Las arqueólogas Fernanda Falabella y Nuriluz Hermosilla, académicas de la Universidad de Chile, se dirigieron a la localidad de Llolleo en la comuna de San Antonio, para colaborar con pistas sobre su cultura originaria ante el interés de la comunidad territorial en la misión de resguardar su historia, hábitat y actuales sistemas de vida.
Romina Zamorano Tapia
Después de casi 50 años de haber presentado la tesis: “Curso Inferior del Río Maipo: Evidencias Agro-alfareras (1979)”[1], su autora la arqueóloga Fernanda Falabella junto a su colega Nuriluz Hermosilla, visitaron la localidad de Llolleo para compartir con su comunidad este conocimiento referido a los pueblos originarios de la zona.
Llolleo es un balneario costero de la quinta región cuya riqueza y belleza está dada por su pueblo y la naturaleza exquisitamente biodiversa que comprende. Es una zona donde coexisten: la desembocadura del río Maipo, una playa, campo, ciudad, esteros y el humedal urbano de las lagunas de Llolleo, más conocidas como “Ojos de Mar”, las cuales están protegidas por ley debido a su gran relevancia ecosistémica y socioambiental. Estos son escenarios de la vida cotidiana y ceremonial de sus habitantes quienes, entre otras actividades, en este hermoso paraje, conservan los sistemas de subsistencia de sus antepasados tales como; las chacras de policultivo y una singular técnica de pesca patrimonial denominada “chinchorro”, practicada hasta nuestros días en la boca del río Maipo y la playa de Llolleo. Su toponimia se refiere al instrumento denominado “Llolle”, que era una herramienta de pesca utilizada en la desembocadura del río Maipo por los nativos que hablaban mapudungún quienes se referían al río como Llollewue (del Llolle= instrumento de pesca y wue= lugar).
La tesis de Fernanda Falabella en coautoría con María Teresa Planella (su colega y amiga eterna) contiene un registro arqueológico de vestigios prehispánicos, principalmente alfareros, junto a un estudio de las formas de subsistencia y habitabilidad, de las culturas Llolleo y Aconcagua —actualmente denominadas bajo la clasificación de período alfarero Temprano y período Intermedio Tardío, correspondientemente—. Estas son definidas como dos estadios o “contextos alfareros” con características particulares, asentados en el mismo territorio —que en las evidencias se superponen— por lo que pudieron haber sido parcialmente contemporáneos. En efecto, se basó en el estudio de restos de alfarería encontrada de tipo Aconcagua (ya ampliamente estudiada) y una nueva tipología que acuñaron con el nombre “Llolleo”, de hecho, uno de los principales objetivos de esta tesis fue distinguir en su particularidad al Contexto Llolleo no molloide. También se refiere a vestigios del período de “conquista española” en cierto sector denominado Rayonhil. Fue pionera en la especificidad de su localización ya que el sector de la desembocadura del río Maipo no había sido tratado aún en el plano de la investigación arqueológica y siguió la línea de estudios de fines de sXIX y principios de sXX relacionados a los aborígenes de Chile en lo que respecta a la evidencia de conchales, alfarería, osamentas, piedras de fogones, piedras tacitas, entre otros, y su identificación cultural en la zona centro costa del país. Así mismo, fue parte del reimpulso a los estudios arqueológicos en la zona central dado por el Museo de Historia Natural de Santiago y la Universidad de Chile, a partir de la década de 1970.
Nuestro primer punto de destino en el recorrido en compañía de las arqueólogas Fernanda y Nuriluz, junto a la comunidad llolleína; fue el Sitio Arqueológico Llolleo. Luego nos dirigimos a dos lugares más —ciertos sectores explorados alrededor del año 1977 por Fernanda Falabella y María Teresa Planella, aledaños a la desembocadura del río Maipo— estos son, Tejas Verdes I - III y el sitio de Rayonhil.
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Es febrero de 2025, el viaje rumbo a Llolleo comienza en Santiago, cuando temprano por la mañana vamos a buscar a las arqueólogas a sus domicilios junto al gestor de esta iniciativa, Alfredo Améstica. El día está despejado y algo frío para ser verano. Nuestro ánimo es positivo y entusiasta.
Emprendemos rumbo hacia la costa, la conversación fluye distendida, las arqueólogas comentan sus experiencias en torno a la academia, sus primeros años de estudio y ejercicio profesional. Transitamos por campos abiertos, de tonalidades verdes y marrones, aquí entre Padre Hurtado y Talagante las arqueólogas elevan recuerdos y saberes acerca de la zona que vamos apreciando en el borde de la carretera. Se le pregunta a Fernanda hace cuántos años que están pobladas estas zonas con sus primeros habitantes, ante lo cual ella responde que los de la cordillera son los más antiguos, desde hace 12.000 años atrás, 10.000 antes de Cristo aproximadamente, y que es muy probable, deambulaban por todos estos sectores, por lo que son escasas las señales de los lugares en que estuvieron.
Más adelante, distinguimos al mirar hacia nuestro costado derecho, el consagrado pueblo alfarero de Pomaire. Fernanda nos cuenta que hace poco terminó un proyecto en el Valle Pomaire donde se evidenció que había muy poca ocupación del período Temprano equivalente a Llolleo, y mucho más del período Tardío Aconcagua.
Nuestro camino es recto y el entorno apacible. En esto, Nuriluz nos instruye diciendo que las relaciones entre los pueblos muchas veces son más complejas que dominar o no dominar. Se refiere a que en estas tierras de la zona central ya estaban los mapuches a la llegada de los Incas por el norte y que entre ellos convivieron en el mismo espacio y hubo asimilación de ciertas cosas de cada cual, incluso llegaron a tener lazos de matrimonio y familiaridad. Fernanda nos comenta que desde Conbarbalá al sur, en las crónicas de españoles, se reconoce una lengua que ellos no distinguían, pero en el fondo era el mismo “stock lingüístico”, el mapudungún. Respecto a esto se releva la importancia del pueblo mapuche que se asentó en el Chile central —en la zona norte y costa para ellos, siendo “pikunches” gente de la tierra del norte y “lafkenches” gente del mar— y su herencia cultural en los distintos contextos analizados por las arqueólogas y los arqueólogos en esta zona.
Nuestro desplazamiento transcurre sin contratiempos. Llega un momento especial en que se puede conocer los diferentes enfoques de las arqueólogas respecto de su ejercicio profesional, lo cual no tiene que ver, según señalan, con alguna escuela o corriente dentro de la misma disciplina de la arqueología, sino con sus propias perspectivas y visiones; Nuriluz Hermosilla más cercana al activismo en defensa de los territorios en una “arqueología del presente” y Fernanda Falabella, más proclive al rescate o registro del pasado, documentado, pero con mirada del desarrollo cultural para entender la organización social en diferentes momentos del tiempo.
El viaje se nos hace corto para el interés de seguir charlando, aunque sabemos que tendremos una rica conversación ampliada con la comunidad llolleína. Vamos a la Ruka Llolleo Lafkenche donde nos esperan para compartir conocimientos y experiencias. Nos estamos encaminando a las puertas de Llolleo y su bello horizonte.
