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Las pertinentes «Reflexiones americanas: Ensayos de intra-historia» de Marcos García de la Huerta. Por Alex Ibarra Peña

«(...) nuestra historia se ha construido en abruptas
y sucesivas superposiciones que han terminado
por hacer borrosas las huellas. Pero también a la
necesidad de autoafirmación de un ser que
otros nos han negado o regateado».

Tenemos una tradición de pensamiento que no deberíamos eludir, no sólo para no seguir en la ignorancia sino que para poder seguir pensándonos en estos tiempos de transformaciones sociales y políticas que reclaman un modo de ser más liberado. Hay varios textos, en nuestra tradición escrita, que colaboran, desde sus perspectivas, en la comprensión de nuestra realidad. Este es el caso de este libro publicado hace ya más de dos décadas por este filósofo chileno reconocido recientemente con el Premio Nacional de Humanidades.

Los planteamientos teóricos que aparecen declarados desde el inicio del libro los podríamos encasillar como provenientes, en algún sentido, de la tradición posmoderna francesa, entendiéndose que lo que presenta el autor son reflexiones «fragmentarias» como él mismo declara, además su permanente recurso al conocimiento de la filosofía de Foucault y Bataille, junto a su insistencia en los desplazamientos nietzscheanos. Sin embargo, estos «fragmentos» de buena cepa ensayística no me parecen una muestra de pensamiento débil, muy por el contrario, en esta obra hay un robusto ejercicio del pensar filosóficamente sin pudor frente a la «normalidad» institucionalizada de la disciplina.

Aunque no debería parecernos extraño, hay en este filósofo una lectura seria de autores españoles. Las referencias explícitas a Unamuno o las implícitas a Ortega, dejan ver su relación cercana con algunos de los filósofos de la República española exiliados en Chile, principalmente José Ricardo Morales y Francisco Soler; de este último, tal vez provengan el uso que hace de categorías heideggerianas. Por otro lado, son claros sus referentes americanistas: Gabriela Mistral, Octavio Paz, Leopoldo Zea, Luis Villoro, y Beatriz Fernández. Además, con puntos de vista críticos interviene con discusiones desde el sano ejercicio intelectual de la polémica frente a autores como Pedro Morandé, Ángel Rama, Néstor García Canclini y Francis Fukuyama.

En este libro se plantea una discusión histórica de largo aliento, motivada por los 500 años de la Conquista de América. Aparece una consistente reflexión sobre las herencias coloniales y republicanas, presentadas como parte de nuestra conflictiva identidad, dada la hegemonía política a favor de la modernización, en sus palabras: "Desde el siglo XVIII hasta hoy, sucesivamente los jesuitas ilustrados, los liberales y positivistas del siglo XIX, por último marxistas y neoliberales del siglo XX, todos en distintas formas y con diversos lenguajes, lo que han propuesto como motivo conductor es la famosa «modernización»". Esta historia de relato oficial o de superficie, es el que se encuentra con otro elemento constitutivo de nuestra cultura, el cual suele estar en lo oculto, aquella resistencia arcaica, o podríamos decir india.

La agudización de un modelo excluyente de modernización regimentado desde una concepción «ultraliberal» agudiza la complejidad de la dicotomía «modernidad/antimodernidad», dada sus características de neototalitarismo que monopoliza, desde la violencia, un modelo social que no satisface las condiciones mínimas de dignidad, más literalmente desde los planteos de García de la Huerta: "Pero no ha sido la nuestra sólo una «modernidad inacabada», como diría Habermas, también ha sido una modernidad inaceptada, resistida, incluso combatida. De modo que bajo el discurso y el ánimo modernizadores subsiste una tradición antimoderna robusta y de buena salud".

Estas ideas de una modernidad en la superficie y la existencia de lo arcaico en lo oculto, viene siendo replanteado por el filósofo boliviano Luis Tapia, seguramente sin conocer el texto que vengo refiriendo, en su buen libro titulado «Política Salvaje» (2008), principalmente en el capítulo «Subsuelo político» en el cual señala: «Las sociedades modernas se erigen sobre la desorganización de las formas comunitarias, que eran/son formas de totalización de la vida social. La fragmentación de estas totalidades, causada por la separación-concentración en algunos ámbitos estructurales, que así adquieren mayor importancia como la economía y la política convertida en estado, deja a otros ámbitos y procesos de la vida social en condiciones de desarticulación, marginalidad e invisibilidad». Estos planteamientos de Tapia, como ha sido reconocido por él mismo, continúan la reflexión de René Zavaleta en «Lo Nacional-popular en Bolivia» (1986), donde instala la categoría de «abigarramiento», que a la vez se sustentan en las ideas del filósofo indio-boliviano Fausto Reinaga. Plantea Tapia: «Hay otro tipo de relaciones sociales que articulan formas de producción, comunidad y de autoridad local o gobierno, diferentes a las del estado-nación que se superpone inorgánicamente a las mismas».

En esto podemos ir observando que el supuesto discurso de la homogenidad cultural queda desarticulado constituyéndose una posibilidad histórica para nuestra América, extraigo de García de la Huerta: «(...) mirar a través de estos desfases del discurso, tomarlos como otros tantos indicadores de un imaginario utópico. Pues, no se trata de reemplazar una arenga por otra más edificante, sino de leer como síntomas esos desfases y considerarlos como signos de otra cosa: en aquellos asoma, pensamos, una historia, remota, enterrada viva que es preciso exhumar e interrogar». Es así como la filosofía va quedando desafiada para sobreponerse a la difundida predica de su universalidad, las preguntas anquilosadas con sus respuestas de manuales que niegan la posibilidad de interrogar genuinamente encuentra un lugar de superación, ya que nos queda lo utópico, nuevamente cito a este sabio chileno: «El antídoto de esta amnesia es la utopía, un sueño de futuro que neutraliza el agotamiento de la memoria (...) El vacío de pasado se convierte en porvenir pleno, pero sólo soñado».

El reconocimiento público de un autor siempre presenta una nueva oportunidad para conocer sus libros, si bien la obra de García de la Huerta ha sido estudiada por algunos colegas, sus reflexiones siguen abiertas a las interpretaciones que van surgiendo a partir de los diferentes contextos históricos actuales abiertos a nuevos horizontes.

Alex Ibarra Peña.
Dr. Estudios Americanos.

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