“Likanrayen” de Juan Pablo Huirimilla (textos) y Jacques Truffert (Ilustraciones) Ediciones Mac-Kay, 2025, sin número de páginas.
La noción filosófica del sacrificio humano para aplacar las fuerzas sobrenaturales es muy compleja, y no sólo porque abarca la entrega ritual de una vida para restaurar el orden cósmico, apaciguando a los dioses o controlando la violencia social, este fenómeno puede ser visto desde perspectivas antropológicas, religiosas y/o éticas, como el mimetismo planteado por René Girard, donde la víctima expiatoria canaliza la violencia social, o la idea de regeneración y el retorno al "Uno" originario, buscando así la unidad y la perpetuación de la vida a costa de la muerte ritual. Estas perspectivas filosóficas y antropológicas en el origen de lo social –siguiendo a Girard- convierten el sacrificio humano, a través del mecanismo del chivo expiatorio, en el fundamento de la sociedad, canalizando la violencia mimética para evitar la autodestrucción, creando así la cultura y la religión, las cuales se encargan de recordar los límites y hacerlos valer mediante estos sacrificios humanos, de allí que diversas culturas veían el sacrificio como una forma de recrear mitos fundacionales, donde la muerte de una deidad como Purusha. Concepto fundamental y deidad cósmica que corresponde a la religión hinduista y está descrito en el Rigveda (Mandala 10, Sukta 90) como el Ser Cósmico o Espíritu Universal, cuyo sacrificio primordial dio lugar a la creación del universo y la sociedad. Su significado y sentido teológico es representar la conciencia pura, el alma universal o el ser supremo, a menudo contrapuesto a Prakriti (la materia/naturaleza) en filosofías como el Sāṃkhya. Sin embargo, en el contexto religioso pasa a ser central en la teología védica, el vaishnavismo (identificado a menudo con Vishnu o Krishna) y la filosofía Vedanta. Purusha es el espíritu masculino primordial del hinduismo que presencia la creación, representando lo inmutable y eterno, Vastu Purusha, en el Vastu Shastra o arquitectura tradicional, el Purusha también representa el espíritu o energía que habita en un terreno o una construcción, en donde todo gira con la búsqueda de la unidad, que filosóficamente, se conecta con la nostalgia por la unión primordial con la totalidad (el "Uno"), donde el sacrificio es un intento de volver a esa unidad original, trascendiendo la individuación y la separación. Por otra parte, la vigilancia y el poder, también funcionan como herramienta de control social y político, delegando el sacrificio en otros para mantener el orden y la fe, o para apaciguar fuerzas que se perciben como amenazantes. Los ejércitos y policías, suelen ser utilizados para la expiación y la culpa, al modo ambivalentes, ya que o son quienes realizan los sacrificios mediante asesinatos, o son las figuras del sacrificio, son el "chivo expiatorio" que absorben el mal y la culpa de la comunidad, restaurando temporalmente el orden moral y social. El asesinato o la inmolación son un acto de transferencia donde se entrega algo valioso (la vida) para obtener un bien mayor (la fertilidad, las riquezas naturales, la victoria, la gloria, la vergüenza del crimen –hay actos de genocidio- o la paz). Este acto ritual imita un modelo mítico para que el cosmos siga existiendo. Y se le atribuye la sacralidad, esta implicación con lo sagrado, con dioses o fuerzas trascendentes, y con la propia existencia. Por ello, el sacrificio humano, desde un punto de vista filosófico, no es solo un acto de crueldad, que lo es, sino que además es un complejo mecanismo simbólico para gestionar la violencia, asegurar la continuidad de la vida y la sociedad, y reconectar con un origen sagrado, patriótico. estratégico en una total perdida de humanidad.
En la noción filosófica del sacrificio ancestral mapuche, a menudo malinterpretada, también está presente la reciprocidad y el equilibrio cósmico, no en el mero derramamiento de sangre, sino en la entrega de una vida (antaño humana, a menudo animal) para calmar fuerzas naturales, fortalecer la comunidad o sellar pactos espirituales, especialmente ante catástrofes, como se vio en el terremoto de 1960, donde una machi sugirió sacrificar un niño para apaciguar el mar, un acto impulsado por el miedo y la necesidad de restaurar el balance según su cosmovisión. Estos principios filosóficos y cosmológicos, establecen la reciprocidad y compensación: El sacrificio es una forma de pago o restitución a las fuerzas naturales o espirituales (como los Ngen o los ancestros) para volver al desequilibrio o para pedir un favor, manteniendo la armonía cósmica. Considerando que el mundo es un sistema interconectado, el pueblo nación mapuche cree que la naturaleza y los seres humanos están íntimamente ligados; y un cataclismo como el terremoto de Valdivia fue visto como una manifestación de desequilibrio, y el sacrificio era la respuesta para restaurarlo. La machi, de 1960, como líder espiritual, interpretaba los sueños y la voluntad de las entidades espirituales, indicando que un sacrificio grande (incluso humano) era necesario cuando los sacrificios animales no eran suficientes para pecados o males mayores.