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Llegamos al Centro ceremonial “Ruka de Llolleo”, lugar de encuentro para el inicio del recorrido por los sitios arqueológicos. En el interior de la Ruka se siente un recibimiento acogedor, pese al dolor por la partida de Marcela Vera, una querida dirigente y activista por el bienestar de su territorio, así como de su población, San Pedro. Las redondas sopaipillas modeladas por las manos de las Lamien, ofrecidas a los visitantes también son muestras de tal hospitalidad que es la antesala a una muy buena e interesante conversación entre miembros de la comunidad llolleína y las arqueólogas. Quizás la Ruka, simbólicamente, es el punto de partida de un recorrido que nos muestra la importancia de los pueblos indígenas en la construcción de identidad de un Llolleo con pasado ancestral, un presente vivo y un futuro forjado por las voluntades de su gente …
Natalia Jiménez, Lamien del pueblo Llolleo Lafkenche abre la conversación dando la bienvenida a los participantes de este viaje, en especial a las arqueólogas que vienen a aportar con su conocimiento y experiencia: Fernanda Falabella y Nuriluz Hermosilla. Junto con ellas están presentes representantes del pueblo indígena, actores sociales, medioambientales y culturales, entre ellos: representantes de la Fundación Quebrada del Alto de San Juan de Llolleo; Víctor Godoy (Presidente Consejo Ciudadano Ciudad-Puerto San Antonio ); Ana Laura Galarza, Jorge y Claudia (Fundación Ojos de Mar); Justo Quiroz (geógrafo y profesor de historia); Berty Alfaro (músico y artista de Santiago y cercano a la vida cultural de Llolleo); Elizabeth Álvarez (alfarera pikunche); Alfredo Améstica (pensador, político y artista de la cuenca del Maipo) y Romina Zamorano (investigadora y gestora cultural, quien escribe esta crónica).
Por primera vez, la tesis investigativa Falabella/Planella es socializada en un recorrido por los sitios arqueológicos de la cultura Llolleo junto a su comunidad, en afán de aporte al conocimiento y divulgación científica. Se puede entender, según lo tratado por la tesis, que es difícil distinguir y caracterizar un contexto cultural diferenciado de otro en un siguiente estadio de tiempo y en un mismo escenario espacial; si es que corresponden a procesos internos que derivan en una evolución cultural, o como respuesta a estímulos por el contacto con otros grupos humanos —que se define como “difusión cultural”— tal como relaciones de coexistencia pacífica, dominio y explotación de un grupo sobre otro, simbiosis o mutua cooperación, entre otras. No obstante, es preciso no perder de vista que estos elementos de análisis y clasificación de los cambios culturales fueron concebidos desde una disciplina profesional naciente, como es la arqueología de Chile a fines de los años 60 y principios de los 70, por tanto, se han ido replanteando y/o complejizando a través del tiempo. Por esto las culturas Bato, Llolleo y Aconcagua de la zona central, han sido estudiadas hasta el día de hoy aportando nuevos datos, con los métodos científicos que se han puesto al servicio de la arqueología.
En este encuentro que tiene lugar en Llolleo, la academia y el saber comunitario dialogan, generando una experiencia muy enriquecedora de memoria y resignificación colectiva que es la gestión cultural de nuevos horizontes de conocimiento y pertenencia con la ancestralidad del territorio, en el sentir y hacer de sus participantes... Sin embargo, es inevitable que en nuestras conversaciones aparezca la contingencia de Llolleo por estos días, esto es la problemática referida al Proyecto de expansión del Puerto de San Antonio, popularmente conocido como Mega Puerto o Puerto Exterior de San Antonio. En efecto, hoy Llolleo está siendo escenario de controversia socioambiental, ya que se está tratando de implementar una ampliación del Puerto de San Antonio para convertirlo en un puerto de alta competencia global, lo que implicaría el cierre y pavimentación de la única playa que le queda a la comuna de San Antonio, la playa de Llolleo. A su vez, tendría lugar la construcción de rompeolas para las explanadas de sus terminales en el borde costero y la desembocadura del río Maipo, lo que más aún, impactaría directamente la subsistencia del ecosistema Humedal Urbano Ojos de Mar y la práctica patrimonial-ancestral de pesca chinchorro; entre otras sustantivas afectaciones ecosistémicas, económicas y humanas, como la desaparición definitiva de la población Juan Aspeé de larga tradición y arraigo. Junto con lo anterior, ejecutaría obras de gran envergadura para ampliar los canales de conectividad vial y ferroviaria, producto del aumento de la extracción de minerales y elementos naturales del país y Sudamérica para su destino en el exterior, principalmente Asia Pacífico y el norte global…
Luego de conversar e intercambiar miradas patrimoniales, culturales, territoriales y relativas a la mencionada problemática de expansión portuaria; termina nuestra conversación en este acogedor lugar, para así, dar inicio al recorrido que emprenderemos juntos con la comunidad, por los sitios arqueológicos de un Llolleo presente y originario.
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Nos dirigimos en una pequeña caravana de autos al Fundo Llolleo. Al llegar, vemos un letrero de madera que señala: “Sitio Arqueológico Llolleo, encontrado en el año 1908 por Don Aureliano Oyarzún y fue redescubierto en el año 2006 por el conservador del Museo”.
Los primeros reconocimientos de la cultura Llolleo como tal, fueron documentados a principios del sXX cuando un voluntarioso director del Museo de Etnografía de Santiago, Sr. Aureliano Oyarzún, recibe información de aparición de osamentas humanas y vasijas en la construcción de la línea del tren que por aquellos años se perfilaba de Santiago a San Antonio. El señor Oyarzún fue al sitio y rescató estos vestigios e hizo una publicación: “Los kjoekkenmoeddinger o conchales de las costas de Melipilla i Casablanca. (1910)” que incluye fotografía y dibujos de las piezas que se encontraron. Sin embargo, dos jóvenes estudiantes Fernanda Falabella y María Teresa Planella, en los años 70, luego de muchos intentos, no dieron con el lugar durante las exploraciones para su tesis, pero sí, gracias a su trabajo se definieron las características del complejo cultural al que pertenecían esos hallazgos, y se le dio el nombre de "Complejo Cultural Llolleo", en honor al primer sitio arqueológico conocido con estas características.
Estamos situados en una loma respecto de la cual, en su declive, se logra apreciar la ollada del Estero El Sauce. Por ahí, frente a una arboleda de eucaliptus, pasa un tren centenario por entre las hierbas.
En el relato de Fernanda, se dibujan los pasajes de una realidad transcurrida hace algo más de mil años, donde grupos de familias convivían cientos de metros distantes unas de otras, asentadas alrededor del estero que permitía su subsistencia. En sus chacras sembraban y cosechaban diversas hortalizas, entre ellas: porotos, zapallo, calabaza, quinoa y maíz. Se movilizaban a la playa a recolectar mariscos y pescados, luego volvían, puede que después fueran al río o se dirigieran en busca de animales. No hay fecha exacta de data de estos asentamientos, estas prácticas ocurrieron entre el 400 y el 1000 d.C. aproximadamente. Por su parte, Lamien Natalia nos señala, que hay restos que se han encontrado en años antes de Cristo, que esta gran cuenca del Maipo con sus brazos como el estero, data de miles de años atrás. Natalia también nos comparte su visión de que se han encontrado restos fúnebres, vasijas de barro y otras piezas de una cultura que se ve muy atrás, pero que también es muy reciente porque sus prácticas tales como la pesca, la recolección de mariscos y abastecerse de chacras de policultivo, se conservan hasta el día de hoy.
