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Liderazgos para un proyecto político de desarrollo nacional: ¡pura novedad! Por Hernán García Moresco y José Orellana Yáñez

Conocidos los resultados constitucionales recientes de diciembre 2023, relacionados con los de septiembre 2022, resulta natural buscar proyectivamente los potenciales nombres de recambio presidencial, así como congresales respecto de los siguientes ciclos electorales. Ineludibles son las elecciones sub-nacionales con sus resultados, haciéndose razonable la pregunta “qué precisa Chile para realinearse y permitirle a sus habitantes las mejores calidades de vidas posibles”.

Las combinaciones y correlaciones de fuerza intra-partido, entre partidos, imbricados con la sociedad civil territorializada, otra vez, podrían entenderse en las posibilidades del viejo, pero aún vigente modelo interpretativo de la ciencia política, como es el sistema político de David Easton con los ajustes realizados en tiempo y espacio (Hernández, L., 2019).

Los datos dan cuenta que hubo (hay) un malestar estructural en la sociedad chilena, en cuanto a las desigualdades o brechas socioeconómicas, socioterritoriales, sociopolíticas o socioculturales más otras que se fueron sedimentando complejamente, lo que deja con más vigencia el “hay” un malestar social, mostrando síntomas de agote social, que avanzan y se complejizan con el tiempo.

Mientras, el sistema político las orientó (orienta), canalizándolas por medio de una carga valórica neoliberalizante, dimensión que en sí misma también explica este agote social deshumanizado, materialista e individualista, lo cual a juicio de los suscritos alcanza inicialmente más empatía social con un “crecer con igualdad” y luego un “estoy contigo” de Ricardo Lagos Escobar y Michelle Bachelet Jeria, respectivamente, por medio de políticas públicas que tendieron a la modernización y reforma del estado con importantes iniciativas que buscaron relativizar la neoliberalización imperante en la Sociedad Chilena (AUGE, TRANSANTIAGO, otras), más las postergadas como pensiones, descentralización más profunda, entre otras. No obstante, no logran cabalmente hacer que la sociedad se substraiga de su crítica al actuar político de las autoridades.

Así las cosas, al profundizar en explicaciones, se erguiría el sistema político eastoniano (entre otros) como posibilidad interpretativa en la relación con el sistema social, pues el sistema político administró las perturbaciones provenientes del social (movimientos sociales, geografía de la multitud, otras), decantando en el momento de la crisis del sistema (oct-2019), desde donde se esperó asumir nuevos valores para que tanto en el sistema político, como el social, se vayan disponiendo de una nueva forma valórica para dar respuestas a la ciudadanía (Bachelet Constitucional, Convención Constitucional, Consejo Constitucional).

En definitiva y utilizando la teoría del clivaje de Lipset y Rokkan (con la prudencia del caso) (Moreno, Y., 2022) , en este clivaje octubrista, el parteagua de la crisis, es (debió ser) capaz de reorientar el modélico sistema eastoneano. Por ello, los más críticos indicarán que, ciertamente estos cuatro años constitucionales fueron igual a muy poco en las modificaciones sistémicas-valóricas-eastoneanas, y para otros, no tuvo la profundidad requerida, en cuanto y tanto se tiene la misma carta fundamental que se buscó superar y, que ella, seguirá determinando los actos rutinarios del sistema sociopolítico con expresión territorial.

Quizás, el dinamismo sistémico permitirá, con el tiempo, observar si este tránsito constitucional deviene en siguientes reformas constitucionales que subviertan valores, o bien, se proyecten en nueva geografía territorial de acumulación de fuerzas sociales diversas (geografías de las multitudes), para superarla.

En uno u otro caso, Chile, debiese hilvanarse en superar las brechas sociales en su más amplia concepción avanzando en mejores calidades de vidas, atendidas en el presente desde las pensiones, pasando por la seguridad pública, llegando hasta los desafíos que impone la Inteligencia Artificial, una salud preventiva con educación y formación para la vida. Todos temas que demandarán liderazgos que permitan enarbolar lo que se precisa para la sociedad, pero por medio de un “Proyecto Político de Desarrollo Nacional”, el cual, con los antecedentes consignados, más el modo en cómo el sistema político ha procesado sus perturbaciones, crisis o clivajes (qué sí lo ha hecho, con geografía de la multitud y todo), en el presente, constituiría una novedad (no siéndolo).

Así, el desafío estaría en avanzar en un “Proyecto Político de Desarrollo Nacional”, uno que fuera capaz de rescatar los elementos más importantes de estos años, como son a.- el proyecto constitucional de Michelle Bachelet en su segundo mandato; b.- el Proyecto Constitucional que presentó la Convención Constitucional del año 2022 y; c.- el Proyecto Constitucional de la Comisión Experta que sirvió de base para el Proyecto Constitucional presentado a la ciudadanía en diciembre 2023. Es decir, más allá de la legitima crítica que puede provenir desde el sistema político y ciudadanía sobre el proceso constitucional culminado, Chile tiene desde una perspectiva de procesamiento de crisis del sistema, cuatro “fotografías de voluntades socio-territoriales, culturales e ideológicas” que, permiten, entre otras consideraciones las bases para diagramar un Proyecto Político de Desarrollo Nacional, que busque el reencuentro y abra la puerta a un nuevo entendimiento social y político.

El desafío es cómo articular lo anterior, cómo convocar a las mayorías para que, desde un análisis reposado, estas cuatro reservas de “voluntades políticas” expresadas en un marco institucional y participativos, sean la base para la convocatoria nacional en diversidad socio-territorial.

Entonces pareciera ser que, una variable (para nada nueva) recaería en la idea-acción de liderazgo(s) político(s), que debiesen ser lo suficientemente amplios en el arco político – ideológico del país. Hablamos de un liderazgo político tal, que esté probado, conocido, que proyecte confianza, con capacidad de aglutinar las coaliciones político-partidistas, trascendiendo a las eventuales oposiciones que se deban administrar en el sistema político democrático vigente y a futuro.

Así, el modélico sistema político eastoneano, administrando perturbaciones y crisis, en un marco de clivaje político indicado por Lipset y Rokkan (estallido social), con la idea de liderazgo lo más amplio posible, con credenciales ¿probadas?, podría dar paso a la siempre polémica pero vigente teoría de las elites de Robert Michels que tan bien describió en su tesis “la ley de hierro de las oligarquías” (Caparrós, R. 2008) , tan propia de las organizaciones de las personas (entre ellos, los partidos políticos), que con tiempo, espacio y procedimientos diversos (institucionales, mayoritariamente) seleccionan para sí sus liderazgos para presentarlos al sistema político y sociedad en general. Si ello ocurriese y, nutritivamente, se esperaría que la canalización del clivaje se haga cargo de las reformas pendientes, pudiendo revestir de una “otra” ética al sistema, disputando espacios culturales, políticos, sociales, territoriales y económicos al neoliberalismo imperante y en oportunidades, restaurador. Quedaría entonces explicito que el desafío está en las posibilidades de liderazgos para avanzar en un Proyecto Político de Desarrollo Nacional, comprensivo de las diversidades socio-territoriales del país… ¡que novedoso!

Hernán García Moresco profesor de la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH

José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Integrante de la organización Centro para el Desarrollo Comunal de Padre Hurtado

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