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Lo que somos. Por Gastón Tagle Orellana

“En los bolsillos del pueblo la vieja herida...”
Los Fabulosos Cadillacs

En Chile estamos ad portas de un plebiscito para aprobar o rechazar una nueva constitución. Se ha llegado a esta instancia a propósito de las protestas que comenzaron en octubre de 2019, es decir un año atrás. Éstas, como siempre ha sucedido en la historia, no fue un acto de la elite política, sino de un pueblo hastiado del descarado robo de quienes detentan el poder. Somos el único país en donde el agua, recurso vital para todo ser viviente, está en manos de privados, los mismos que son dueños de las comunicaciones, de los recursos naturales, de los fondos de pensiones, de los bancos y de las pocas industrias que le quedan a este maltrecho país.

Somos un país que tiene por presidente a un ladrón de bancos, razón por la cual fue perseguido por la justicia y que huyó protegido por un poderoso servicio de inteligencia extranjero y cuyo caso sólo fue sobreseído. Somos un país en donde la iglesia católica sigue ocultando a sus pedófilos y dando cátedra de moral (aunque reconozco que esta es una lacra a nivel mundial).

Somos un país al cual le han amputado su identidad, que alaba el valor mapuche en contra de los conquistadores españoles, pero a su vez los trata como parias y los despoja de sus tierra y modo de vivir ancestral. Somos un país en donde las fuerza armadas siguen actuando sin un verdadero control político y que tienen una cantidad de generales y almirantes que siguen rindiendo honores a un dictador, sin ninguna victoria a cuestas, salvo la de haber ordenado el asesinato de miles de compatriotas por considerarlos peligrosos ideológicamente. Lo anterior con la anuencia de una derecha que ahora se presenta camaleónicamente como amante de la democracia y que no tiene escrúpulos en usar palabras de Víctor Jara para promocionar su rechazo a una nueva constitución. Somos un país con cara bonita, pero con un corazón podrido y un alma en banca rota. Sin embargo, los jóvenes, como siempre, han salido a protestar, porque sus padres están cansados y resignados y ellos han tomado la lucha que sus predecesores ya no son capaces de dar. Los treinta pesos del alza del pasaje del metro (el 2019) no son sino el reflejo de treinta años de injusticias y de robos descarados, legalizado -precisamente- a través de una constitución espuria, que los partidos políticos no fueron capaces de cambiar, por temor u obsecuencia o porque se acostumbraron al sueño del poder que creyeron tener. Somos un país que tiene que cambiar, porque la educación, la salud y las pensiones no pueden seguir siendo un negocio y el alma de todos no puede seguir estando hipotecada ad aeternum.

Prof. Dr. Gastón Tagle Orellana. Académico Universidad de Valparaíso

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