Finalizando las conversaciones en este lugar ancestral, Víctor Godoy nos alerta acerca del posible impacto arqueológico y socioambiental que pudiera ocasionarse allí, en el Sitio Arqueológico Llolleo, como consecuencia de la implementación del proyecto Puerto Exterior de San Antonio. En efecto, en el interior de Parque el Piñeo del Fundo Llolleo, se proyecta la construcción de una intermodal de cuatro vías férreas para ampliar los canales de tránsito de material rocoso que llega en camiones desde las canteras de Alto San Juan, con destino hacia el Puerto Exterior. Víctor nos dice que el tren pasaría 18 veces al día durante 10 años, afectando la calidad de vida de los vecinos de la zona producto de una mayor polución y contaminación acústica, por el estruendoso trasvasije de rocas a los vagones…
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Luego de visitar el Sitio Arqueológico Llolleo, emprendemos camino al Sitio Arqueológico de Tejas Verdes I-III. Transitamos por las calles del balneario de Llolleo. Cuando llegamos al lugar, bajamos de los vehículos y entramos todos en conversación. Aquí, Fernanda Falabella nos habla de aquel tiempo en que hicieron su tesis, nos comenta de una entrañable Sra. Momo en Lo Gallardo, anciana mujer que encontró una vasija en su terreno y les compartió mucho conocimiento.
Tejas Verdes I-III es un Sitio Arqueológico, pero en la actualidad un sector residencial. El año 1974 allí había ocurrido el hallazgo casual de restos arqueológicos —consistentes en dos ceramios negros del tipo Llolleo pulido, con decoración modelada, y osamentas correspondientes a un esqueleto humano—, al realizarse trabajos de excavación de un pozo séptico, lo cual fue informado por su propietario el Sr. Fernando Piña en el diario El Mercurio de Santiago. Es por ello que Fernanda Falabella y María Teresa Planella acudieron al lugar y en la amplitud de sus exploraciones identificaron los vestigios como propios del contexto Llolleo —similares a los que descubriera el Sr. Oyarzún en el Fundo Llolleo— y también del contexto Aconcagua.
Estos asentamientos Llolleo de Tejas Verdes, según Fernanda, tuvieron lugar alrededor del 700 al 1000 d.C. Cada familia tenía un núcleo aparte en vivienda de tolderías o chozas de quincha (la hipótesis es que no corresponden a viviendas de carácter permanente) y se proveían de las hortalizas que ellos mismos cultivaban irrigadas con aguas del río Maipo, que en su desembocadura antes estaba a pocos metros de allí. Se estima que la recolección ya era una práctica generalizada. Es probable que se trasladaran para llevar a pastar a sus animales a otros lugares o que fueran a cazar guanacos en las zonas más al interior.
En la tesis Falabella/Planella, se caracterizó el contexto alfarero Llolleo que es anterior al Aconcagua y coexistente con él en un determinado momento del tiempo. Ambos contextos tenían un avanzado estado de técnicas alfareras con señas decorativas, y otras más toscas con fines utilitarios. Se reconoce la enorme expresividad realista e individual de los ceramios del tipo Llolleo. En vez de elementos geométricos y de orden simbólico como utilizó el Aconcagua, los ceramios Llolleo representan formas de la realidad, la figura humana, de animales y aves diversas; las cuales son motivos usuales dentro de la gran variedad que caracteriza a este complejo. Un ejemplo es el “Jarro Pato” que se identifica fácilmente por el notorio abultamiento asimétrico de su cuello. Ahora bien, en el nivel de excavación cultural del contexto Aconcagua, se registra el hallazgo de abundantes restos de cerámica del tipo Aconcagua anaranjado, junto con huesos, conchas y una mano de moler. En la superficie del sitio, se pudo apreciar evidencias de lo que parecía ser un basural conchífero, con rastro de desperdicios por alimento proveniente del mar; conchas de moluscos —mayoritariamente de machas, locos y almejas—. Dentro del piso ocupacional o nivel de fogones, se encontraron piedras de río en estructura circular de 50 cm. de diámetro, principalmente con trozos de ceramios, junto con huesos de mamíferos, aves, peces, batracios; partidos y quemados. Otros huesos trabajados como herramientas o artefactos. Tres puntas de proyectil de piedras. Sin embargo, se reconoce que en ciertos lugares las evidencias de ambos contextos se mezclaron por intervención externa de los terrenos. Por su parte, en el “nivel enterratorio”, se identificaron esqueletos de seres humanos más adscritos al contexto Llolleo. Un aspecto particular de algunos de estos restos es que presentaron deformaciones cranianas. Se cree que estos grupos enterraban a sus muertos en los mismos lugares en que ellos habitaban. Ciertos entierros parecían tener algún tipo de ofrendas, lo que “vendría a confirmar que las prácticas funerarias están íntimamente relacionadas a un sistema de creencias en torno a la supervivencia después de la muerte”, tal como se señala en la tesis Falabella/Planella.
Camino al Sitio Llolleo, Fernanda nos contó que se habían encontrado urnas de cerámica en cuyo interior estaban depositados los restos de infantes, práctica que se efectuaba para su protección, y que esto se fue evidenciando en todas las investigaciones de su conocimiento, posteriores al año 1928.
Volviendo a nuestra conversación a las afueras del sitio Tejas Verdes, nos encontramos en presencia de muchas interrogantes y curiosidad en los asistentes, de saber cómo era antes este lugar previo a la urbanización, de por qué hoy en día no hay señales de ser un sitio arqueológico; tratando de imaginar en medio de todas estas casas, cómo fue la vida de los habitantes Llolleo y Aconcagua, si tenían una convivencia pacífica, si intercambiaban cosas propias de sus culturas… En esto, vuelve a surgir la problemática del proyecto Puerto Exterior de San Antonio, pues conversamos acerca de otras probables afectaciones eco-sociales en esta zona debido a su causa, lo que puede ser una realidad cercana. Es probable qué, si llegara a conseguir su RCA (Resolución de Calificación Ambiental) se genere en la desembocadura del río un reflujo de los sedimentos que naturalmente lleva éste al desembocar en el océano, debido a la construcción de molos de contención en la desembocadura del río Maipo, para la plataforma de Puerto Exterior en la Playa de Llolleo. Lo anterior, también, producto de la conjunción de tres energías que chocan allí: corrientes marítimas de sur a norte, del mar hacia el interior del río y del río hacia el mar.
En este escenario se pueden provocar modificaciones morfológicas y de sedimentación en la costa de Santo Domingo y San Antonio, aislando los ecosistemas río, estero y humedal, respecto del mar. Todo lo anterior, puede generar trastornos al sistema de vida en torno a las chacras de las cuales subsisten los habitantes de esta zona de la desembocadura, y lo que es muy probable, a su vez, poner en riesgo el abastecimiento de agua potable de la provincia por la entrada con mayor fuerza del mar hacia las tomas de agua de las sanitarias río arriba. El cierre y pavimentación de la playa, también, terminaría con la práctica ancestral de pesca chinchorro en la Boca del Maipo y Playa de Llolleo, como consecuencia de una intervención invasiva y excluyente para su actividad…
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Terminando la visita al Sitio Tejas Verdes I-III nos dirigimos al Sitio Arqueológico Rayonhil. En el viaje, Fernanda nos comenta que han pasado algunas décadas del trabajo de su tesis y ella no ha vuelto al lugar. Atravesamos Medio Oriente —denominación desde Lo Gallardo hacia San Juan de Llolleo camino a Rayonhil— en nuestra pequeña caravana de autos. Nos resulta algo difícil encontrar el sitio, sabemos por Fernanda que era un escampado que daba al río, situado al lado de Esval (Empresa de Servicios Sanitarios), en la antigua fábrica de Rayonhil (que ahora está ocupado por Áridos del Maipo). Nos detenemos para coordinar el rumbo.
