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Lenguaje inclusivo y no sexista: más allá de aprender a nombrarnos. Por Alejandro Bustos Doussang

El lenguaje inclusivo y no sexista se ha posicionado como una de las acciones y/o aptitudes necesarias para comunicar en los últimos tiempos. Impulsado por los movimientos feministas de mujeres y disidencias sexuales y de género, esta “herramienta” no solo viene a visibilizar los géneros en una conversación oral y/o escrita, sino, a cuestionar que -por años- se ha estado comunicando bajo parámetros e imaginarios patriarcales.

El problema, en parte, se trata de decir, por ejemplo, “las secretarias” o “los ingenieros”, como si no hubiera otras representaciones en dichos oficios y/o profesiones, pero también se suma lo que hay más allá de ello: una cuestión de estereotipos basados en la división sexual binaria del trabajo y las relaciones de poder, sustentado por una historia en donde los hombres han sido los visibles y quienes han figurado mayormente en el mundo político y/o público.

Para el analista del discurso Teun van Dijk, el lenguaje oral y/o escrito es un triángulo donde confluyen discurso, cognición y sociedad. Por lo tanto, la cuestión es más estructural de lo que se piensa, es un problema sociocultural y relacional que impacta en la forma en que, cognitivamente, entendemos la realidad.

Ejercicio como sociedad

Pensamos en las mujeres y en los hombres desde parámetros binarios y sexistas, posicionando a las mujeres en un lugar reproductivo, de cuidados y privado y a los hombres en un lugar productivo y público. Incluso aquí queda corta la representación, pues pienso en todas aquellas personas que no calzan dentro de esos parámetros binarios, y su disputa radica, entre tantas cosas, en tener un lugar en el lenguaje, en lo cotidiano, en lo relacional.

Entonces, cuando se habla de un lenguaje inclusivo y no sexista, se debe pensar en lo profundo de ello, en las decisiones políticas y del rumbo de nuestra historia humana que implica reconocer, por ejemplo, a un tercer género (por así decirlo). El lenguaje tiene un poder transformador e incide directamente en nuestra percepción de la realidad. Frente a ello, ¿cómo no reconocer que somos personas diversas? ¿Por qué seguir negando el espacio que todas las personas merecen bajo los parámetros de la igualdad?

El lenguaje inclusivo y no sexista es un ejercicio de pensarnos como sociedad, de tomar rumbos, de deconstruir la mirada binaria, de reeducarnos, y por, sobre todo, de reconocernos desde esa diversidad que, por fortuna e inevitablemente, existe.

Alejandro Bustos Doussang, trabajador social del Programa de Género y Equidad UTEM

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