En kioscos: Julio 2022
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

Las vicisitudes del proceso constituyente: los dos tercios se justifican a plenitud. Por Luis Osorio

Las interpretaciones históricas, son en extremo realizadas con una dosis de fragilidad, los eufemismos abundan y la carencia de definiciones arrastran a creer en cosas que no son.

Hechos importantes, tratan de olvidarse y para algunos, hasta les agradaría que el tiempo los borre pronto, pero siguen presentes en una suerte de negacionismo.

Algunos, estiman que no fue el 18 de octubre de 2019 la fecha que marcó un antes y un después, sino que las masivas movilizaciones en la calle, del día 25 de octubre del mismo año. Otros no ven razón de que la ciudadanía se hubiera movilizado.

Es necesario estar atentos para comprobar en el corto plazo, si realmente Chile despertó.

La rebelión de la gente, para algunos era como un desprecio al supuesto de una gran obra que estimaban no reconocida de lo hecho en treinta años, con la sensación de estar en un gran país. Se echaba por tierra, en apariencia, el nivel de comodidad que habían alcanzado, desde posiciones de gobierno, en la suma de mandatos post año 90 en adelante.

Se trata de algo que no logran superarlo, y el término aún en desarrollo del cambio de la Constitución les ha sido de total desagrado. Probablemente sectores del gobierno actual, más apegados a la vieja concertación, deben tener grandes reparos que nunca exteriorizarán, y ni siquiera se sabrá el secreto de la opción marcada en urna.

Hay un elemento de la matemática llamado transitividad mezclado con la lógica de la misma disciplina, que refleja muy bien algo conceptual relativo a lo que está pasando, que diría: “si tenemos una constitución y un modelo creado en dictadura, la convivencia subyacente no es una democracia”, “si una democracia hubiese sido capaz de cambiar un modelo y una constitución, que proviene de dictadura, estaríamos en democracia plena”, “por tanto, al tener un modelo intacto y una constitución sin alteraciones sustanciales desde su origen, la democracia no ha existido”. No habrá que entender democracia como el mero acto de votar y la claridad que la constitución vigente es la de Pinochet.

Más aún, lo anterior queda refrendado por la nula preocupación una vez que se aprueba la inscripción automática y el voto voluntario, de la baja participación de electores, y el ser elegido con la concurrencia de la mitad de los habilitados para sufragar, ha significado más control del electorado, y la exhibición de porcentajes que en términos reales se deben dividir por dos.

El fondo del proceso constitucional vigente, tiene incongruencias no legales, sino de alcances incomprensibles que no hay que dejar de tener en cuenta. Al optar por aprobar la nueva Constitución en un plebiscito de salida, se confronta el nuevo texto a la Constitución de 1980, la cual tuvo que ser reformada para permitir en un tiempo acotado desarrollar un proceso de la magnitud de elaborar una carta fundamental. Pero la reforma se hace de tal manera que le fija bases obligadas al trabajo de los constitucionales, por tanto, parte con factores de dependencia incluidos los quórums de los dos tercios, que sí en ese momento tenían valor para los parlamentarios del período en que se llevó a cabo trámite, las condiciones que normaban la elaboración de las nuevas reglas del juego.

De todos modos, y concordante a lo que es el estilo país, aunque se actúe fuera de la racionalidad, esas reglas fueron las que imperaron. Se sumaron dos hechos incongruentes, que en posición de algunos representaba un acto democrático, uno de los cuales era el disponer de dos papeletas en el plebiscito de entrada, de tal manera que quienes estaban por rechazar el proceso constituyente, se podían pronunciar por el mecanismo ante la eventualidad que ganara el apruebo en la entrada. Nuevamente se impone lo irracional.

El otro hecho, que resulta del todo carente de lógica, es un plebiscito de entrada con participación voluntaria y el de salida con voto obligatorio. Más adelante se hará referencia a ello.