Fernanda ve un cerro y dice que no era cerca de un cerro, que ellas estaban hacia el río. Entraban por una calle ancha en la desembocadura del Estero San Juan al río Maipo. Uno de los integrantes de la actividad informa que el estero San Juan ya no sale al río Maipo, que ahora se une a este más abajo, llegando a Lo Gallardo, porque aquí había un brazo y “ese brazo lo secaron”. Según los datos aportados por los estudios de Fernanda y María Teresa, alrededor donde antes se unía el Estero San Juan con el Río Maipo, a la altura de Rayonhil, había un terreno de cultivo de agricultores desde tiempos remotos y es el mismo lugar donde hoy se emplaza una empresa de extracción de áridos del Río Maipo. Nos dirigimos hacia allá. Al llegar vemos que la entrada señalada está cerrada por una reja. Estamos en frente evaluando si podemos ingresar. Se va a pedir autorización, pero resulta ser infructuoso.
La tesis Falabella/Planella señala que en este sitio se encontró una apreciable cantidad de fragmentos —con ciertos atributos de implicancia hispana, tales como loza, vidrio, clavos y cerámica— denominados de tipo colonial, que corresponden a los primeros tiempos de la Conquista. En esa época ya existía una intensa actividad pesquera en la región ribereña del río Maipo, que había pasado de manos de los nativos a las de los españoles produciéndose constantes querellas entre estos grupos. Se refiere a que el lugar que actualmente ocupa el sitio Rayonhil estaba habitado por un grupo indígena que fue desalojado y trasladado al ser compradas estas tierras por un español. Este traslado significó la extinción paulatina de dicha población al restringírsele su asentamiento y actividades de supervivencia a una angosta franja en la ribera norte del río Maipo, frecuentemente erosionada por sus crecidas.
Fernanda nos comenta, que ahí había todo un sector que era de la cultura Llolleo, muy similar a los Sitios Tejas Verdes I-III y a la Laguna el Peral y en otro sector encontraron un núcleo con material Aconcagua. Así es como afirma: “Siempre están relacionados los dos, Llolleo- Aconcagua uno anterior y otro posterior. Aquí también gran parte era Llolleo y en otro sector más desplazado, más al este, encontramos un fogón Aconcagua —señala y prosigue—la misma figura del cambio a través del tiempo y la gente que por algún motivo fueron cambiando sus prácticas. Y bueno, aquí están a un paso del agua del río. Tenían además agua del Estero. Era un núcleo muy bueno. En el sentido de que al ser horticultores tenían agua por los dos lados. Sacar agua del Maipo es muy difícil, implica una acequia. no es fácil. En vez del Estero no, el Estero desvía agua y te llega” concluye diciendo.
Los hallazgos nos hablan de como una familia se abrigaba con el calor del fuego donde cocinaban carne de mamíferos o moluscos, quizás entre ellos, caracoles de agua dulce. Estas comunidades regaban sus chacras con las aguas del Estero San Juan cuando este pasaba por allí.
Cabe mencionar que popularmente se dice que el Estero San Juan hoy se une al río Maipo, abajo, a la altura de lo Gallardo, por una desviación artificial de sus aguas como resultado de la intervención humana, con intereses de extracción de áridos.
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Finalizando esta incursión por la historia ancestral, los Sitios Arqueológicos y la contingencia humana-medio ambiental de Llolleo (este último que es un tema relevante para la mayor parte de los participantes de este recorrido), se puede anotar que en la tesis se define la existencia de un “Complejo Cultural Llolleo”, cito: “el cúmulo de evidencias tanto materiales como antropológico-físicas que aparecen asociadas dentro de [este] contexto que incluye la cerámica tan peculiar designada como tipo Llolleo y que se proyecta con una amplia dispersión en Chile Central, nos lleva a considerarlas como partícipes de un Complejo cultural […] Esta designación se propone como nombre genérico para identificar al complejo cultural en sus distintas manifestaciones y como nominativo para el contexto alfarero que le es propio”.
Ahora bien, aun cuando en la tesis arqueológica de Fernanda Falabella y María Teresa Planella se reconoce la especificidad del Complejo Cultural Llolleo, esta culmina con una mirada más global, afirmando que el período agroalfarero que ha sido objeto de su estudio, da testimonio de complejos culturales que pueden considerarse paralelos al de Chile Central, desarrollos del mismo período en las áreas vecinas. De tal modo que la zona Central de Chile no puede clasificarse como marginal y ajena al proceso andino general. Sus habitantes estaban integrados a este mundo andino, y como tales, plasmaron expresiones culturales propiamente americanas que conocemos como Complejo Llolleo y Complejo Aconcagua.
En consecuencia, considerando la relevancia arqueológica tanto en el contexto local como regional, referida a los lugares de nuestra visita: Sitio Llolleo, Sitio Tejas Verdes I-III y Sitio Rayonhil; estos fueron correctamente georreferenciados por la arqueóloga Nuriluz Hermosilla en esta visita, y, gracias a los importantes estudios y colaboraciones de las profesionales Fernanda Falabella y María Teresa Planella, actualmente, son reconocidos como tales, esto es; “Sitios Arqueológicos” por el solo ministerio de la ley.
Queda patente la importancia de un rescate arqueológico de estos sitios con pasado ancestral, para que no sean avasallados por la urbanización e intereses qué, lejos de beneficiar al ejercicio de memoria de la comunidad, borran casi totalmente las evidencias de las culturas originarias. Es por ello, que esta visita fue muy bien valorada por los participantes, tanto la excelente disposición colaborativa de las arqueólogas para el esclarecimiento de interrogantes durante las conversaciones, en un diálogo entre la academia y los saberes autóctonos del territorio, como por la oportunidad de reconstruir escenarios de un pasado remoto.
Junto con lo anterior, surgieron muchas dudas y reparos respecto al posible escenario de la ampliación portuaria, en lo que respecta a la afectación arqueológica, social, económica, urbanística y ecológica del territorio. De allí se origina la necesidad de protección de la Cultura Llolleo pasada y actual, de la conservación de los equilibrios ecosistémicos que sostienen la vida de los habitantes del territorio, del resguardo de su memoria con pasado ancestral, así como también de mejora en la calidad de vida de los actuales llolleínos en un medio ambiente natural estable y seguro.
Está culminando la primera parte de nuestro recorrido, en compañía de la comunidad llolleína. Nos alegramos de haber visitado estos interesantes sitios de relevancia arqueológica, que reconstruyen la identidad de quienes nacieron y son herederos de este territorio de gran riqueza natural, cultural y ancestral. La comunidad manifestó su agradecimiento a las arqueólogas por la difícil labor de rescatar las huellas de culturas pasadas, debido a los cambios por el paso del tiempo, climáticos, morfológicos y por la propia intervención humana.
