presentada por el autor en el congreso de 2018 “XIV Congreso de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación: Comunicación en sociedades diversas Horizontes de inclusión, equidad y democracia. Ponencia: “Desde la “Proyección Folklórica” a la Folkcomunicación: el género folklórico como espacio para la comunicación local en el archipiélago de Chiloé, sur de Chile”. Costa Rica: Universidad de Costa Rica, 30 de julio al 01 de agosto. Un texto en profundidad fue publicado en un artículo editado por Revista Hum@nae. Volumen 13 Número 2 Brasil en 2019 con el mismo nombre.

 

 

[11] Mansilla, S. (2006). “Chiloé y los dilemas de su identidad cultural ante el modelo neoliberal chileno: la visión de los artistas e intelectuales”, en: Revista Alpha, núm. 23, 233-243.

 

[12] Registro disponible a través de Décima TV. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=8cLfhZcr7cY

[13] https://www.terram.cl/2020/04/chiloe-denuncian-que-camioneros-de-la-industria-salmonera-estan-poniendo-en-grave-riesgo-la-salud-de-la-poblacion/

Dr. Cristian Yáñez Aguilar
Instituto de Comunicación Social
Universidad Austral de Chile

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