A dos días de la segunda vuelta, podemos sacar algunas conclusiones sin temor a equivocarnos. La primera es que, más allá de los resultados, queda en evidencia que el apoyo al discurso populista de la ultra derecha, ha calado hondo entre nuestro pueblo, cimentando el camino para el fortalecimiento de sus ideas extremas.
Lo segundo es que la principal ganancia en este proceso, fue poner de candidata, no solo a una militante del Partido Comunista, sino, por sobre todo, a una persona de extracción popular, contrario a lo que estábamos acostumbrados a ver. Esto viene a romper dos moldes, no menores.
Por último, tener en cuenta que los votos de Jara, por su lado, no son reflejo ni de la militancia ni del trabajo político de bases de la izquierda o del centro, ni lo son, tampoco, los de Kast.
Si de algo podemos estar de acuerdo izquierda y derecha, es que el voto, hoy por hoy, es mayoritariamente volátil, para ejemplo un botón: el plebiscito de entrada y salida de la constituyente.
Es que, mirar la política como los acuerdos tras bambalinas o de los grandes salones con copas de cristal y mantel largo, es reducirla y empobrecerla al punto de desconectar las decisiones de la élite, con las necesidades de la gente.
Así lo demuestran los estudios, que sitúan la necesidad de sentirse seguros a causa de la delincuencia, por sobre la estabilidad laboral, o de ser retribuidos justa y dignamente por el trabajo realizado, por ejemplo.
Es que hoy la política se hace muñequeando las conciencias, mediante la manipulación de masas a través de los medios de comunicación, no fomentando la deliberación pública, y la participación directa o indirecta del pueblo en la toma de decisiones.
He ahí la perversión de tener, con honradas excepciones como este periódico, a todos los medios de comunicación del mismo lado, serviles a los intereses de los grandes capitales y a las ideas políticas de derecha "de moda", machacando todos los días, minuto a minuto con noticias de crímenes, asaltos y portonazos, o noticias de casos de corrupción y el resto del tiempo realitys y farándula, generando una profunda sensación de ingobernabilidad y miedo, ergo, Boric y la izquierda son unos incompetentes, y alimentan un fuerte deseo y convicción, de que con el sólo mérito se puede trepar en la escala social, para luego escuchar decir lo mismo a Kast y claro, lo aplauden a rabiar.
Hitler no llegó al poder por tener grandes ideas, sino por decir las cosas que el pueblo alemán quería escuchar en ese momento de la historia: un pueblo castigado por la derrota de la primera guerra mundial, y humillado por el tratado de Versalles. Caldo de cultivo perfecto para el surgimiento del nacionalismo.
Kast, como nacionalista, empapela el telón de fondo de sus discursos con banderas chilenas, pero el resto de su estética se asemeja más a una campaña del partido republicano estadounidense, vidrios "blindados" incluidos.
Es que asemejarse a la potencia imperialista exacerba un sentimiento aún más primitivo que el nacionalismo, entre un importante grupo de chilenos: el arribismo, otro de los hijos predilectos de la manipulación mediática y la herencia pinochetista.
Pero no le echemos toda la culpa a los medios de comunicación, hoy por hoy tienen, quizás hasta más relevancia, las redes sociales, que todos sabemos están dirigidas, disque por un "algoritmo". Es que resulta más fácil impersonalizar la responsabilidad de la manipulación, nadie se quiere presentar ante la opinión pública, como el malévolo personaje que tiene el poder de hacerte pensar a, b ó c, o de como influir en tus decisiones de compra, sea de un producto o de un discurso.
Pero también hay responsabilidad directa en gran parte de la izquierda misma, que de cierta manera ha abandonado el trabajo de bases y ha adoptado un discurso cada vez más semejante al de la derecha y más lejos de los ideales clásicos de la izquierda.
En las montañas, las rocas se erosionan con el agua hasta transformarse en arena. La rigidez tiene fisuras dónde la flexibilidad del agua penetra y horada. El papel de la izquierda, sobre todo en este contexto de petrificación del panorama político, es ser como el agua, que refresca y trae vida, pero también erosiona desde las bases mismas de este sistema inhumano e injusto, con paciencia y constancia, levantando la voz cada vez que sea necesario.
Si la izquierda adopta un papel más semejante al agua que a la piedra, tarde o temprano vencerá, siendo flexibles pero constantes, teniendo claros sus ideales y objetivos. Quizás no este domingo, no para ocupar el sillón presidencial por cuatro años, sino para transformar las bases del actual modelo político y económico. No importa quien gane o quien pierda esta vez, sino en el mediano plazo. Esta, es una oportunidad histórica para fortalecer a la izquierda, y hacer frente al fascismo, el que ya se ha infiltrado en nuestras poblaciones. Con organización, conciencia, trabajo y lucha, la izquierda debe prepararse para vencer.