—Algunos nos refieren qué, desde estas tierras, a veces, aparecen conchales y vasijas milenarias a la mano de un caminante casual—
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En la tarde, luego de almorzar, como grupo de visita nos dirigimos a una variedad de icónicos lugares en la localidad de Llolleo: el Museo de Historia Natural e Histórico de San Antonio MUSA, la Caleta de pescadores Boca del Maipo, el Estero El Sauce, el Parque DYR, las Lagunas de Llolleo -Humedal “Ojos de Mar” y la Playa de Llolleo.
En el MUSA nos recibieron cálidamente, comenzamos la visita con las arqueólogas Fernanda y Nuriluz quienes han realizado importantes colaboraciones, aportes y charlas acerca de la cultura ancestral de Llolleo, Aconcagua y otras. Junto a Jessica Guerrero, mediadora del museo, recorrimos las colecciones formadas en años de trabajo de Fernanda Falabella y María Teresa Planella. Es así como pudimos apreciar, entre otros vestigios, restos de cerámica Aconcagua de tipo decorativa y utilitario, una urna funeraria conservada casi completa y un conjunto de piedras horadadas del complejo cultural Llolleo. Posteriormente, subimos a la terraza, donde corría un viento frío pero agradable, desde ahí, contemplamos la amplia vista y el esplendor de la desembocadura del Río Maipo en el océano Pacífico.
Luego nos dirigimos a la Caleta Boca del Maipo, donde tuvo ocasión una conversación con los pescadores, los mismos que todos los días tejen y reparan sus redes para mantener viva la práctica patrimonial de la pesca chinchorro. Ellos se aventuran por la desembocadura del río Maipo que les provee de ricos recursos marinos, por la conjunción entre el río y el mar, en su costa de poco más de 2km que ajusta la cintura de la playa de Llolleo. Roberto Machuca, pescador de Llolleo y presidente del Sindicato Boca del Maipo, nos contó y nos mostró cómo es la técnica del “encabado” de la red. Ahí logramos apreciar su destreza en esta antigua práctica. La Pesca Chinchorro y sus Artes, fue declarada Patrimonio Inmaterial de la comuna de San Antonio el año 2024, lo que implica su resguardo y difusión ya que es una práctica tradicional.
Pese a lo anterior, la pesca chinchorro y sus pescadores, hoy están en riesgo de no poder seguir con su actividad de concretarse el proyecto de expansión del Puerto de San Antonio. Es debido a éste, que tendría lugar el cierre y pavimentación de la playa de Llolleo y la intervención del flujo natural noroeste de la corriente del Maipo, producto de la construcción de los molos de contención de sus aguas en la desembocadura, que es el lugar ancestral y más aventajado para realizarla.
Pasamos por el lado del estero El Sauce, logramos percibir el leve rumor de sus aguas, así como el hermoso canto de pajarillos a su alrededor en el entorno del Parque DYR, que es un bosque frondoso donde convergen la recreación, el deporte y la cultura popular de la zona.
Nos encaminamos a conocer los Ojos de Mar, tres plácidas y hermosas lagunas las cuales albergan una gran variedad de flora y fauna, donde algunas de ellas están en distintos estados de riesgo de extinción, tales como el cisne de cuello negro, el pilpilén, el coipo, entre otras. Sentimos un ecosistema rico y armonioso.
Finalizamos la maravillosa experiencia de aprender y compartir saberes ancestrales y contingentes de un Llolleo mágico y milenario, en la bella Playa de Llolleo, que recorrimos y apreciamos en toda su magnificencia… Es asombrosa en su espíritu de naturaleza indómita. El aire de mar intenso y frío nos acarició el rostro. La luz tenue de un sol escondidizo, por momentos encandiló nuestra vista, reverberando en el mar…
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“Herederas y herederos
donde muere el Maipo
Pacifico torna,
Rio, esteros, humedales,
cerros, playa y campo;
descendientes de sus formas,
Sol y luna en el ocaso
en un mismo sentir y amanecer,
destellos y reflejos en las aguas,
Pueblo y destino
guardianes del porvenir
gente y naturaleza
una misión
principio y fin
Columna: Voces del Territorio
¿Qué impresiones hubo de la actividad arqueológica en Llolleo?
Katherine Álvarez: (Alfarera Pikunche)
Fue bien bonito, salir a reconocer todos esos sitios arqueológicos, es súper importante, revitalizar esa memoria dentro del territorio sobre todo para la gente que habita acá, el pueblo originario; porque es nuestra historia e identidad que también es bueno tenerla en conservación para la misma educación. En los libros de historia que da al Ministerio de Educación nada de esto aparece de la forma real como lo vivimos porque en la historia tradicional no se cuenta una verdad que venga de distintas voces. Nuestra cultura, además es muy diversa en esta zona del Valle del Maipo, era un lugar donde convergían distintas culturas; la mapuche, junto con la aimara y la diaguita.
Los lugares de los hallazgos han sido avasallados por la urbanización, para nosotros deberían estar de alguna forma resguardados para evitar que el crecimiento económico, se anteponga a la historia y el bienestar de la ciudadanía.
Culturalmente no somos pasado, esta historia nuestra nos ayuda a encarnar nuestro presente, a comprender el sentimiento que tenemos con el territorio, y claro, en ese sentido poder honrar. Con la visita a estos sitios arqueológicos sentí “como cuando vas a ver a tu abuelo o a tu abuela, a su casa o al cementerio, es lo mismo entonces, uno va saluda con respeto, y también se despide con un abrazo”.
José Miguel Morales (Presidente de “Fundación Quebrada del Alto” de San Juan de Llolleo)
Fernanda Falabella y Nuriluz Hermosilla poseen una larga trayectoria en el estudio del patrimonio arqueológico de la zona, siendo referentes fundamentales en la documentación y análisis de vestigios pertenecientes a la cultura Llolleo. En específico, Nuriluz Hermosilla se ha destacado en la localidad de Llolleo por hacer un gran aporte a la arqueología en la labor de levantamiento, estudio y registro de las Piedras Tacitas —grandes morteros pulidos de las quebradas del Alto Santo Domingo en San Juan de Llolleo.
Durante décadas, Fernanda Falabella junto a María Teresa Planella y la arqueóloga Nuriluz Hermosilla, han liderado investigaciones que permitieron identificar, excavar y comprender numerosos asentamientos y contextos funerarios en el territorio, contribuyendo significativamente al conocimiento del pasado prehispánico local. Sus trabajos han sido esenciales para la puesta en valor del patrimonio arqueológico y para visibilizar la riqueza cultural que caracteriza a esta región.
El objetivo de la visita fue revisar el estado actual de tres de los sitios descubiertos y estudiados en años anteriores. En el recorrido se pudo constatar que varios de estos espacios han sido alterados o destruidos, sin medidas adecuadas de resguardo o protección.
Destacamos la importancia de estos sitios arqueológicos como testimonio del modo de vida de la Cultura Llolleo, una sociedad prehispánica con profundas raíces en el centro de Chile. Al mismo tiempo, inquieta la pérdida sistemática de este patrimonio, lo cual representa no solo una desaparición física de restos materiales, sino también una grave amenaza a la memoria cultural de la ciudad.