A pesar de lo dicho, en un contexto histórico, podría interponerse, aunque con reparos, por primera vez pasos importantes para llegar a una verdadera transición hacia la democracia, que, en algunos momentos en época de la concertación, anunciaba que ya estábamos listos con la transición, pero eso no era así, faltaba mucho.

En programas televisivos, post anuncio de la discusión sobre la idea de llevar a efecto la construcción de una nueva Constitución, se ponía énfasis en que por primera vez sería construida ésta con la participación ciudadana, lo cual en cierto grado se tuvo en consideración, aunque en forma limitada por el tiempo escaso fijado para el trabajo de la Convención. Además, las iniciativas que se podían levantar desde la ciudadanía requerían una cantidad no menor de apoyos que en cierta forma eran inalcanzables, un tiempo mayor del proceso fijado desde el origen, podría haber sido favorable para algo diferente.

A medida que se avanzaba, personas que ocupan cargos en diferentes esferas, seguían y siguen ejerciendo poder sobre el proceso y ya, a esta altura, la ciudadanía está en compás de espera del plebiscito del 4 de septiembre. Para los que ostentan cargos, no existen plazos acotados y no dudan en ejercer “su derecho” a intervención, sin tener una representación destinada a tal efecto.

Lo constituyente, no queda exento de sutilezas en lo político. La derecha, en todo, desde afuera y adentro, juega un papel de obstaculizar y desprestigiar; la democracia cristiana, que podría haberse perfilado con un rol de puente también obstaculizador, al parecer no quiso estar en una primera línea cumpliendo ese cometido, y no desplegó mayores intenciones para tener otros convencionales. Seguramente, les acomoda más sentarse en palco y mirar.

Desde otro mundo, lideran las AFP, las ISAPRES e incluso algunas Universidades que ya están en campaña por incorporar cuñas para el rechazo. En lo inmediato, ya tenemos texto que es bastante contundente, y nos ubicará próximamente en la necesidad de elaborar esa precisión, post apruebo, que un texto constitucional no lo puede tener, para no asustar más con el aumento de las páginas, pero que resulta obligado al legislar y a modo transparencia a nivel de sociedad.

Hay que tener presente una sociedad diferente, y cada vez que aparezcan palabras como trabajo decente, dignidad, libertad de enseñanza, calidad, será necesario darles mayor elaboración, para que no se actúe con ambigüedades.

En los diferentes momentos constitucionales, hay uno que es muy trascendente y aún se encuentra en elaboración, es la parte concerniente a las normas transitorias, que revisten importancia en el carácter democrático o no democrático que se quiera llevar a efecto.

Esto tiene una trascendencia, en lo que podría ser el marcar un apruebo con una raya contundente, una marca suave, e incluso rayas verticales que aparezcan sin opción de preferencia.

Vislumbro, que no se ha logrado entender y de manera intencionada, la importancia de los dos tercios que sea un quórum exigible para que los actuales parlamentarios puedan incorporar reformas a la nueva Constitución, y no como algo antojadizo. Debe ser parte de un equilibrio con las reglas fijadas para la Convención Constitucional, se aprecian así dos connotaciones.

La primera es buscar las vías de “aprobar para reformar”, atendiendo a las mermas de los ingresos de algunos que se puedan quedar sin salario el año 2026, cuando ya tenían asegurados sus puestos laborales hasta el 2029. La otra vista, es obstaculizar por todos lados y desacreditar el trabajo de los constituyentes, por recomendaciones que vienen de lugares más altos del poder, y que al no haber podido permear la redacción, recurren a otros recursos.

Estos elementos, sólo por señalar algunos, se pueden establecer a través de los siguientes principios, en un contexto de lo transitorio.

1.- Un triunfo del Apruebo, bajo el régimen de voto obligatorio, proporciona un carácter diferente al inicio de una transición hacia una democracia real.

