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Las matemáticas y el discurso en la política. Por Luis Osorio

Hace algunos días, escuchaba a Pepe Mujica en un mensaje que es muy cierto y de carácter genérico para todos los países, sobre la unidad e importancia de juntar fuerzas para alcanzar objetivos y cambios que son parte de las ideas comunes.

Ello representa en las matemáticas, una operación muy simple que es la suma y tiene la esencia de mediante la utilización del signo “+”, juntar dos cantidades y obtener un resultado mayor de lo que pesa cada una por sí sola. Esto se puede ver reforzado, si incorporamos el concepto de sinergia, utilizado en las organizaciones, donde se expresa como que “2+2” es mayor que 4. Es decir, sumando podemos obtener algo más aumentado que el peso que aportan cantidades por separadas.

Si cada sector que, en el supuesto, va hacia un horizonte común, lo anterior puede funcionar bien asignando a cada uno ciertas cifras mayores que cero, potenciando bastante las corrientes sinérgicas.

No obstante, la realidad y la historia, nos aleja de ese escenario, ya que a cada sector le corresponde representaciones numéricas diferentes. Además, se levantan figuras ficticias un tanto engañosas, que tratan de cubrir un amplio espectro, instalando nombres como el de “centro izquierda”, que en realidad no es nada, ni siquiera algo que lleve a un equilibrio, sólo algo nominativo.

Pero, también la realidad es que cada uno puede adoptar el nombre que desee, aunque concibo más la existencia de dos polos y un centro. El otro factor de ubicación y que tiene más que ver con la asignación numérica, es el historial de los sectores en la historia y sus grados de responsabilidad en los problemas existentes, de mayor incidencia si se han tenido poder en el tiempo prolongado. Así, se abre también el conjunto de números negativos, que de manera natural les puede corresponder a algunos.

Generosamente quienes llevan menos tiempo en estas andanzas, podrían de manera complaciente, partir con un valor positivo. Pero si se suman a otros, nos podríamos en concentrar con la suma de un “2”, con un “-2”, y en tal caso el resultado es cero. La gama de cifras que intervienen, también podría llegar a resultados de la suma menores que cero.

En la parte del discurso, se encuentra la estructuración de éste, que se inicia con un elemento que puede ser la base de la mentira, como el decir hay que “hablarle a cierto sector de la población”. Ello representa en esencia el “tengo que hablar lo que el otro quiera escuchar”, aunque no tenga ninguna relación con lo que quien discursea piensa y mucho menos con lo que va a hacer si es que le llegara a corresponder la toma del poder.

Es sabido cuales son las condiciones de largo plazo para imponer un modelo, y ser apuntalado por sostenedores con rol de beneficiados. Cuando aquel que pertenece a un grupo que ha llevado al país a un estado de sociedad indeseable, otorgando la benevolencia a la estructura dictatorial, se encuentra en una condición de nula credibilidad.

En estricto orden creciente, partiendo de una propuesta de un programa de gobierno, siguiendo con un proyecto país de sociedad justa y finalizando con el poner fin al modelo neoliberal, corresponde la suma de esos tres momentos, a un discurso que no tiene asidero, por cuanto el modelo se construye en un largo plazo, que ya se encuentra expirado. Es necesario, pero dejando de lado a los que no actuaron en su debida oportunidad. Es pertinente dos citas del libro, Política, Planificación y Gobierno, del autor Carlos Matus, quien fuera ministro de Economía del presidente Salvador Allende.

“Cualquier ciudadano de un país puede preguntarse con razón qué papel juega en la conformación del futuro. ¿Estamos caminando hacia dónde queremos? ¿Sabemos lo que queremos? ¿Hacemos lo suficiente para alcanzarlo? El problema reside en si somos arrastrados por la fuerza de la corriente del río de los acontecimientos hacia un Terminal desconocido o sabemos dónde llegar y estamos conduciendo y contribuyendo a conducir el movimiento de las cosas en esa dirección.”

“¿Nos arrastran o conducimos? Porque hoy vivimos lo que antes fue futuro y todos los problemas que están ahora ante nuestra vista pudieron ser evitados o resueltos ¡Pudimos conducir y fuimos conducidos hacia donde no queríamos! ¿Yo gobierno mi destino? ¿Mi país gobierna su destino?”. En los turbulentos tiempos del país, algunos tienen la deuda de un discurso de explicación, en el momento preciso restaron y no sumaron. Llegó el momento en que ya es tarde y hay que cambiar. Las reflexiones de Carlos Matus hay que leerlas con atención, nos llevaron a una deuda con el futuro, ese futuro es hoy y no se puede reincidir.

2 de agosto de 2021

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