La visita permitió evidenciar la falta de políticas efectivas de conservación y el escaso reconocimiento institucional del valor de estos lugares, es de suma urgencia impulsar estrategias integrales de protección, registro y educación patrimonial.
Preservar estos vestigios no solo honra el trabajo de quienes han dedicado su vida a estudiar nuestro pasado, sino que asegura que las futuras generaciones puedan conocer y valorar la historia profunda de su territorio.
Ana Laura Galarza (Integrante Fundación Ojos de Mar)
Fue una actividad muy enriquecedora para quienes habitamos y defendemos este territorio, dado que pudimos experienciar desde una actividad muy práctica y tangible, la importancia de la producción de conocimiento en nuestros territorios.
El conocimiento compartido por las arqueólogas en este momento, es fundamental para nosotros en la defensa, porque el Proyecto Puerto Exterior que es un proyecto de ampliación portuaria, tiene graves impactos sociales, ambientales, también patrimoniales, y éste no ha considerado varios de estos puntos denominados o reconocidos como monumento nacional; dado que están registrados como “hallazgos arqueológicos” en sus análisis de impacto, para poder proponer medidas de mitigación y/o compensación.
Como comunidad, defendemos este territorio que está a punto de ser sacrificado en función únicamente de intereses económicos, que no son necesariamente intereses económicos para el bienestar de la comunidad local, sino que son intereses económicos globales.
Sabemos que no han sido hechas todas las observaciones necesarias en los procesos de participación ciudadana del Proyecto Puerto Exterior, respecto del grave impacto a los patrimonios culturales, como son los sitios arqueológicos, así que la visita de las arqueólogas fue una gran ayuda que materializa una forma de colaboración de la Academia con las comunidades locales, estableciendo un vínculo que muchas veces se pone en duda, y genera un poco de rencillas entre los territorios y la Academia.
En estos días de tanta convulsión y conflictividad socio ambiental, frente a una arremetida muy violenta de la industrialización, y del uso de la naturaleza con fines económicos; es necesario el vínculo entre la Academia y las comunidades de una forma tangible, práctica y oportuna.
Justo Quiroz (Profesor de Historia y Geógrafo)
Me pareció interesante la visita de las arqueólogas, mi motivación era que Fernanda Falabella en base a su conocimiento, diera un respaldo a mi teoría, acerca de que en la cultura Llolleo nace la cultura mapuche. La cultura Llolleo y pitrén son muy parecidas. La teoría que tengo es que el pueblo mapuche nació a través de la cultura Llolleo, y se fue expandiendo incluso al otro lado de la cordillera hacia el sur y de ahí nace la cultura mapuche y ahí ella dijo que no estaba claro, y algo súper claro que ella dijo, es que ambos hablaban mapudungun.
Los arqueólogos se basan en los hallazgos en el sentido de darle características a la forma de los jarros, de los artefactos que se encuentran; nosotros como historiadores tenemos un prisma de investigación de un continuo histórico.
Mi teoría busca otorgarle un plus territorial — simbólico— al lugar llamado Llolleo, confirmar que sí, potencialmente Llolleo es el inicio de la cultura chilena o del pueblo chileno.
Berty Alfaro (Músico y Artista de Santiago)
Me pareció una reunión muy rica en actores y saberes, viajé desde Santiago a esta instancia porque tengo amigos, familia y un Amor por el territorio inmenso, creo se debe proteger y rescatar su Cultura al máximo. Sabes, el litoral central, San Antonio- Llolleo son una Cuna de arte y belleza inmensa, en todos los lugares de este increíble litoral existe una belleza natural, artística, poética y musical increíble, seguro uno de los lugares con más belleza y cultura creadora del país y del mundo. por eso vine a esta enriquecedora reunión, creo ayuda a reconocer lo que se perdió, lo que se pierde y lo que se debe rescatar ante el avance del modelo, el cual no tiene Arte, belleza y mucho menos Cultura que nos enriquezca.
Jessica Guerrero (Mediadora y secretaria Administrativa del MUSA)
La visita de las arqueólogas fue bastante gratificante. Fernanda Falabella fue la precursora de este museo con las investigaciones que ella realizó en su inicio de carrera, también con piezas que pudo aportar a la colección arqueológica del MUSA,
Fernanda Falabella y María Teresa Planella trajeron una colección que fue hallada en el sitio Torino-de la Cultura Llolleo, encontrado en un sector de nuestra comuna. Estos hallazgos se depositaron acá en el Museo, con los informes y certificados que son relevantes para la colección.
Hace un tiempo atrás, ella junto a María Teresa Planella, presentaron una charla y hablaron sobre todo de piezas encontradas de la cerámica Aconcagua salmón, que es la que nosotros tenemos en el Museo, en la que muchos tesistas estudiantes pueden venir a trabajar. Las investigaciones que ellos pueden realizar quedan en un registro en las bibliotecas del museo, lo que a nosotros nos respalda técnica y científicamente.
Es necesario poner en auge a personas tan importantes como Fernanda y María Teresa porque en Chile no se habla mucho de estas profesionales que son tremendas y qué aportan enormemente a museos como el nuestro.
Natalia Jimenez (Lamien del Pueblo Llolleo Lafkenche)
Me pareció muy constructiva. Llolleo tiene una población que se reconoce ancestral, el 10% más o menos, descendiente de pueblos originarios y cómo estamos en la zona central, estamos más arriba del Bío Bío y del sur, entonces, es una zona pikunche más central norte, sin embargo, nuestra identidad de los que estamos acá en Llolleo, somos Lafkenche, porque nosotros vivimos en la falda de la zona del mar, somos de acá, Lafkenche, este es nuestro territorio y somos locales.
Nos parece importante hacer fuerza, conciencia y dar revalorización en lo que respecta a la naturaleza, a los cambios paradigmáticos desde todas las áreas del conocimiento, junto a pueblos originarios. En ese sentido los hallazgos que han hecho las arqueólogas nos ayudan a que podamos compartir, hacer un tejido “entre todos reconstruir la historia en una memoria y la misma naturaleza”.
Los procesos sociales y culturales son lentos, y eso es lo que otros paradigmas o visiones por ejemplo empresariales de la industria no logran ver: esa riqueza que tiene el territorio, la identidad local. Un humano puede vivir a escala humana en un territorio sin destruirlo, distinto es cuando se instala un proyecto industrial o de empresa en una comunidad, donde hay bodega, o dónde hay materiales peligrosos, cierta cantidad de carga de camiones de tonelaje; esas son otras escalas súper destructiva para los territorios. Cuando se generan proyectos ambiciosos a escalas grandes, destruyen literalmente ecosistemas, entonces hay dos cosas, por un lado, ignorancia y por otro lado ambición de poder por el dinero. Por eso estamos acá haciendo conciencia, resistencia y cuidando la playa, el río, el estero y los humedales, que es un solo gran ecosistema.
Hay harto movimiento de personas conscientes que queremos Llolleo, desde los mismos trabajadores de la mar, los pescadores de la zona, nosotros en el centro ceremonial, fundaciones y organizaciones ambientales locales.
Es importante que la academia haga actos de voluntariado, acciones de intervención importante y en el mismo territorio ojalá, y eso pudiera dejar una huella, una marca un poco más de largo plazo, en una proyección de 1 a 2 años trabajando en un espacio para levantarlo, una “acción que haga un cambio”.