La sangre y la vida entregadas actuaban como medio de conexión o vehículo para comunicar y fortalecer la relación entre el mundo humano (mapu) y el mundo espiritual (wenu mapu), con el humo sirviendo como puente. El Caso de Puerto Saavedra (1960): Tras el gran terremoto y maremoto, una comunidad mapuche, guiada por la machi Juana Namuncura Añen, quien realizó el sacrificio de un niño (Painecur) al mar. La creencia de que la "sangre pura" de un niño calmaría la furia del mar, era una medida extrema ante un cataclismo inmenso, ya que se consideraban "demasiados pecados" para ser pagados solo con animales. A diferencia con sacrificios Mesoamericanos, si bien otras culturas precolombinas (aztecas, mayas) también practicaban sacrificios humanos para "alimentar" a los dioses y asegurar el movimiento del sol, el caso mapuche fue una respuesta específica a una catástrofe natural, basada en mitos como el de Kai Kai y Tren Tren. El sacrificio ancestral mapuche, incluso el humano, fue un acto profundamente filosófico y espiritual, arraigado en la urgencia de restaurar el equilibrio cósmico y la reciprocidad con las fuerzas de la naturaleza, interpretado a través de su cosmovisión única y no como un acto de crueldad sin sentido.
El libro de Juan Pablo Huirimilla, “Likanrayen” recoge la antigua leyenda cuando la Ñukekütxalwe o madre naturaleza, en sueños indica a la machi como resolver la pugna con Peripillán y ella conversa con el espíritu del volcán quien le pide el sacrificio de una Kallfümalhen, una mujer pura. Y luego del Trawün o “encuentro", la asamblea la toma la decisión y elige a la hija del lonko, quien, aceptando el sacrificio, luego del baño de flores solicita que fuera su amado quien le arrancara el corazón, para que los cóndores, una vez envuelto en ramas de laurel lo lanzaran al volcán, la acción la ejecuta el valeroso Kütxalpiwke y luego de entregarle el corazón al lonko se atraviesa el corazón con su propia lanza y yace junto a su amada. Calmado el Peripillán, se forman grandes lagos, como; Todos los Santos, El Llanquihue, entre otros. Así la leyenda recoge la noción del equilibrio cósmico.
Al día de hoy, las amenazas de la anexión (por la fuerza o la compra) de Groenlandia por parte de la doctrina “Donroe” de “América para los americanos”; de 1823, este lema significaba que las potencias europeas no debían interferir en el continente, mientras que EE.UU. se comprometía a no intervenir en asuntos europeos, cuestión que entre otras cosas hoy no se cumple, a pesar de que frente a un posible quiebre de la OTAN, Trump estableció que bajaría todos los aranceles, mientras logra palpar que China y Rusia podrían aumentar su nivel de interrelaciones con la comunidad europea y ya no es Rusia el mayor enemigo, Trump ha creado una desconfianza al modo de que ya los tratados internacionales y los organismos internacionales suenan vacíos ( está sacando a EE.UU. de la Organización Mundial de la salud, por el supuesto mal manejo en pandemia), cualquiera escusa es válida para hacer caer a los organismos internacionales, pronto vendrá Naciones Unidas y otros, para mantener su avaricia por los recursos naturales, ya sabemos que Venezuela sólo fue petróleo y que el problema Venezolano seguirá ocasionando migraciones que ponen en jaque a los gobiernos de la región, las políticas migratorias impulsadas por EE.UU. son algo más que un complejo mecanismo simbólico para gestionar la violencia y hoy es la policía de inmigración en el interior de EE.UU. es ICE (U.S. Immigration and Customs Enforcement | .gov), que significa Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Operando dentro del país, enfocándose en la detención y deportación de inmigrantes, a menudo a través de su división de Operaciones de Detención y Deportación que ya cuenta con una lista en aumento de asesinatos y torturas. La urgencia por restaurar el supuesto equilibrio interno y la posibilidad de ejercer las fuerzas del poder, dejan ver actos de crueldad sin sentido aparente, aunque está claro que acá se trata de demostrar el poder, aunque Trump envuelva su retórica de las 8 guerras que ha terminado, no podemos olvidar su pasado Epstein, en donde los depredadores, no dejan de ser como diría Tarantino “Asesinos por naturaleza”. Después de todo, todo sea por la reflexión sobre los sacrificios humanos.
