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Los contenidos y el peligro de los contextos orgánicos para la Nueva Constitución. Por Alex Ibarra

Mientras en el Congreso comienza a visualizarse una apertura a la demanda popular por la Asamblea Constituyente, algunos siguen tratando de asegurar el poder de una deslegitimada clase política aunque sea con la aseguración de una cuota importante de parlamentarios, un "equipo técnico" (seguramente designados a dedo) y otro tanto por representantes del pueblo. Así las cosas, claramente no se observa una pretensión de transformación política relevante, pero además se niega una vez la soberanía del pueblo. Es obvio que ya entendieron las demandas populares, han sido muy claras, insisten en negar la validez de la fuerza constituyente.

Así va el debate, mientras las manifestaciones siguen en la calle hoy con la conmemoración del asesinato de Camilo Catrillanca a manos de efectivos del Comando Jungla, cuerpo militarizado para reprimir el proceso de autonomía del pueblo mapuche en territorio walmapu.

Las demandas que están forzando el cambio de la Constitución se amparan en demandas que se oponen al neoliberalismo blindado jurídica y políticamente por la dictadura cívico militar en pacto con los gobiernos de la transición democrática en los que jugaron una función protagónica Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

Según las manifestaciones los contenidos constitucionales deben terminar con el lucro en cuestiones como la salud, la educación, la vivienda y las jubilaciones. Estos elementos permitirían configurar una existencia digna.

Hay otras demandas importantes que vienen siendo demandadas social y políticamente hace algún tiempo por distintas organizaciones, cómo lo es la declaración de un Estado Plurinacional que nos permita superar parte del Estado colonial. También como herencia colonial aparece la cuestión concerniente a una devastadora economía extractivista, en torno a esto el reclamo consiste en asegurar la protección de los recursos naturales, asegurando su nacionalización y promoviendo su protección. En esta línea hay constituciones vecinas, cómo la de Bolivia, que podrían servir de modelo.

Sin pretender aquí entregar una demanda de los contenidos constitucionales, menciono algunas cuestiones que me parecen un tanto ausente del debate. Es necesario establecer políticas en torno a la soberanía alimentaria para así asegurar cuestiones que van desde la protección de las semillas por razones económicas y sanitarias, hasta el aseguramiento de la alimentación infantil. Una ley de los medios de comunicación para que cumplan con la función de entregar información verídica y no propaganda a favor de los poderes económicos, pero también una regulación en torno al tipo de producto cultural que entregan, en esto fue ejemplar el debate en tiempos anteriores del kichnerismo argentino.

Finalmente el establecimiento de nuevos criterios para las postulaciones a cargos políticos que van desde la presidencia hasta los municipios, junto con democratizar los cargos de intendente y gobernador que también deberían ser elegidos por voto, recuperando el voto obligatorio.

Hay algunos contextos preocupantes que tienen que ver con la idea de un plebiscito popular para la consulta sobre la Asamblea Constituyente. Parece bien intencionada la propuesta realizada por los municipios que se adelantó al Gobierno y al Congreso convocando para el 7 de diciembre a las urnas. La Fuerza Constituyente tendrá que organizarse responsablemente, ya que no podemos desconocer que las municipalidad están llenas de operadores políticos que también son causa de la crisis al ser parte de una estructura política corrupta. En estos mismos contextos peligrosos para la democracia aparecen dos realidades que aparecen con fuerza en el último tiempo, me refiero a la presencia y participación de fuerzas orgánicas fundamentalistas cercanas a ideas conservadoras: los militantes de ultraderecha cercanos a la visión del integrismo católico que se volcaron a una participación ideológica en el simulacro de Nueva Constitución en el Gobierno pasado, y la participación proselitista de algunos sectores evangélicos (cuestionados éticamente) que ya tienen acuerdos con la derecha y que participaron a favor de la elección de Piñera siguiendo una estrategia política más internacionalista.

El reclamo por los derechos, que estamos ejerciendo en las protestas en las calles día a día como los debates en los distintos cabildos y encuentros vecinales, nos exigirá también deberes cívicos que hemos dejado de lado. La responsabilidad y la honestidad son valores básicos para afrontar este proceso de transformación política que es un hito histórico genuino y novedoso. Asistimos hoy al ejercicio de nuestra soberanía exigiendo una democracia directa.

Alex Ibarra Peña.
Dr Estudios Americanos.

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