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Leer, discutir, aprobar. Por Mario Vega H.

Lejos de aquello que interesadas versiones vaticinaban sobre el Plebiscito Constitucional del próximo 4 de septiembre, en la actualidad se observa un creciente interés de parte de la ciudadanía, no solo en acceder por diversas vías a la propuesta elaborada por la Convención sino, gradualmente, la atmósfera que pretendió instalar la derecha y los grandes conglomerados de las comunicaciones, acerca de un contundente triunfo de la opción rechazo, comienzan desvanecerse ante la emergencia de un axioma claro y elocuente: quien lee y se informa, aprueba.

Es en esa línea que se observa un interesante fenómeno a partir de los antecedentes que aportan diversas encuestas de opinión en donde el porcentaje de electores indecisos registra una tendencia hacia el aumento durante las últimas semanas. Esta tendencia es concomitante con el límite en el crecimiento de la adhesión hacia la opción rechazo,[1] hecho que permite visualizar el efecto generado en las últimas semanas por la difusión de las disposiciones incluidas en el proyecto que se someterá a ratificación.

De este modo, el texto de la propuesta publicado por Lom Ediciones, alcanzó solo durante el mes de julio, los 55.000 ejemplares en siete reimpresiones y su versión electrónica y es, hasta ahora, la obra con mayor número de descargas en la Biblioteca Pública Digital (BPD) del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Por su parte, el Ministerio Secretaría General de la Presidencia, contrató la impresión de 692.000 ejemplares para su difusión en las distintas capitales regionales[2]. Todo este panorama llevó al influyente diario español “El País” a calificarla como un verdadero best seller[3]. Es muy probable que este interés sea directa consecuencia de la sistemática campaña de noticias falsas que sectores contrarios a su aprobación, han levantado desde hace meses, dando lugar a una variada mitología de disposiciones inverosímiles difundidas especialmente por redes sociales.

      No obstante lo anterior, se hace indispensable destacar que el actual proceso constituyente tiene, incluso considerando sus límites, un carácter inédito en nuestro país considerando que históricamente, las promulgaciones de este tipo de documentos jurídicos han derivado de procedimientos claramente poco participativos tanto en su discusión y aprobación. Por otra parte, no parece extraño que este en particular sea observado con sincero interés desde otras latitudes, no solo porque propone acertadas respuestas para la profunda crisis política y la demanda ciudadana desde la cuales emergió, sino porque inaugura un nuevo horizonte respecto de las garantías que articulan la concepción del Estado, bajo el prisma de la inclusión, la paridad, la plurinacionalidad, la ecología, la interculturalidad y la igualdad sustantiva entre los seres humanos, para configurar una “república solidaria”[4]. Asimismo, de un modo certero, su articulado propone bases para la transformación de la nuestra, en una sociedad esencialmente democrática que trascienda los autoritarios atavismos de un orden institucional diseñado fundamentalmente para restringir la capacidad de las mayorías ciudadanas para construir su destino colectivo.  

      En ese plano, basta observar las promesas levantadas por la oposición respecto de que el eventual triunfo del rechazo, abriría una esplendorosa alternativa para la reforma de la actual Carta Magna, no existiendo precedentes que permitieran respaldar tal disposición hacia este compromiso, salvo en aquellas oportunidades en donde la correlación de fuerzas les era adversa, aconsejándoles disponerse a aceptar limitados cambios como parte de pactos celebrados al interior de las élites políticas. Hasta ahora, lo detractores de la actual propuesta no han publicado los ámbitos que se deberían modificar, haciendo aún más evidente la nebulosa que aquel incierto camino le presenta al país. De igual modo, se omite el hecho de que los elevados quórums que esta requiere para ser modificada, son superiores a los cuatro séptimos que definió en su proyecto la Convención Constitucional, es decir, incluso para quienes difieren de algunas de sus disposiciones, la actual propuesta conforma una alternativa viable para su posterior perfeccionamiento.   

Llama la atención, no obstante, que lo sectores que desaprueban la propuesta constitucional hayan elegido la estrategia de desligarse de sus figuras políticas más destacadas, como el propio Sebastián Piñera o el ex candidato José Antonio Kast y que su franja electoral televisiva haya quedado a cargo de organizaciones ciudadanas, más que de partidos políticos de derecha los que serán los grandes ausentes, a pesar del particular encono con que han cuestionado el texto propuesto a la decisión del electorado. Sin lugar a dudas, la eventual ratificación del actual proyecto, configuraría una dura derrota para la derecha incapaz de comprender las transformaciones experimentadas por nuestra sociedad, debido a la deriva cada vez más conservadora asumida por sus partidos y representantes. 

  Conformar una amplia mayoría que ratifique el borrador emanado de la Convención implica, no solo activar una amplia campaña que muestre con elocuencia la masividad de su apoyo, asimismo requiere un proceso de reencuentro entre quienes impulsaron desde la base este histórico proceso en las comunidades locales, recuperando aquellos cabildos que prodigaron esperanza a fines de 2019, cuando lo viejo no acababa de morir y lo nuevo no acaba de nacer, como señaló Antonio Gramsci, compartiendo y dialogando sobre los alcances de la propuesta constitucional la que es, en buena medida, fruto del sueño colectivo de un Chile más justo.

      Por su parte, la firme convicción del presidente Gabriel Boric en orden a que el gobierno impulsará un nuevo proceso constituyente, dejó sin margen a quienes pretendieron hacer del “rechazo” alternativa para la perpetuación de la actual Constitución Política heredada de la dictadura militar. Las declaraciones del mandatario, reafirmaron la indispensable necesidad de superar definitivamente una de las huellas más complejas de nuestro pasado para hacer posible la conmemoración, dentro de un nuevo marco político e institucional, del quincuagésimo aniversario del golpe de Estado de 1973 rindiendo un digno homenaje a sus víctimas a través de una Carta Fundamental que consagre sueños y aspiraciones, reconocimiento y dignidad para todas las personas, especialmente para aquellos sectores que han sido víctimas de históricas exclusiones. Hoy día, ese deber de memoria nos reclama un conjunto de gestos sencillos y elocuentes: leer, discutir y aprobar para construir un país para todos y todas.


[1] https://www.emol.com/noticias/Nacional/2022/07/27/1068046/analisis-indecisos-plebiscito-septiembre-encuestas.html

[2] Voto informado: Propuesta de nueva Constitución es el libro más descargado del año en app gratuita BP Digital (eldesconcierto.cl)

[3] https://elpais.com/chile/2022-07-28/best-seller-en-chile-el-texto-constitucional-que-sera-sometido-a-plebiscito-es-record-de-ventas.html

[4] Convención Constitucional. (2022). Propuesta de Constitución Política de la República de Chile, Art.1°. Disponible en: https://www.chileconvencion.cl/wp-content/uploads/2022/07/Texto-Definitivo-CPR-2022-Tapas.pdf 

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