2.- El parlamento actual, está conformado bajo las normas de la Constitución del 80 y, por tanto, no adscrito a procesos electorales con voto obligatorio, por tanto, va en una línea diferente con la nueva Constitución. Se trata del parlamento, entendido éste como institución, que fijó las directrices para el proceso constituyente y ahora aspira a tener garantías de privilegio diferentes a las fijadas por la misma institucionalidad de diputados y senadores. El proceso constituyente, ha generado un aprendizaje entre quienes quieren aprender en un ejercicio de involucramiento con la educación cívica, y la lección de la armonización como un texto de redacción clara, coherente y estructurada, también tiene una componente con una armonía entre el fondo del texto, el espíritu de la nueva constitución y la nueva forma de constituir el poder parlamentario. La institución parlamentaria actual, tiene total armonía, pero con las reglas imperantes hasta el momento y al amparo de la constitución del 80.

3.- No se puede producir una situación que genere condiciones, para revertir decisiones ciudadanas tomadas a conciencia y con horizonte de largo plazo, hasta que hitos democráticos ya se encuentren ejecutados conforme a la nueva Constitución, viene siendo como una garantía hacia de tipo ético de respeto a las decisiones, que incluso independiente del quórum determinen la no presentación de reformas constitucionales, con reserva hasta el próximo parlamento.

4.- Aunque podría ser considerado un llamado a elecciones de parlamento y presidenciales, en un plazo breve, por efectos de rodaje de país y destinar un tiempo ajustado a razonabilidad, es que resulta más sensato tener como tope el año 2026, para entrar de pleno en un régimen normal, ajustado a un parlamento elegido con voto obligatorio y por ende con más representatividad, y a partir de allí un quórum menor, resulta más inclusivo.

5.- Si el parlamento actual tiene un camino pavimentado para iniciar un proceso de reforma constitucional, estaríamos en una situación peor que el haber optado como mecanismo de redacción la Convención Mixta Constitucional, y el proceso tendría un grado alto de distorsión, a lo que se agrega un factor de desconfianza que seguramente algunos andan buscando. El ciudadano decide una opción, y sin mucho camino transitado se la cambian, y más grave aún, es que con una opción clara que escogió la ciudadanía en términos de un órgano constituyente 100% elegido, en lugar de un 50% elegido y el otro 50% proveniente del parlamento, se pase a la injerencia total del parlamento, cuya inserción y proveniencia ya ha sido comentada.

La escasa formación política de la ciudadanía a lo largo de décadas, ha pasado la cuenta y eso ha sido premeditado, probablemente con cuidadosa planeación y logra obnubilar visiones de este tipo.

Las cosas se tienden a hacer difíciles y con niveles de tensión considerables, hay algunos, en el mundo político, que están con intenciones de saltarse los torniquetes. La figura central en este momento y que sirve como imagen introductoria en el tema, debería estar compuesta por la Nueva Constitución y la Ciudadanía, ésta última como ente rector y de las decisiones que se avecinan, conservando así un marco ético, sin calculadora que se interponga.

Cuando desde la presidencia se desliza la idea de escenarios, por si no ganara la opción apruebo, un triunfo del rechazo pasaría a ser el equivalente a que en un “acto democrático” se refrenda la Constitución del 80, y seguimos con las raíces en dictadura. Chile volvería a estar dormido y sería incierto lo pendiente del estallido social, más la suma de situaciones nefastas que han ido en aumento durante los últimos años y que afectan la vida cotidiana de quienes residen en el país, las cuales los proactivos y expertos no alcanzaron a anticipar, en circunstancias que en estas materias las cosas no ocurren de la noche a la mañana, desde cuando estamos dormidos hasta el momento en que despertamos.

Por último, la connotación del voto obligatorio en el plebiscito de salida, representa algo interesante e inédito, en condiciones de inscripción automática, acercándose a un sentido democrático, y será materia de observación la participación y formas de llegada a ese 50% que tradicionalmente no vota. Ello se verá en los resultados y el día 5 de septiembre será una fecha de muchos análisis y conclusiones, donde abundaran las interpretaciones no de encuestas, sino con resultados y tendencias en mano.

29 de mayo de 2022

Compartir este artículo