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Las paradojas del gabinete del Rechazo. Por Sebastián Rueda Kewpo

Paradoja es una palabra originaria del griego (παράδοξος) compuesta por para, que implica una contra, una oposición, y doxa, opinión. Hace alusión a fenómenos extraños, declaraciones aparentemente contradictorias, que solo pueden ser verdaderas si son falsas, y viceversa. Paradójicamente esperable fue cuando el nuevo vocero Jaime Bellolio menciona en su primera declaración a los medios que “no son el gabinete del rechazo”. Nadie lo forzó para, a través de esa negación, bautizar a esta nueva versión del equipo del poder ejecutivo que inicia esta semana en La Moneda, entre el nuevo gabinete y la cuenta pública del presidente. El gabinete del rechazo, el gobierno del Rechazo.

Hay varias formas de mirar esta nueva composición del gobierno, el cuarto cambio de su comité político, y en esta columna se buscará establecer distintas lecturas de los movimientos acontecidos, dentro de las limitaciones que este formato de escritura supone. Sin embargo, todas ellas tienen un elemento en común: la derrota personal del presidente de la república, luego del revés que significó la ley del retiro del 10% de las AFP.

La primera paradoja es que Piñera desde su primera candidatura hasta hace poco se ha presentado como el salvador de la derecha, el único capaz de otorgarle mayorías absolutas, el único que permitiría al conglomerado llegar a La Moneda. Lo paradójico de todo esto es que ahora para poder intentar terminar su mandato, a duras penas, tenga que rodearse de los sectores más duros de la derecha, aquellos que siempre lo han despreciado por venir de familia DC, ser un nuevo rico, un aparecido en las altas esferas de la élite nacional. Para sobrevivir, Piñera tuvo que rogarle a los que lo encuentran “chico, feo y tonto”, como dijo el señor Carlos Larraín en una entrevista reciente.

Una segunda paradoja es que un sector de la derecha se dio cuenta que al conectar con sensibilidades distintas a las de las élites podía lograr mayorías políticas y sociales con las que dar gobernabilidad al país, lo que se reflejó en la última elección. Casos como el del mismo Bellolio por ejemplo, que hasta hace poco defendía el Apruebo y se le veía amistoso con los parlamentarios del Frente Amplio, pero que luego del episodio del 10% cambió totalmente su retórica, acoplándose así a la derecha dura del Rechazo.

Luego entenderíamos este giro cuando lo vimos asumiendo como vocero de gobierno, acercándose al grupo minoritario de “cómplices pasivos” de la dictadura que siguen defendiendo con dientes y muelas la constitución del 80 y la ortodoxia económica neoliberal. Así como Bellolio otros políticos de esa derecha social cambiaron su postura y se alinearon (quizás con amenazas de por medio) con esa derecha dura del Rechazo al Proceso Constituyente, un sector con poder económico pero poca representatividad, lo que en palabras del cientista político Claudio Fuentes sería un error muy grave, un suicidio político al defender el pasado mientras muchos grupos conforman una gran mayoría que quiere imaginar un mejor futuro creando una nueva constitución. No hay encuesta de opinión que no visibilice esa mayoría, y por eso un fracaso de la opción Rechazo es algo probable y dejaría muy mal a la derecha en su integridad como bloque.

Una tercera paradoja viene con el momento producido con la ley del 10%, cuya tramitación tuvo los más altos índices de audiencia en los canales de la cámara y el senado, con toda la gente interesándose en el quehacer parlamentario como quizás nunca habíamos visto en la historia reciente. En un momento donde lo político fue vivido con la transversalidad que sólo habíamos experienciado en partidos de la selección de fútbol, éste era el momento ideal para tender puentes y generar acuerdos de unidad nacional. Para eso el sector duro debía ceder ante esas inéditas supramayorías formadas, que trascendieron el clivaje izquierda-derecha para dar paso a otro, pueblo versus élite. Pero no f ue así, y la respuesta del gobierno (algunos analistas dicen que fue más del “presidente de facto” Larroulet que del propio Piñera) fue acotarse a ordenar su sector político, callando al “duro” de Allamand y al “progre” de Desbordes atacando directo a sus pulsiones, dándoles los ministerios que en lo más profundo deseaban: al primero Cancillería y al segundo Defensa, ambas carteras caracterizadas por seguir políticas de Estado, no de gobierno, por lo que opinar sobre contingencia política desde esos puestos no resulta apropiado ni conveniente. Entonces, la tercera paradoja es que vemos a Piñera hablando constantemente de unidad nacional en su cuenta pública del viernes, pero con sus actos se contradice al haber puesto días antes un gabinete de derecha dura, perdiendo la inédita oportunidad de tender puentes y lograr acuerdos de gran escala para salir de la gran crisis social y política.

La cuarta y última paradoja de este gabinete del rechazo es la paradoja del propio presidente Piñera, que con sus elecciones de ministros busca generar estabilidad en su sector y salir de la crisis interna, pero que más allá del bloque le será imposible generar más respaldo, sino más bien todo lo contrario: más polarización social. Esto es una tragedia para la personalidad del presidente, que en su vida pública se ha caracterizado por buscar la aprobación de la gente, ser ganador, ser querido.

Con el gabinete que eligió ya se encasilla con los “duros”, la minoritaria derecha de Libertad y Desarrollo, que no es capaz de empatizar con los verdaderos problemas de mucha gente que ha perdido sus trabajos, el dolor de toda una primera generación de universitarios endeudados que no han podido trabajar en lo que estudiaron ni han logrado independencia económica, la realidad de los hogares chilenos cuyas deudas han alcanzado máximos históricos según el último informe del Banco Central.

Las paradojas del gabinete del rechazo terminan sintetizándose con la ya famosa imagen de Piñera, que se baja en Plaza de la Dignidad para apoyarse en el monumento al general Baquedano y mirar al horizonte con pose ganadora, mientras detrás suyo hay un rayado que dice “FUERA PIÑERA”. Vaya paradoja.

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Sebastián Rueda Kewpo es Magíster en Estudios Internacionales y Psicólogo de la Universidad de Chile, con postítulo en Psicología Social Crítica y Procesos Políticos.

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