Víctor Godoy (Presidente Consejo Ciudadano Ciudad-Puerto San Antonio)
Mi impresión es positiva. Se agradece la visita de las arqueólogas y su tesis, al mismo tiempo nos muestra que es necesario relevar el carácter de “Sitios Arqueológicos” a los lugares de los hallazgos —Fundo Llolleo, Tejas Verdes I-III y Rayonhil— para que realmente sean protegidos por la ley dispuesta para eso. Por su historia y memoria colectiva, es importante la conservación de estos sitios para que no sean intervenidos; misma relevancia que deben cobrar estos sitios para nuevas observaciones incorporadas al Sistema de Evaluación Ambiental del Proyecto Puerto Exterior. Dicho proyecto tiene una inversión y un área de influencia que implica incorporar la playa, la pesca patrimonial chinchorro, las lagunas Ojos de Mar, el campo dunar y el estuario del Río Maipo que, si no se protegen, se van a ir muriendo de a poco. Debido a esto, se prevé una lluvia ácida producto del aumento de altos niveles dióxido de carbono y otros componentes que emiten los barcos y las maquinarias que operan en los frentes de atraque que, además añaden contaminación acústica. No les interesa mucho la calidad de vida de la gente en la ciudad, si está armónicamente diseñada o no, ahí se nota ausencia de una planificación urbanística, ausencia de una relación ciudad puerto que actúe de modo armónico en lo urbano, lo vial y lo ambiental. Por todo esto se está luchando para que los inversionistas tengan más responsabilidad social y ambiental.
La caja del Río Maipo y el estuario enfrentan un evidente estrés producto de la extracción desmedida de áridos y derechos de agua. El proyecto Mega Puerto San Antonio amenaza de manera sustantiva y exponencial el lugar; en el corto plazo, la provincia de san Antonio podría quedar sin agua.
Roberto Machuca (Pescador, presidente del Sindicato de Pescadores Boca del Maipo)
Me pareció una visita grata, en esa oportunidad conversamos de lo que hacemos, de la técnica que utilizamos de encabar (hilar redes) y conversamos un poco del Mega puerto de San Antonio.
No estábamos preparados, pero a la vez estamos acostumbrados a que llegue gente a preguntarnos sobre qué estamos haciendo, quiénes somos nosotros. Por lo menos yo he participado con muchos jóvenes de la Universidad que vienen a hacer sus tesis acá generalmente antropólogos y les ha ido súper bien con toda la información que le hemos dado nosotros, de lo que conocemos y hacemos…hablamos de lo que hemos vivido, lo que nos han traspasado nuestras familias y nuestros ancestros.
Nuestra impresión es que, si la comunidad no conoce todos esos hallazgos que hicieron las arqueólogas, ni la historia de lo que se ha descubierto, queda ahí como en el anonimato, no tiene sentido si no se da a conocer. Así que agradecemos que las arqueólogas hayan venido al territorio a compartir sus conocimientos con la comunidad.
Respecto al proyecto de expansión portuaria, hay distintas posiciones pero los que le hemos dado oposición desde el sector pesquero, hemos sido solamente los pescadores del Sindicato de Boca del Río Maipo, los demás están de acuerdo, negociando con ellos, están llegando a algunos acuerdos económicos, pero nosotros los de la Boca del Maipo estamos con relaciones cortadas con el puerto desde el año 2015, porque ellos quieren destruir una playa que es una playa histórica, una playa que es cultural y además que es la única playa que tiene San Antonio, que es la playa de Llolleo. El año pasado con un decreto municipal se declaró la Pesca Chinchorro como Patrimonio Inmaterial de la comuna de San Antonio y ellos dicen que no impiden pescar al chinchorro “pero, nos quitan el lugar histórico, el lugar más cercano y el mejor lugar para la pesca que siempre son las desembocaduras de los ríos… el río nutre alimentos a la playa, llegan peces casi todo el año, baja en el invierno, pero siempre hay peces, no como en otras partes”.
Nosotros no estamos de acuerdo que se haga un mega puerto acá, menos encima de un puerto que hoy tiene saturado a San Antonio, por ejemplo, un camión se da vuelta en el túnel y la ciudad queda colapsada, imagínese teniendo un mega puerto que equivale a todos los puertos juntos.
Nosotros estamos luchando, ellos tienen el apoyo del Estado porque es un proyecto estatal, entonces lo toman como un bien país, pero igual seguimos luchando y le vamos a dar hasta el último, el daño económico y ancestral que se nos quiere ocasionar es irreparable, pero nosotros seguiremos pescando y luchando.
Alfredo Antonio Améstica G. (Pensador, Político y Artista)
Fue una reunión y una visita muy valiosa, que convocó a los principales actores que están en defensa del territorio. Agradecer de corazón a Fernanda Falabella y Nuriluz Hermosilla por acompañarnos, mostrar a la comunidad su saber, sus estudios y sus años de experiencia rescatando el patrimonio cultural y ancestral del país y la cuenca del Maipo, lo cual también nos permitió hablar del Proyecto que amenaza la historia, el presente y el futuro de las próximas generaciones.
En San Antonio no se discute un proyecto más: se discute parte del destino de la zona central, su territorio y su pueblo.
Somos una zona saturada, que convive hoy con un mega puerto, aunque el Estado no lo reconozca. De aprobarse esta expansión, pasaríamos a ser un caso mundial de mega sacrificio; humano, territorial, ambiental, sanitario, energético e hídrico. Aquí no se han abierto puertas al progreso humano; se han cerrado.
La llamada expansión portuaria de San Antonio ó Puerto a Gran Escala (PGE), impulsada por la Empresa Portuaria de San Antonio y el Estado de Chile, pretende multiplicar entre seis y siete veces la carga actual. Eso, para mí, no es desarrollo: es la profundización del sacrificio, no solo de San Antonio, sino de toda la Zona central.
Este proyecto repite asaltos a la razón, a la ley, a la Constitución y a tratados internacionales ratificados por Chile en materia medio ambiental, derechos humanos y de protección de los pueblos originarios, Se diseñó sin consulta real a la ciudadanía ni a los pueblos ancestrales. Se pensó entre oficinas y reuniones transnacionales, lejos del territorio vivo.
No existe planificación estratégica integral.
No se han considerado con seriedad los riesgos ambientales ni sanitarios.
El Estado, al insistir así, incurre en una grave omisión de su deber.
No existe una solución eficaz para la conectividad vial ni para la fluidez logística en uno de los países más hipercentralizados del planeta, cuya cuenca central, ya se encuentra ambiental, urbana y vialmente saturada.
Así como toda la macrozona, San Antonio ya soporta contaminación atmosférica y sanitaria, deterioro de sus aguas, presión acústica constante y una congestión vial que asfixia la vida cotidiana. La expansión portuaria amenaza ecosistemas únicos de la zona central, en los cuales conviven centenares de especies de flora y fauna, varias de ellas en peligro de extinción.
Comprometer con impactos irreparables la salud de la gente, el estuario del Maipo, un humedal protegido por ley, el borde costero y eliminar la última playa de la comuna “bien nacional de uso público“; asalta y violenta la vida, las prácticas ceremoniales, recreacionales y económicas de pueblos originarios, de las generaciones presentes y venideras.
