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Lo posible dependerá de la ciudadanía. Por Carlos Sandoval Ambiado y Alejandro Núñez Soto

Para el proceso constituyente no estamos ante un acto de insurgencia de las capas subalternas o de la multidiversa llanura social. Igualmente, no es análogo a lo ocurrido con la disyuntiva del “Si” o el “No” del año 88.

Hoy tenemos un mundo social y ciudadano que experimentó una Transición que nunca fue tal. Para millones de chilenos y chilenas, los treinta años transicionales fueron de retoque a un modelo social y económico mercantilista y depredador. Igualmente fueron décadas de abusos, componendas, corrupción, engaños, cohecho y desprestigio de la casta político-gobernante. De haber sido distinto no habríamos vivido las paralizaciones de ciudades, las rebeliones sectoriales y las explosiones sociales.

La irritación colectiva ya no permite más injusticias ni indolencias. Chile no ha cambiado, quienes cambiaron fueron los chilenos y chilenas. Por consiguiente, serán ellos quienes realmente cambien nuestro país. Y, de este hecho debe darse por notificada la antigua y nueva clase dirigente. Puede que algunos dirigentes, con complejo de Chefs, quisieran escribir un menú constitucional a gusto de paladar político propio. Pero ellos no deben olvidar que quienes opinan del plato servido no es el Jefe de la Cocina, sino los Comensales.

No obstante, debemos reconocer que el proceso constituyente es una expresión más de la democracia representativa. Es un acto en que la soberanía ciudadana se expresa puntual y fugazmente. Lo hace emitiendo su preferencia por el “Rechazo” o el “Apruebo”. Igual naturaleza tiene la elección de delegados constituyentes que podrían nacer de nichos distintos: una Comisión Mixta o una Comisión Constituyente. La primera, sabemos, constituida por parlamentarios y delegados elegidos por la ciudadanía. La segunda conformada enteramente por personas escogidas por los votantes. Este dato de la realidad obliga a “graduar” nuestra apreciación de la “delegación constituyente”. Es cualitativamente diferente, en términos de ejercicio soberano, una “Comisión Mixta” de una “Comisión Constituyente”. Y, este hecho debe abordarse con una reflexión político histórico.

Una Comisión Mixta resulta incongruente. Lo es por dos razones: porque los parlamentarios fueron elegidos para otra misión y en otro contexto político y; segundo por la escasa representatividad que tienen. Dicho lo cual, resulta una inecuación insoportable. No se puede balancear el peso de la legitimidad de los delegados constituyentes, electos por millones de ciudadanos y ciudadanas, con legisladores que, en algunos casos, obtuvieron solo algunos miles de votos.

A su vez la “Comisión Constituyente” no es plenamente soberana, como se hubiera deseado, pero impresiona como un avance respecto de las construcciones constituyentes precedentes. No olvidemos que, en esta ocasión, es la primera vez que los ciudadanos y ciudadanas podrán escoger a quienes elaboren la macro norma. Igualmente podrán aceptar o rechazarla en un referéndum de salida. No fue así en el siglo XX y menos en los años decimonónicos. Portales, Alessandri y Pinochet solo creyeron en cometidos de expertos y adherentes ideológicos.

Aunque este proceso no es plenamente soberano, ofrece la oportunidad de correr la cerca. Probablemente los límites no se deslizarán lo suficiente para lograr una sociedad justa y solidaria. Pero como los constituyentes tendrán domicilio conocido y debates públicos, sumado a una sociedad vigilante y movilizada se disminuirán el riesgo de cocinas. La elite siempre busca invisibilizar a la sociedad demandante. Lo hace porque permite los acuerdos por arriba, sin tomar en cuenta las justas, legítimas y necesarias aspiraciones de las mayorías nacionales. Una ciudadanía desmovilizada facilita los consensos por arriba que en nada o muy poco satisfacen las necesidades sociales.

Así, con un extraño fenómeno político, como es que autoridades elegidas bajo una Constitución repudiada, deberán implementar las nuevas disposiciones político-jurídico. Este escenario estará poblado de incertidumbres, de avances y retrocesos, situaciones que obligarán a redoblar los esfuerzos vigilantes del Movimiento Social y Ciudadano.

Nadie desconoce la capacidad de los grupos dirigenciales de maquillar sus prácticas hasta hacerlas verosímiles a los ojos de las mayorías. Solo la decisión, organización y movilización ciudadana, social, sectorial y territorial impedirá la reedición de los últimos treinta años de gobiernos.

La experiencia movilizadora de octubre, las decenas de Cabildos, las múltiples Asambleas Territoriales y las diversas organizaciones socio-gremiales, son los garantes de que no se desvíe, en el camino, la batería de cambios.

En una sola frase: SOLO LA GENTE HARÁ QUE LO POSIBLE SEA REALIDAD.

Santiago en un otoño preplebiscitario del 2020.

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