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Los 24. Por Jorge Tabja Salgado

Mi concepción de experto, siempre lo asocié a ser poseedor de un conocimiento profundo y específico y, por cierto, con habilidades en su ejecución. Esto, razonablemente, sería el ADN inicial del órgano- formado por 24 expertos - que redactarían la Nueva Constitución de Chile.

En este proceso de confección y selección de los derechos ciudadanos quién o quiénes podrían validar esta condición de experto y en qué. Con intranquilidad confieso que esta elección, a dedo, es lo más parecido a un golpe de Estado de guante blanco, dirigido desde el parlamento y sin tanques. Es una forma más sofisticada a lo acontecido con el hermano país del Perú, donde las huestes parlamentarias destituyeron a Castillo.

La astucia incrédula y exacerbada de aquellos que desconfiaban de la conformación de los 24, hacía pensar que esta selección de derechos ciudadanos, nuevamente sería una Constitución para el rechazo.

Todo este cuerpo, destilado por los partidos políticos y parlamentarios y no la ciudadanía, lo constituyen casi exclusivamente abogados, de tres a cuatro universidades, y prácticamente todos concentrados en Santiago. La mayoría con militancia y de centros de pensamientos universitarios, empresariales o de una extensión de los claustros ideológicos de los partidos políticos. Filiaciones todas muy legítimas.

Dónde quedó el pensamiento complejo de los científicos e investigadores que podrían aportar con un contenido moderno, focalizado en un desarrollo social más equitativo, ambiental y fundado en el conocimiento. O la mirada profunda de los profesores que dieran un guiño cuántico a la educación como reina del desarrollo. No existe una representación de las regiones, ni tampoco de constituyentes con raigambre en los pueblos originarios, ni del mundo sindical.

En perspectiva, La Constitución de 1925, fue impulsada por una severa crisis económico -social enraizadas en las capas medias y en las FF. AA, con un modelo extractivista (salitre) en crisis por las nuevas alternativas minerales, que empujaron a la oligarquía a proponer un sistema presidencialista, rompiendo así el modelo parlamentarista existente, dado que eran incapaces de solucionar las demandas sociales de la época.

La tendencia cíclica de la crisis social del 1925, la hermanan con el estallido social del 2019, a través del proceso constitutivo. De hecho, en marzo de 1925, se conformó- como una salida a la crisis parlamentaria- la desconocida Constituyente chica (formalmente conocida como Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales), órgano conformado por profesionales, obreros, estudiantes y feministas, entre otros, orientado a redactar la Constitución de la época, dejando atrás la centenaria Constitución de 1833.

La iniciativa duro cuatro días, hasta que fue disuelta y sepultada por Arturo Alessandri. El historiador Sergio Grez afirma que su pecado fue “su propia existencia, el esfuerzo del movimiento popular en Chile por erigirse en actor de un proceso constituyente por primera vez al cabo de cien años de historia republicana. Situación inédita, intolerable para la clase dominante incluso un siglo más tarde”.

Pese a la breve existencia de la Constituyente chica, en ella se acordaron algunos delineamientos muy actuales y visionarios, como fueron: hacer de Chile una República federal, enseñanza gratuita desde la educación básica hasta la universidad, igualdad de género, suprimir el ejército permanente o que los funcionarios públicos tengan responsabilidad efectiva de sus actos públicos y no solo nominal ¿Qué probabilidad éxito tendrían estas premisas?

Es probable que, al igual que la olvidada Constituyente chica, la fallida Asamblea constituyente de nuestros días, no tuvo los vasos comunicantes de una base social sólida que los conectara, más que la propia demanda del sector. Es decir, no había un plan.

Entonces, los movimientos independientes, estudiantes, pueblos originarios y minorías sexuales, han sido reemplazados por expertos, que tienen secuestrada la democracia como única forma valida de racionalidad y participación.

La ausencia de una biografía diversa y la naturaleza impuesta de estos expertos entre ellos varios operadores(as) políticos(as), no garantizan desenamorarse de la Constitución cívico-militar elaborada en dictadura. Estos hombres y mujeres del grupo de los 24 ¿tendrán la capacidad para recoger y sumar las demandas de una nación atomizada en necesidades individuales, sociales, materiales y ambientales?

Siendo la nueva constitución el nuevo punto de partida, casi refundacional, el poder constituyente se pone al margen del paradigma establecido, y aquí es donde vive su paradoja el grupo de los 24, constituirse como una realidad paralela a la existente, que es la autodeterminación ciudadana, confiriendo su carácter creativo y libre.

Jorge Tabja Salgado
Periodista (PhD.) _Consultor en Comunicación Estratégica.

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