En las últimas semanas me reuní con la Municipalidad de San Antonio, el Ministerio de Transportes, el MOP y su Dirección de Planificación, con la Gobernación Metropolitana, el Ejército y la Armada. A todos les expuse que el proyecto no es viable, moderno, ni inteligente. (Ningún servicio me contradijo) No resuelve el estándar mínimo de calidad, ni el desarrollo logístico que la zona central y el país necesita con urgencia. La propia empresa portuaria no logra responder satisfactoriamente preguntas técnicas de los servicios del Estado. Imaginen entonces la respuesta que recibe la sociedad civil y el poder político desinformado, La transparencia ha sido insuficiente y la verdad, esquiva y muchas veces nula.
He propuesto una alternativa concreta en el Ministerio de Transporte: un túnel bimodal de 14 kilómetros más un antepuerto estratégico. Una solución que equilibraría desarrollo económico con desarrollo humano.
Porque el progreso sin comunidad y sin pensamiento evolutivo, es vacío, torpe e irresponsable.
No se puede borrar cultura ancestral, pueblos vivos, mar y aguas, en nombre de la eficiencia y el progreso, que además, no es tal.
Espero que el gobierno entrante de José Antonio Kast no repita los errores de los tres anteriores (Bachelet-Piñera– Boric). Confío en que las instituciones y las Fuerzas Armadas resguarden el bien nacional y la seguridad de la población.
San Antonio no puede convertirse en el ejemplo global de cómo un Estado sacrifica su propio territorio y su gente, por esto nos oponemos con fuerza informada y consciente a este fatal proyecto de Expansión.
Por el Amor, la Pasión, la Razón y la Evolución.
※※※
En Llolleo, cada grano de arena, cada piedra tallada y cada alfarería enterrada son voces antiguas que nos hablan
y es menester de nosotros escuchar;
los ancestros dejaron aquí no solo vestigios, sino una forma de habitar el mundo:
pescar con respeto, sembrar con paciencia, reunirse frente al mar, oír el silencio…
Admirar en los humedales la continuidad de una vida exuberante,
adaptarse al continuo cambio, observando el venturoso recorrer de las aguas del Maipo al desembocar en el mar…
Hoy, ese legado se enfrenta a la maquinaria de un modelo sin razón:
la expansión portuaria en nombre del progreso pretende borrar los horizontes de belleza y desarrollo humano,
pavimentar la última playa de San Antonio, secuestrar la vida y hacer agonizar el humedal Ojos de Mar,
se ofrecen grúas y containers donde hay puestas de sol, asfalto donde hay agua, ruido donde hay canto,
muros de concreto donde el pueblo halla su lugar de encuentro y ceremonia.
La política que arrasa con las playas obstruye los ríos, contamina el aire, el alimento y las aguas,
modifica la esencia natural de los pueblos y su vida;
es la política económica que niega al humano el derecho a su memoria, a la espiritualidad y al sustento día a día,
es también la política que degrada la democracia, porque impone un invasivo y carente de respeto
proyecto de expansión, potenciando su sistema de dominación y acumulación,
prometiendo compensar lo que es irreemplazable y denominando desarrollo, a la mutilación de los ecosistemas que nos dan vida.
Pero San Antonio y Llolleo resisten.
En la práctica de los pescadores que siguen lanzando sus redes, en el cultivo de sus ricas tierras, en las rogativas Llolleo-Lafkenche que se elevan junto al río y la playa,
en las manos que aún moldean ceramios y cuidan las lagunas Ojos de Mar,
en los encuentros culturales de sus pobladores, en el deporte y recreación de sus niños y jóvenes,
en la fiesta popular;
en todos ellos
hay una fuerza que ni los megaproyectos ni la indiferencia estatal pueden sepultar.
La expansión portuaria nos confronta con una pregunta mayor:
¿en qué territorio queremos habitar?
¿qué país construimos para las nuevas generaciones?:
¿uno que destruye su cultura, su belleza y sus riquezas naturales?
o ¿uno que escucha a sus ancestros, a sus pueblos y construye en consecuencia con el bienestar humano?
Este litoral de la zona central es un lugar icónico.
Ejemplo de lucha por la conservación de su memoria, el equilibrio de la vida,
el cuidado de su naturaleza indómita y la expresión de las artes en plenitud;
nos recuerda que la verdadera modernidad es sinónimo de un avance civilizatorio con respeto hacia su entorno,
que un puerto puede mover mercancías; pero la cultura, el agua y la vida comunitaria son los que mueven pueblos enteros.
Hoy, defender San Antonio- Llolleo, no es solo proteger una playa o un humedal, tampoco solo especies en extinción, o solo proteger las aguas y el aire de un lugar de la quinta región;
es también defender la dignidad y el respeto a sus habitantes actuales,
a la vez, el respeto por los ancestros y las generaciones futuras de la Cuenca y del país,
donde podamos generar un acuerdo social en Equilibrio
para la continuidad de la vida humana y ecosistémica,
con la posibilidad de un Chile que sea respetado en su diversidad para habitar la tierra,
que ejerza su voluntad y determinación por derecho propio
en favor de como éste decida trascender en el tiempo.
※FIN※
Romina Alejandra Zamorano Tapia
Escritora emergente
Nació en Venezuela el año 1983, hija de padres chilenos con los que llegó a nuestro país en 1990, con el retorno de la democracia.
Estudió en el colegio Santa Gema Galgani de Ñuñoa, destacándose en rendimiento académico.
Se tituló de Administrador Público y Mg. en Gestión Cultural, ambas de la Universidad de Chile y trabajó en el servicio público que abandonó por no satisfacer su iniciativa e ímpetu creativo.
Descubrió su interés en temas culturales y desarrolló su tesis de posgrado en lo relativo a la importancia del afecto en la pedagogía infantil, para gestar nuevos fundamentos en la sociabilidad, desde los primeros años de la vida.
El entusiasmo que desarrolla por el arte y la historia del pensamiento humano le condujo a la realización de un Diplomado en Estética y Filosofía, en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Su interés por los asuntos públicos la llevó a colaborar en asambleas territoriales, posteriores al Estallido Social de octubre de 2019, postulando al cargo de concejal por Providencia, de manera independiente.
La creación literaria la ha acompañado como una constante en su vida, pues siempre ha escrito y desde hace algunos años participa en diversos talleres literarios, donde ha podido aprender cada vez más, el oficio de la escritura, lo que ha dado como frutos, poemas y algunos cuentos. Su prosa es sencilla pero profunda, sus palabras se ciñen ajustadamente a las ideas que busca expresar, a su vez, desarrolla un lenguaje estético que toca la sensibilidad de los lectores por su acento en la belleza.
En tiempos de inmediatez y olvido, sus escritos buscan aquello inmanente que le da sentido a la existencia, donde la voluntad y la determinación humana son la base para la construcción del sí mismo, a la vez, el cambio cultural que cada uno es en potencia y puede dinamizar en su entorno.
La autora, esta vez incursiona en la forma de una crónica política-arqueológica actual, con cierto componente estético, sobre una álgida problemática socioambiental, como es; el Proyecto de Expansión Portuaria de San Antonio, en la localidad de Llolleo, Quinta Región, Chile.
[1] Falabella, Fernanda y Planella, María Teresa. “Curso Inferior del Río Maipo: Evidencias Agro-alfareras”. Tesis de Licenciatura, Universidad de Chile, Santiago, 1979, 238 p.”
